viernes, 18 de octubre de 2013

Michel Foucault: el arqueólogo de la cultura occidental

15 de octubre de 1926 - Francia















"La Ilustración que descubrió las libertades 
también inventó las disciplinas"

“Por todos los niveles de la sociedad moderna existe un tipo de 'prisión continua', desde las cárceles de máxima seguridad, trabajadores sociales, la policía, los maestros, hasta nuestro trabajo diario y vida cotidiana. Todo está conectado mediante la vigilancia (deliberada o no) de unos seres humanos por otros, en busca de la 'normalización'.








Usted es peligroso (entrevista a Michel Foucault)


Traducción del francés: Lic. Mariano Talanchuk
«Vous êtes dangereux», Libération, n° 639, 10 juin 1983, p. 20. Republié dans Michel Foucault, Dits et écrits. 1954-1988. Tome IV: 1980-1988, Paris, Éditions Gallimard, p. 522-524.


Encarcelado por el robo de ochocientos francos, cosa que negó, Roger Knobelspiess fue beneficiado por la libertad condicional. Arrestado nuevamente por robo, fue encerrado en una cárcel de máxima seguridad, desde donde inicia la denuncia. Su lucha le trae la popularidad entre periodistas, intelectuales y artistas. Un comité, del cual M. Foucault no fue parte, se constituye para que el proceso sea revisado, y le solicita a M. Foucault realizar el prefacio de su libro Q.H.S.: Cárcel de alta seguridad (Paris, Stock, 1980). Cuando la izquierda llega al poder, Roger Knobelspiess es nuevamente juzgado y liberado. Arrestado nuevamente al poco tiempo por un atraco, aquel que había sido el símbolo de la falta de igualdad de la justicia se convierte ahora en la imagen de la laxitud de la izquierda y de la irresponsabilidad de los intelectuales. M. Foucault responde aquí a esta campaña.

Si hablamos de sorpresas, efectivamente he sido sorprendido. No por aquello que pasó, sino por las reacciones, y por la fisonomía que éstas le dieron al evento.

¿Qué es lo que ocurrió? Un hombre es condenado a quince años de prisión por un atraco. Nueve años después, el Tribunal Penal de Ruán declara que la condena de Knobelspiess es manifiestamente exagerada. Liberado, viene de ser culpado nuevamente por otros hechos. Y es así que toda la prensa grita por el error, por el engaño, por la intoxicación. ¿Pero contra quién grita? Contra aquellos que habiendo pedido una justicia más mesurada, contra aquellos que habían afirmado que no está en la naturaleza de la prisión el transformar a un condenado.
Veamos algunas cuestiones simples:

1) ¿Dónde está el error? Aquellos que intentaron plantear seriamente el problema de las prisiones lo dijeron después de algunos años: la prisión fue creada para castigar y corregir. ¿Castiga? Puede ser. ¿Corrige? Ciertamente que no. Ni reinserción ni formación, sino constitución y reforzamiento de un “ambiente delictivo”. Quien entra a prisión por el robo de unos miles de francos tiene más posibilidades de salir como un gangster que como un hombre honesto. El libro de Knobelspiess lo muestra bien: la prisión dentro de la prisión, las cárceles de alta seguridad en las que se corre el riesgo generar resentidos sociales con posturas radicales. Knobelspiess lo ha dicho, nosotros lo hemos dicho, y había que divulgarlo. Los hechos, tal como los podemos conocer, corren el riesgo de confirmarlos.

2) ¿Quién ha sido engañado? Evidentemente todos aquellos que quisieron creer que una buena temporada en la cárcel siempre puede ser útil para reencausar a un muchacho peligroso o evitar la reincidencia.
Igualmente aquellos que han querido creer que los quince años de prisión de Knobelspiess por un hecho poco claro podría ser un gran beneficio para él y para otros como él. La gente que ha sido engañada por aquellos que quieren una justicia tan escrupulosa como sea posible, como así también por aquellos que creen que los castigos, aunque sean poco examinados mejoraron la seguridad.

3) ¿Dónde está la intoxicación? Solyenitzyn tiene una frase maravillosa y dura: “Habría sido necesario, dijo, desconfiar de aquellos líderes políticos que tienen el hábito de enorgullecerse de sus prisiones”. Existe toda una literatura de pacotilla y un periodismo chato que practica a la vez al amor a los delincuentes junto al pánico extremo ante la delincuencia. El héroe truhán, el enemigo público, el rebelde indomable, los ángeles negros… Se publican con el nombre de grandes asesinos o de gángsters célebres estos libros reescritos –o más bien escritos- por los editores, que hacen las delicias de los medios de comunicación. Pero la realidad es bien otra: el mundo de la delincuencia y de la prisión es duro, mezquino, envilecedor. Esas heroizaciones ambiguas son peligrosas, pues una sociedad no necesita amar u odiar a sus criminales, sino saber lo más exactamente posible qué es lo que castiga, porqué castiga, cómo lo hace y con qué efectos. Ellas (las heroizaciones) también son peligrosas pues nada es más fácil de alimentar por estas exaltaciones problemáticas, que la sensación de inseguridad, donde las violencias se exasperan, tanto de un lado como del otro.

4) ¿Dónde está el coraje? Está en la seriedad que aporte el preguntar y repreguntar sin cesar sobre estos problemas, que se encuentran entre los más antiguos del mundo: la justicia y el castigo. Una justicia nunca debe olvidar cuán difícil es ser justo y fácil ser injusto, qué trabajo demanda descubrir un átomo de verdad y cuán peligroso es su abuso de poder. Esa fue la grandeza de sociedades cómo la nuestra: después de siglos, a través de discusiones, polémicas, también errores, ellas son interrogadas sobre la manera en que la justicia debe ser dicha, es decir practicada. La justicia –hablo aquí de la institución sirve eventualmente al despotismo si quienes la ejercen y aquellos que ella misma protege no tiene el coraje de problematizarla. El trabajo del actual Ministro de Justicia francés (Robert Badinter) por repensar el sistema penal mas ampliamente de lo que lo ha sido hasta ahora, es desde este punto de vista importante. En todo caso, los magistrados y jurados de Ruán han sido fieles a esa tradición desde que han manifestado como desmesurada la pena inflingida a Knobelspiess. Desmesurada e incorrecta para todo el mundo.

5) ¿Dónde están los peligros? Los peligros están en la delincuencia. Los peligros están en los abusos del poder. Y están también en la espiral que los une y realimenta. Se debe atacar todo aquello que pueda reforzar la delincuencia. Se debe atacar también todo aquello, que por la manera de castigar, podría reforzarla.
En cuanto a usted, para quien un crimen de hoy justificaría un castigo mañana, usted no sabe razonar. Más aún, usted es peligroso para nosotros y para usted mismo, si por lo menos, como nosotros, usted no quisiera encontrarse un día bajo el peso de una justicia adormecida en sus arbitrariedades. Usted es también un peligro histórico. Pues la Justicia debe siempre cuestionarse a sí misma, de la misma manera que una sociedad no puede vivir sino de la presión que ejerce sobre sí misma y sus instituciones.

MF
Texto original: http://foucault.info/documents/foucault.entretienDangereux.fr.html

De: http://www.pensamientopenal.org.ar


“En nombre de una racionalidad organizativa el cuerpo sufre en la sociedad moderna la inscripción disciplinaria”.

“El cuerpo está también directamente inmerso en un campo político; las relaciones de poder operan sobre él una presa inmediata; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de él unos signos"




jueves, 17 de octubre de 2013

C.3.3

Cárcel de Berkshire
16 de octubre de 1854- Dublín, Irlanda.


En ella permaneció cumpliendo condena a trabajos forzados durante dos años (1895-1897) el escritor Óscar Wilde.

A raíz de la relación amorosa que mantenía con Alfred Douglas, hijo de un miembro de la aristocracia, se vio envuelto en un siniestro plan que encubría el rechazo homofóbico de la sociedad de la época.

Durante el período de prisión, Wilde escribió "De Profundis" (una obra epistolar muy extensa dirigida a su pareja) y La Balada de la Cárcel de Reading, un poema que dedicó a un soldado que sería ajusticiado, en el que son claras las críticas a la institución carcelaria. 

Este poema fue firmado originalmente con un seudónimo -C.3.3.- que codificaba pabellón, piso y celda del escritor.

Al recobrar la libertad, el escritor cambió su nombre por el de Sebastian Melmoth y no logró rehacer su vida en ningún aspecto, a pesar de haber emigrado a París.




(...) “Pero más que nada me culpo de la total degradación ética en que permití que me sumieras. La base del carácter es la fuerza de voluntad, y lamía se plegó absolutamente a la tuya. Suena grotesco, pero no por ello es menos cierto. Aquellas escenas incesantes que parecían ser casi física-mente necesarias para ti, y en las que tu mente y tu cuerpo se deformaban y te convertías en algo tan terrible de mirar como de escuchar; esa manía espantosa que has heredado de tu padre, la manía de escribir cartas repugnantes y odiosas; esa absoluta falta de control sobre tus emociones que se manifestaba lo mismo en tus largos y rencorosos esta-dos de silencio reconcentrado como en los accesos súbitos de ira casi epiléptica; todas esas cosas, en alusión a las cuales una de las cartas que te escribí, dejada por ti en el Savoy o en otro hotel y por lo tanto presentada ante el Tribunal por el abogado de tu padre, contenía un ruego no exento de patetismo, si en aquel tiempo hubieras sido capaz de ver el patetismo en sus elementos o en su expresión, esas cosas, digo, fueron el origen y las causas de mi fatídica rendición a tus demandas cada día mayores. Me agotabas. Era el triunfo de la naturaleza pequeña sobre la grande. Era esa tiranía de los débiles sobre los fuertes que en no sé dónde de una de mis obras describo como «la única tiranía que dura».Y era inevitable. En toda relación de la vida con otros tiene uno que encontrar algún moyen de viere. En tu caso, había que ceder ante ti o dejarte. No cabía otra alternativa. Por cariño hacia ti, profundo aunque equivocado; por una gran compasión de tus defectos de modo de ser y temperamento; por mi proverbial buen carácter y mi pereza celta; por una aversión artística a las escenas groseras y las palabras feas; por esa incapacidad para el rencor de cualquier clase que en aquel tiempo me caracterizaba; por mi negativa a que me amargasen o afeasen la vida lo que para mí, con la vista realmente puesta en otras cosas, eran meras minucias que no valían más de un momento de pensamiento o interés; por esas razones, aunque parezcan tontas, yo cedía siempre. Y el resultado natural era que tus pretensiones, tus ansias de dominio, tus imposiciones fueran cada día más descomedidas. Tu motivo más ruin, tu apetito más bajo, tu pasión más vulgar, eran para ti leyes a las que había que amoldar siempre las vidas de los demás, y a las cuales, llegado el ca-so, había que sacrificarlas sin escrúpulo. Sabiendo que con una escena podías siempre salirte con la tuya, era lo más natural que recurrieras, no dudo que casi inconscientemente, a todos los excesos de la violencia ruin. Al final no sabías a qué meta corrías, ni con qué propósito. Habiendo entrado a saco en mi genio, mi voluntad y mi fortuna, quisiste, con la ceguera de una codicia sin fondo, mi existencia entera. La tomaste. En el momento supremo y trágicamente decisivo de toda mi vida, el que precedió al lamentable paso de iniciar mi acción absurda, de un lado estaba tu padre atacándome con tarjetas repugnantes dejadas en mi club, de otro lado estabas tú atacándome con cartas no menos detestables. La carta que recibí de ti en la mañana del día en que te dejé llevarme al juzgado de guardia para solicitar la ridícula orden de detención de tu padre fue una de las peores que nunca escribieras, y por la más vergonzosa razón. Entre vosotros dos perdí la cabeza. Mi juicio me abandonó. El terror ocupó su lugar. No vi escapatoria posible, lo digo francamente, de ninguno de los dos. Ciegamente avancé como un buey al matadero. Había cometido un error psicológico colosal. Siempre había pensado que el ceder ante ti en las cosas menudas no significaba nada: que cuando llegase un gran momento podría reafirmar mi fuerza de voluntad en su superioridad natural. No fue así. En el gran momento mi fuerza de voluntad me falló por completo. En la vida no hay verdaderamente cosa pequeña ni grande. Todas las cosas son del mismo valor y del mismo tamaño. Mi costumbre-al principio fruto, más que nada, de la indiferencia- de ceder a ti en todo había venido a ser insensiblemente una parte real de mi naturaleza. Sin yo saberlo, había estereotipado mi temperamento en un solo estado permanente y fatal. Por eso, en el sutil epílogo a la primera edición de sus ensayos, dice Patter que «El fracaso es formar hábitos». Cuando lo dijo, los obtusos de Oxford no vieron en la frase más que una inversión traviesa del texto un tanto manido de la Ética de Aristóteles, pero lleva escondida una verdad prodigiosa, terrible. Yo te había dejado minar la fuerza de mi carácter, y para mí la formación de un hábito había sido no ya Fracaso, sino Ruina. Éticamente habías sido todavía más destructivo para mí que en lo artístico. (...)


(...)  Tras mi terrible sentencia, cuando me vestí de presidiario y la puerta de la cárcel se cerró, me quedé así, entre las ruinas de mi vida maravillosa, aplastado por la angustia, desatinado por el terror, aturdido por el sufrimiento. Pero no quise odiarte. Todos los días me decía: «Hoy tengo que conservar el Amor en mi corazón, porque si no, ¿cómo soportaré el día?» (...)


(...) El sufrimiento es un único momento largo. No lo podemos dividir en estaciones. Sólo podemos registrar sus modos y anotar su retorno. Para nosotros el tiempo en sí no avanza. Gira. Parece dar vueltas en torno a un único centro de dolor. La inmovilidad paralizante de una vida regulada en cada una de sus circunstancias según un patrón invariable, de forma que comemos y bebemos, caminamos y nos acostamos y rezamos, o por lo menos nos arrodillamos en oración, conforme a las leyes inflexibles de una fórmula de hierro: esa inmovilidad, que hace que cada día terrible sea igual a los demás hasta en el menor detalle, parece comunicarse a aquellas fuerzas externas cuya esencia misma es el cambio incesante. De la época de la siembra o de la recolección, de los segadores que se doblan sobre la mies o los vendimiadores que serpean entre las viñas, de la hierba del huerto blanqueada de capullos rotos o salpicada de frutos caídos, no sabemos nada, ni podemos saber nada. Para nosotros sólo hay una estación, la estación del Dolor. Es como si hasta el sol y la luna nos hubieran quitado. Afuera el día podrá ser azul y oro, pero la luz que se filtra por el grueso vidrio del ventanuco enrejado que tenemos encima es gris y miserable. En la celda siempre es atardecer, como en el corazón es siempre media-noche. Y en la esfera del pensamiento, no menos que en la esfera del tiempo, ya no hay movimiento. Aquello que tú personalmente habrás olvidado hace mucho tiempo, o puedes olvidar con facilidad, a mí me está pasando ahora, y mañana me volverá a pasar. Acuérdate de esto, y podrás comprender un poco el porqué de que te escriba, y te escriba de esta manera. "(...)

De: DE PROFUNDIS
(A: lord Alfred Douglas)




Balada de la cárcel de Reading por el prisionero C.33 (Oscar Wilde)

In memoriam

Carlos T. Wooldridge, soldado que fue de la Guardia Real Montada, ajusticiado en la Cárcel de Su Majestad, en Reading (Berksire) el 7 de julio de 1896.


(fragmento)

III


En la prisión de Debtors Yard, las piedras
duras son, y es alto el chorreado muro;
allí tomaba el aire el prisionero
bajo el cielo de plomo, y un gendarme
a cada lado suyo caminaba
por el terror de que muriese el preso.

O también se sentaba con aquellos
que guardaban su angustia noche y día,
cuando para llorar se levantaba
o cuando se inclinaba para el rezo,
y que lo vigilaban hasta lo último
por temor de que él mismo se robase
su vil presa al patíbulo sangriento.

El jefe del penal era un estricto
cumplidor del severo Reglamento:
el doctor sostenía que la muerte
era un simple fenómeno científico,
y el capellán, dos veces en el día,
un folleto piadoso le dejaba
cuando iba a hacerle la habitual visita.

Y dos veces al día fumaba pipa
y se bebía su jarro de cerveza;
su alma era resuelta y no tenía
un lugar escondido para el miedo;
con frecuencia decía que se alegraba
porque el día de la horca se acercaba.

Pero por qué decía cosas tan raras
los guardas nunca osaron preguntarle,
porque aquel a quien dieron por destino
vigilar una cárcel de desgracia,
sellar debe sus labios con cerrojos
y transformar su rostro en una máscara,

pues también él podría ser ablandado
y dar confortativos y consuelos;
mas... la Humana Piedad, ¿qué hacer podría
mirando el antro de los asesinos?
¿Qué palabra de gracia allí podría
a un alma hermana procurar alivios?


 IV


Con crudo balanceo los presidiarios
alrededor del círculo ensayábamos
la Marcha de los Tontos. ¡Qué importaba!
¡Nosotros bien sabíamos que éramos
tan sólo la Brigada del Demonio!
¡Pies de plomo y cabezas afeitadas
hacen las más alegres mascaradas!

Deshilábamos las cuerdas embreadas
con uñas embotadas y sangrantes;
frotábamos las puertas y los suelos,
y las rejas de hierro las limpiábamos;
con fuerza, tabla a tabla, enjabonábamos
el piso, y con baldes lo golpeábamos.

Cosíamos los sacos, y quebrábamos
las piedras y las rocas, y volteábamos
el polvoso taladro, y golpeábamos
las latas, y gritábamos los himnos,
y sudábamos siempre en el molino;
pero en el corazón de cada hombre
yacía el Terror aún, como escondido!

El Terror se arrastraba cada día
cual ola henchida de marinas algas;
nos olvidamos del destino amargo
que al bandido y al loco les espera,
hasta que cierta vez, yendo al trabajo,
al pasar vimos una tumba abierta,

con bostezante boca de hondo hueco
como para tragarse a un ser viviente;
el mismo barro reclamaba sangre
al sitibundo círculo de asfalto;
y nosotros supimos que mucho antes
de despertar el alba sobre el mundo,
el compañero aquel sería colgado.

Y nosotros seguimos a las celdas
en el alma metidas ya la Muerte
y el Terror y el Destino. Y el verdugo,
con su pequeña bolsa, se iba abriendo
paso entre las tinieblas, renqueando...
Yo estaba tembloroso cual si fuese
camino hacia un sepulcro numerado.

Tal noche, los vacíos corredores
llenos de formas de Terror estaban;
de arriba a abajo, en la ciudad de hierro,
rondaban con pisadas taciturnas
para que no pudiéramos oírlas;
y entre las barras férreas que ocultan
la luz de las estrellas, caras blancas
entre ¡a oscuridad se percibían.

Era como quien duerme un dulce sueño
en una extensa y plácida llanura;
custodiábanlo a él mientras dormía
los celosos guardianes, pero éstos
no podían entender cómo él tenía
tan tranquilo dormir, con un verdugo
de su mano pegado noche y día.

Mas no hay sueño posible cuando lloran
los ¡hombres que jamás habían llorado;
así, todos nosotros, los insanos,
y los bandidos y los fraudulentos,
velamos esa noche interminable;
y con manos de pena se arrastraba
el ajeno Terror en los cerebros.

Qué cosa tan horrenda es sentir uno
las culpabilidades de los otros!,
porque la espada del delito, recta,
penetra hasta su puño envenenado;
¡y eran como de plomo derretido
las lágrimas ardientes que lloramos
por una sangre que jamás vertimos!

Con zapatos de fieltro, los guardianes
marchaban a atisbar por las rehendijas
de las puertas cerradas con candado,
grises figuras que les daban miedo
trazadas en los pisos, y los guardias
pensaban en por qué se arrodillaban
a rezar los que nunca habían rezado.

Hincados de rodillas nos pasamos
toda la noche recitando preces;
¡Locos de luto conduciendo a un muerto!
Las plumas agitadas y revueltas
de mitad de la noche, parecían
los penachos fatídicos de un féretro;
y como vino amargo en una esponja
el sabor era del Remordimiento.


 V


Yo no sé si las leyes serán rectas,
yo no sé si serán equivocadas;
todo lo que yo sé, es que para quienes
yacen entre presidios inhumanos,
el muro es fuerte, y cada día, es como
un año cuyos días fuesen muy largos.

Pero lo que sí se yo es que toda Ley
que los hombres han hecho para el hombre
desde que el primer hombre de la tierra
arrebató la vida de su hermano
y tuvo su principio el triste mundo,
desecha el trigo, lo convierte en paja,
o lo cierne en el peor de los cedazos.

Y demasiado sé también yo esto:
-¡ay, ojalá que lo supiesen todos!-
que cada cárcel que construye el hombre
hecha está con ladrillos de vergüenza
y cegada por duros enrejados,
para que el mismo Cristo ver no pueda
cómo el hombre mutila a sus hermanos.

Con barras manchan la graciosa luna
y ciegan del buen sol los resplandores,
y su Infierno hacen bien en ocultar,
puesto que en la prisión cosas son hechas
que ni el Hijo de Dios ni el de los Hombres
no las debieran contemplar jamás.


Las acciones más viles, cual malezas
en la prisión envenenadas crecen;
pues en la cárcel se marchita y gasta
todo lo que en los hombres hay de bueno.
Y la Pálida Angustia es centinela
y guardián es también el Desespero.

Y aun al pequeño y temeroso niño
ellos lo matan con torturas de hambre
hasta que el niño llore noche y día;
y castigan al débil y al idiota
y algunos presidiarios se enloquecen
y se mofan del viejo encanecido,
y al fin todos los hombres se pervierten,
y un vocablo decir no es permitido.

Y cada estrecha celda que moramos,
es asquerosa y lóbrega letrina,
y ahoga la enrejada claraboya
el vaho hediondo de la Muerte Viva;
todo, con excepción de la Lujuria,
en polvo se convierte sin piedad
en la máquina de la Humanidad.

Y las aguas salobres que bebemos
arrastran un pantano repugnante,
y el pan amargo que en balanza pesan
está lleno de tiza y de cal blanca,
y el Sueño, sin bajar hasta nosotros,
al Tiempo grita, y con furor camina
mostrando siempre sus salvajes ojos.

Mas aunque el Hambre flaca y la Sed verde
luchen cual riña de serpiente y áspid,
ya poco nos importan las raciones,
pues lo que hiela y mata de continuo
con toda libertad, es que la piedra
que cada cual en su labor levanta
en el curso del día, se convierte,
¡ay! en el corazón de cada uno
durante nuestras noches de infortunio.

Siempre en el corazón es media noche
y crepúsculo triste en nuestras celdas;
volteábamos nosotros el manubrio
o también deshilábamos las cuerdas
y cada cual entre su propio Infierno!
¡Siempre en el corazón es media noche!
pero el Silencio es mucho más terrible
que el repicar de un esquilón de bronce!

Jamás humana voz se nos acerca
una gentil palabra a balbucirnos;
el ojo que en la puerta está mirando
nunca tiene piedad y es siempre duro;
nos podrimos, de todos olvidados,
con el alma y el cuerpo maniatados.

Y nosotros así, enmohecemos
la cadena de hierro de la vida
solos y depravados; hombres hay
que lanzan maldiciones y hay algunos
que lloran y otros hay que no se quejan,
pues las leyes de Dios son muy amables
y rompen siempre el corazón de piedra.

* * *

El corazón humano que se rompe
en celda de prisiones o en el patio,
es como el recipiente quebrantado
que lleva su tesoro a Jesucristo,
y unge la sucia casa del leproso
con su nardo más fino y delicado.

¡Ah ! Bienaventurados sean aquellos
cuyos sensibles corazones pueden
quebrantarse y ganar paz y perdones;
¿pues de qué otra manera podría el hombre
seguir sus rectos planes y limpiarse
el alma de pecado y padecer?
¿Si no de esta manera, de qué modo
puede Cristo Señor entrar en él ?

De: aMediaVoz.com



martes, 15 de octubre de 2013

menos cosméticos + menos helados = Educación para todos/as los/as niños/as del mundo

Pupitres en el desierto


Sesenta millones de docentes celebran el 5 de octubre el día mundial del docente. Hadiya, una joven maestra y refugiada saharaui pone rostro a la profesión entre el rigor de la arena y el viento sahariano.



En una de las aulas de la escuela “27 de febrero” los alumnos siguen con interés el taller de plástica. Durante el tiempo que dura la clase, Hadiya Mohamed Salem, su maestra, no se cansa de repetir a los críos que existen otros colores además del azul y los ocres que a diario les quitan las vistas en esta tierra extraña en la que respiran. Para ello, Hadiya se hace acompañar de unas hojas pintadas con todas las tonalidades del arco iris y la esperanza de que los más pequeños sigan depositando su confianza en la figura del docente.

Hadiya acaba de cumplir 23 años, su nombre significa “delicadeza” y es una hija más del desierto. Forma parte de la primera generación de saharauis nacida en el exilio. Tiene unos ojos negros como el azabache y unas pestañas para dar sombra a todo un vergel. La “melhfa de color turquesa que la envuelve no hace más que acentuar su belleza. Hasta poco antes de recoger su billete para el internado de Argel, dudaba entre la enfermería o la enseñanza. Dice haber elegido de manera correcta. Su pasión por los niños es evidente; más que atenderles, les protege en todo momento y se pasa las horas escuchándoles. Es consciente de que los padres han depositado en ella toda la confianza del mundo para que eduque una nueva generación. A pesar de las carencias, todo son luces en su profesión; las sombras sólo aparecen en el paisaje que le rodea. Un paisaje roto y sin esquinas, abrasado por las temperaturas y dejado de la mano de Alá. Arena y más arena. Caminos de quita y pon. Rostros esculpidos por el tiempo. La región argelina de Tinduf sigue siendo una especie de tienda de campaña grande, un trozo de mapa prestado tan solo para sobrevivir y que da cabida a cerca de 200 mil refugiados. Aquí nadie es joven durante mucho tiempo y el olor a decepción acaba estrangulando.


La educación, lo primero

Hadiya deja la escuela a las 5 de la tarde y en la vuelta a casa le acompañan unos cuantos escolares que acaban por entorpecerle el paso. Vive en una avenida abierta al polvo, donde el viento se ensaña y golpea con fuerza. Aprovechando la visita de unos conocidos, Hadiya se dispone a preparar un té sobre unas brasas de carbón ya encendidas. Es el ritual más hospitalario de todo hogar saharaui y los utensilios que maneja el único ajuar de la casa. El preciado líquido pasa de un recipiente a otro tantas veces como haga falta; el tiempo necesario para acompañar la conversación. Y son las conversaciones lo único de que disponen los jóvenes para combatir el aburrimiento, cuando no sestean delante de algún que otro destartalado televisor al ritmo de viejas telenovelas mexicanas dobladas al árabe. Todos los comensales coinciden en asegurar que la educación es hoy la piedra angular de la sociedad saharaui. La enseñanza es obligatoria y gratuita y el 100 % de los niños y niñas está escolarizado. Unas 45 mil criaturas en edad escolar se reparten por los distintos campos del desierto argelino de Tinduf,
“Nuestra practica educativa se fundamenta en los principios de autogestión, colectivismo, responsabilidad y disciplina. Y es en la escuela donde se han conseguido los mayores logros de igualdad niño- niña”, asegura Hadiya, que forma parte de un 97% de profesorado femenino. En los cuatro campamentos existen un total de 25 guarderías y 27 escuelas, además de los 3 internados de secundaria. Las mejores calificaciones académicas suponen el acceso a la enseñanza universitaria que se imparte en el extranjero, principalmente en Argelia, Cuba, Libia o España, en base a convenios culturales suscritos por la República Árabe Democrática Saharaui y a las becas concedidas. La política de estudios está supeditada a las necesidades prioritarias. Médicos, enfermeras, maestros, agrónomos y técnicos de todo tipo van regresando a los campamentos saharauis para ejercer sus actividades en beneficio de la colectividad de su pueblo.

Hasta su llegada al internado de Argel, Hadiya siempre había hecho los deberes sobre la arena, sus ropas se ceñían a los “préstamos” de la comunidad internacional y alternaba los zapatos con sus hermanas. Los juguetes siempre fueron los mismos y los juegos, también. Como el resto de las niñas saltaba a la comba, se pintaba las uñas y se recogían el pelo unas a otras para hacerse un par de coletas. El resto era y es pura imaginación.

Nacida bajo techo extraño, Hadiya echa de menos una tierra que sólo ha visto en las bibliotecas. En una esquina del salón, donde se acaba la alfombra, la familia tiene sus maletas preparadas para el regreso. Pero el castigo se alarga tanto que la arena y el polvo forman parte del equipaje. Aunque la joven prefiere hablar en presente, no quiere dejar escapar el tiempo con falsas esperanzas. La media noche se echa encima sin amenazas, pero hay té suficiente por si las conversaciones se estiran demasiado. Y se estiran. Hadiya sigue hablando. Esta vez lo hace en hasania, su lengua nativa, para después preguntar en francés y responder en castellano. A medida que avanza la tertulia reconoce no tener ningún pretendiente en firme. Insiste en que cuando éstos lleguen elegirá para casarse por amor. “Jamás aceptaría un matrimonio impuesto” avisa, mientras clava el par de cejas perfiladas entre sus incondicionales. En cuanto al número de hijos, quiere tener dos, aunque respetará la opinión de su futuro marido. Ella es la segunda de siete hermanos y la mayor es por ahora su mejor confidente.
Donde no habrá concesiones será en el magisterio. Y a Hadiya, firmeza no le falta. Ver crecer a los críos sentados en los bancos de las escuelas es su mayor satisfacción. Tiene un compromiso con los más pequeños en este mar de arena y piedra en el que los caminos desaparecen de un día para otro con el viento y donde ella se sigue levantando con la primera luz del día para preparar sus clases. “Enseñar a un niño a leer y escribir es la labor más maravillosa y gratificante que he podido experimentar”, asegura esta hija de las nubes bajo la mirada atenta de un padre más que orgulloso de su profesión.

Docentes, una profesión de luces y sombras

El derecho a recibir una educación y el derecho a enseñar no son negociables. Todos los niños necesitan un maestro o una maestra. Aún así, queda demasiada geografía en el planeta donde la enseñanza sigue siendo un bien escaso. Millones de docentes en todo el mundo siguen trabajando con salarios paupérrimos y en condiciones deplorables para educar a las siguientes generaciones. Si los docentes de Zambia cobraban en 2006 el mismo salario que el que recibían en 1975, maestras de Malawi dan clase a más de 100 niños a la vez por un salario que no llega a los 30 euros mensuales. Y si en Haití hay un pupitre por cada tres escolares y no existen los servicios básicos de higiene en las escuelas, en Etiopía y Bangla Desh los niños estudian y duermen por turnos por falta de aulas y profesorado.
En China los docentes no pueden afiliarse y se sigue deteniendo a los activistas laborales, en Angola muchos maestros no cobran sus salarios, de ahí que en ocasiones exijan pagos no oficiales a los alumnos, como en Mozambique, que se dejen sobornar por los padres a la hora de ofertar las matrículas. Referente al coste de uniformes y material escolar, éstos dejan a la educación fuera del alcance de muchas criaturas, lo que hace que buena parte del profesorado se procure un segundo empleo para llegar a fin de mes. Y si aún quedan lugares donde el castigo corporal es aceptado como una forma de disciplina en las escuelas, también hay lugares, como Níger, donde ya no quedan libros, pupitres ni bancos.
’Son los docentes por encima de cualquier otro colectivo, quienes determinan las actitudes y quienes conforman las ideas y aspiraciones de una nación’, subrayó el político africano Julius Nyerere. Aún así, hay países donde toda la enseñanza pública ha pasado a manos privadas, el gasto en defensa es 10 veces superior al de las inversiones en educación y a los profesionales de la enseñanza se les sigue sin reconocer su labor.
Según las cifras que maneja la Internacional de la Educación, “se necesitarían entre 15 y 30 millones de maestros más, aparte de unos sueldos decentes”, para una profesión que contribuye más que nadie al crecimiento intelectual de nuestros hijos. “No se puede seguir universalizando la enseñanza primaria a costa de los salarios y la calidad de la propia educación”. Realmente los maestros y maestras son la clave de cualquier sistema educativo; las escuelas, los libros y las aulas carecen de utilidad sin su presencia. De ahí la campaña del día mundial, “Nosotros, los docentes del mundo entero”, un día de reconocimiento a su labor y de presión a los gobiernos para obtener unas condiciones de trabajo que representen mejores condiciones de aprendizaje para los escolares”.

Según la UNESCO, con sólo destinar 7 millones de dólares cada año, fondos inferiores a los que se gastan anualmente los estadounidenses en cosméticos y los europeos en helados, el sueño de una educación para todos y todas las niñas se convertiría en una realidad.


ALGUNAS CIFRAS


En India la educación no es obligatoria, gratuita ni universal. El 17% de la educación primaria es privada Hay 3.038.204 maestros en este nivel (44% mujeres). El NAD es de 41 : 1.

En China se garantiza a los niños 9 años de educación obligatoria. Hay 5.747.325 maestros de primaria (53% mujeres). El (NAD) es de 21 : 1

En Afganistán la educación es obligatoria y gratuita entre los 7 y los 15 años. Actualmente la educación está financiada sobre todo por agencias u organismos cooperantes. Hay 67.983 docentes de primaria (22% mujeres). El número de alumnos por docente (NAD) es de 65 : 1.

En Siria la educación es obligatoria para los niños de 6 a 12 años y es gratuita hasta la universidad. Hay 124.665 maestros de primaria (62% mujeres). El NAD es de 18 : 1

En Nepal la educación no es obligatoria, pero se ofrece entre los 5 y los 10 años. Hay 101.483 maestros de primaria (30% mujeres), y sólo el 31% han recibido la formación adecuada. El NAD es de 40 : 1

En países como España y Alemania la educación es gratuita hasta la universidad y obligatoria hasta los 16 años. En nuestro país 179.324 docentes atienden la primaria (70% mujeres) mientras en el país teutón lo hacen 235.179 (83% mujeres). Ambos tienen un (NAD) de 14:1

En Bolivia son 5 los años de educación primaria universal y gratuita. En las escuelas primarias trabajan 64.603 docentes (61% mujeres). El (NAD) es de 24 : 1

La educación pública en los Estados Unidos es una empresa conjunta entre los gobiernos locales, estatales y federales . La educación es obligatoria entre los 6 y los 17 años Los padres pueden elegir enviar a sus hijos/as a escuelas públicas, privadas o recibir la educación en casa. 1.677.417 docentes (88% mujeres) trabajan en primaria. El NAD es de 15 : 1.

En Nicaragua la educación primaria es gratuita, universal y obligatoria hasta los 12 años. En primaria, el 15% de la educación es privada. Trabajan en este nivel 26.899 docentes (79% mujeres), de los cuales el 75% ha recibido una formación adecuada. El NAD es de 35: 1

En 2006 Brasil pagaba sus deudas al FMI para poder tener un futuro “construido sobre una firme inversión en la educación”. Hoy, el 25% de los presupuestos estatales y municipales deben asignarse a la educación. La escolarización es gratuita y obligatoria entre los 7 y los 14 años. En primaria, 805.410 docentes (90% mujeres) trabajan en este nivel. El NAD es de 24 : 1

En Malí la educación es gratuita y obligatoria hasta los 12 años. En primaria el 35% de la educación es privada. 26.737 docentes (28% mujeres) trabajan en este nivel. El NAD es de 52: 1

En Mozambique la educación es gratuita y obligatoria entre los 6 y los 12 años. 54.721 docentes (30% mujeres) trabajan en primaria. El (NAD) es de 65: 1.

En Etiopía la educación es gratuita y obligatoria hasta el sexto Nivel. 110.945 docentes (45% mujeres) trabajan en primaria. El NAD es de 72 : 1

En Nigeria la ley obliga al gobierno a proporcionar una educación gratuita “cuando resulte viable”. 579.802 docentes (51% mujeres) trabajan en primaria, y sólo el 51% han recibido una formación adecuada. El (NAD) es de 36: 1

En Sierra Leona la educación es pública y obligatoria entre los 6 y los 12 años, pero no gratuita. 17.327 docentes (30% mujeres) trabajan en el nivel de primaria. El (NAD) es de 67: 1


NAD número de alumnos por docente


Texto y fotos: Javier Rodríguez Gómez

De: Red Social UIMP 2.0
Red Social de Conocimiento

Universidad Internacional Menéndez Pelayo


sábado, 12 de octubre de 2013

Todos/as somos portadores/as de estas semillas- 2-



“El saber de la violencia y la violencia del saber”


En las jornadas y congresos profesionales suele hablarse de la violencia de los otros: de los hombres, de los estudiantes, de los adolescentes, nunca de nuestra violencia como profesionales, de la violencia que nosotros ejercemos. Considero que en la actualidad se hace imprescindible subsanar este “olvido”, inaugurar un ámbito de reflexión, de intercambio, y de producción de sentido en relación con la violencia del saber, los modos en que éste se efectúa y cómo prevenirnos de nosotros mismos. Para hacerlo voy a abordar sólo cuatro cuestiones que considero fundamentales:

1) La violencia del absoluto
Esta violencia se relaciona directamente con los modelos esencialistas que suponen que la violencia es algo absolutamente y totalmente definido.  Ya se considere desde un esencialismo psíquico, biológico, o social, siempre se trata a la violencia como un “objeto” (no en vano se utiliza un sustantivo) y se la piensa como propiedad o característica de un “sujeto de la violencia” que puede ser un hombre, una especie, un grupo. Además, es muy común encontrar que los que profesan un esencialismo psicológico creen que los únicos esencialistas son los biólogos; a su vez, los sociólogos acusan de esencialismo a los psicólogos. Y así, de acusación en acusación. Podría ser gracioso, si no fuera que es tan peligroso para la convivencia. De hecho, cuando el tono es de acusación, es muy probable que estemos tratando con creencias esencialistas. Podemos utilizar este rasgo como un detector  de “violencias encubiertas y al acecho”.

2) La violencia de las generalizaciones
Esta es una violencia estructural de aquellos que ven el mundo a la luz de un solo marco  teórico, ideológico o religioso, al que confunden con el mundo. Las generalizaciones como “los hombres siempre son más violentos que las mujeres”, “las personas de tal clase, grupo, raza son naturalmente violentas”, tan extendidas en muchos discursos nos presentan un  mundo sin relieve, en blanco y negro. Este tipo de actitud generalizadora presenta aristas más peligrosas aún cuando  concebimos categorías rígidas, absolutamente excluyentes, sin matices, sin estructura interna, sin diversidad. Es muy común, encontrar textos cuyo título informa que se tratará el tema de la “violencia doméstica” y ya en la segunda hoja, se han deslizado -para nunca más volver- de la temática inicial a la de la “violencia contra la mujer”, como si ésta fuera la única forma de violencia que se ejerce en los hogares.  



3) La violencia del “a priori”: 
Esta es una de las formas más extendidas de la violencia de los profesionales que “combaten” la violencia. Es la que está implícita en cualquier sabelotodo que, amparado en una teoría, modelo, o dispositivo encuentra únicamente lo que ya previamente ha puesto como condición. Desde esta mirada sólo son visibles las entidades y procesos que la teoría ha descrito, sólo puede preguntarse aquello que está predefinido en la grilla de intervención. Esta posición, o mejor aún, esta estética-ética relacional, es responsable de la incapacidad de ligarse con la situación particular en la que se está trabajando y con la singularidad de cada contexto. Desde los “a-priori” (que no sólo significa antes sino también independientemente de la experiencia)  hacen que cada encuentro con el mundo sea un caso particular de lo que uno ya sabía, otro ejemplo de la teoría, y no una posibilidad nueva para pensar y construir sentido específico que legitime una situación única.

La última, y no por eso menos importante:





4) La violencia dicotómica
La violencia dicotómica, que consiste en dividir al mundo en dos polos opuestos y antagónicos (bien-mal, violento-pacífico, cuerpo-mente, sujeto-objeto), es el modo estructural de la violencia teórica en toda la modernidad y en todas las disciplinas. En este contexto quiero tomar solamente ejemplos que competen a los temas más comunes cuando se habla de violencia: uno es la dicotomía entre violencia física y violencia simbólica, y la otra es la polaridad infierno-paraíso. Consideremos ahora la dicotomía entre la violencia física y la violencia simbólica. Tal vez por “formación” profesional, no puedo dejar de pensar que lo que llamamos simbólico no es un conjunto de abstracciones que descienden mágicamente en nuestro cerebro. Los largos años que pasé en la facultad de bioquímica me enseñaron que el cuerpo no procesa “palabras” o “imágenes” sino intercambios de materia y energía. Las palabras que escuchamos son el resultado de un movimiento vibratorio que es transformado a impulso nervioso y que establece diferencias neuronales específicas que son luego traducidas a palabras con sentido. Un bioquímico que no está metido dentro de un tubo de ensayo, sabe que todo lo que es simbólico va a entrar al cuerpo a través de procesos materiales y energéticos: va a producir el aumento de alguna hormona, una disminución de inmunoglobulinas, un “disparo neuronal”, una contracción muscular. No hay ningún fenómeno simbólico que no tenga un correlato fisiológico.

Por otra parte, mi trabajo como epistemóloga y mi relación con la problemática de las redes sociales, ha permitido que me percatara que cuando se habla de la violencia física es importantísimo tener en cuenta que el daño producido no es directamente proporcional al impacto material o energético del golpe en sí. Es imprescindible tener en cuenta el “daño moral” que el golpe físico produce, el efecto emocional, afectivo, simbólico de toda situación vivida. Si no hay humillación, iniquidad, ofensa, insulto o  ultraje, no lo llamamos violencia.
Si somos capaces de ir más allá de las teorías,  modos de pensamiento y actitudes heredadas del dualismo moderno, si hacemos el esfuerzo de pensar de forma no dicotómica, nos damos cuenta que en toda y cualquier circunstancia estos dos modos de violencia -que no son opuestos, que están siempre correlacionados-, se dan conjuntamente. Es más, no resulta difícil encontrar que  no siempre la violencia física es corporalmente más intensa que la violencia simbólica. A veces un insulto, un grito, una mirada desdeñosa, un gesto deja una marca para toda la vida. Y no me refiero sólo a una huella psicológica. Me refiero a un rastro corporal: un infarto, un espasmo, un desequilibrio iónico, etc. El efecto físico de la violencia simbólica puede ser devastador, llegando hasta el extremo de matar.

En la película “La última ola”, dirigida por de Peter Weir,  se puede ver “una muerte ritual”, o tal vez debamos decir “virtual: un brujo le muestra un hueso -o lo que nosotros al menos concebimos como tal- a otro aborigen provocándole una muerte instantánea. Todo ocurre a distancia, sin contacto “físico” -o lo que nosotros solemos llamar contacto físico-. También entre nosotros ocurren cosas semejantes aunque de modos muy distintos y con diferentes efectos, no se trata de un ejemplo exótico. En nuestra cultura es algo comúnmente aceptado el hecho de que es posible llevar una persona al suicidio, o a la locura, o producirle un inmenso daño corporal presionándola con palabras, imágenes u otros medios simbólicos. La violencia simbólica tiene siempre un correlato físico, que no es lineal pero no por ello es menos eficaz o abstracta.

Lo oposición extremista entre una situación infernal y otra paradisíaca es peor aún, si cabe, que la anterior, impidiéndonos pensar los fenómenos de una manera multidimensional, en su sutileza y complejidad. Desde esta posición se establece una emocionalidad y una práctica que inhibe todo trato con la diversidad de la vida y sobre todo con la problemática de la convivencialidad. Si salimos del estrecho marco de la problemática de la “prevención de la violencia” y ampliamos nuestra mirada, nuestra inteligencia y sensibilidad, podremos ver que lo que está en cuestión son “las formas de convivencia”, y no sólo entre humanos sino con la naturaleza a la que  pertenecemos. Pretender que existe alguna clase de situación que es completamente y absolutamente no violenta, ni agresiva, ni tensa, en cualquier campo vital no sólo resulta ingenuo sino más bien absurdo. Estos ideales absolutos constituyen lo que he denominado  “la trampa platónica”. En comparación con estos arquetipos perfectos todo es fallido, degradado, impuro, menoscabado. Cualquier situación real de la vida, comparada con ese ideal, será un pequeño infierno, porque ninguna podrá nunca aspirar a igualar el paraíso. Y, además, tenemos que estar contentos, porque tampoco se trata del verdadero infierno que estará siempre acechándonos.

Si partimos de una concepción infernal de la violencia y orientamos nuestras prácticas hacia situaciones pretendidamente idílicas nuestros éxitos serán escasos y además deslucidos. Estaremos siempre en falta pues nuestro objetivo es por definición inalcanzable. En cambio, si somos capaces de pensar la violencia de otro modo, sabiendo que ningún ideal es fértil ni real, tendremos la oportunidad de pensar la convivencialidad en las situaciones vitales en las que nos encontramos y no como desviaciones lamentables de una naturaleza torcida. Se inicia así una búsqueda sin término que exige en cada situación distinguir entre tensión productiva, agresión y violencia. Muchos autores han avanzado en ese camino, y disponemos de útiles herramientas para pensar…en tanto no las transformemos en fetiches para idolatrar, en modelos únicos portadores de verdades absolutas, y seamos capaces de utilizarlos como instrumentos para configurar pensamiento en cada encuentro.

Quisiera advertir que no se trata de una cuestión de palabras, hay quienes usan “violencia” para dar a entender lo mismo que otros hacen con “agresión”, esto depende de cada corriente, cada autor e incluso cada traductor. Es preciso, tener en cuenta aquí también la violencia que ejercemos cuando exigimos que todos hablen (y piensen) como nosotros.  Para entender qué se está diciendo en cada caso es preciso atender al contexto específico en relación al cual y desde el que se está pensando.


Los escenarios que yo quisiera compartir ahora con ustedes, son muy diferentes a las obras en “blanco y negro” que hemos comentado. Lo que hemos denominado como “el abordaje de la complejidad”, implica un modo diferente de pensar el conocimiento y las prácticas profesionales. Desde esta perspectiva, yo diría que la simplicidad es un modo de conocimiento centrado en lo ya sabido. Y que, desde lo ya sabido, obtura el pensar. Todo lo que ocurre tiene que ser mirado a través del filtro instituido previamente, sea lo que fuera. En los abordajes desde la complejidad, en cambio, el conocimiento o lo ya sabido es una condición para el pensar, pero no determina el producto del pensamiento. Es un punto de partida inevitable y valioso, imprescindible para pensar pero no suficiente, ni privilegiado, puesto que  “pensar es cambiar de ideas”.

En relación al  tema de la violencia hay un aspecto muy importante que quisiera destacar y es que en casi todos los modelos, programas, proyectos que tienen que ver con la “prevención de la violencia”, los profesionales suelen ubicarse como totalmente ajenos a las situaciones violentas. Se supone que el que está previniendo la violencia es alguna clase de sabio ecuánime (nuestra moderna versión del santo), que sabe perfectamente qué es la violencia -puesto que  él se va a ocupar de prevenirla-, y que puede diagnosticarla, evitarla y/o curarla.
Con Elina Dabas –presidenta de FUNDARED- trabajamos en un proyecto junto a un equipo de la Universidad Católica de Santiago de Chile que fue transformándose a lo largo del tiempo. En un principio el equipo chileno venía desarrollando un programa para la prevención de la violencia en las escuelas. A través de las conversaciones, cursos, seminarios y encuentros fuimos cambiando el eje de “la prevención de la violencia” hacia el de  “la promoción de la convivencia”, y hacia el final del proyecto estábamos ya trabajando la noción de “cogestión de la convivencia”. El trabajo culminó con la realización de un gran “Encuentro de Promoción de la Cultura del Buen Trato”. Nuestra actitud y modalidad de trabajo, así como el espíritu que compartimos con los participantes del encuentro estuvo sesgada por la idea de que cualquier intervención en relación a problemas  de violencia puede ser abordada con más dignidad y eficacia si  los profesionales reconocen y aceptan su implicación y son capaces de abandonar las categorías dicotómicas que llevan a intervenciones basadas en la culpa y el castigo, para construir modos de abordaje basados en la responsabilidad común en la convivencia. Para ello hay que asumir que parte de la violencia institucional que hoy vivimos incluye muchas veces la violencia de los “agentes de prevención”.

Llevar adelante una práctica implicada y responsable exige que seamos capaces de reconocer simultáneamente la paridad y la diversidad. Este es un gran desafío para todos los profesionales, especialmente los que tienen título universitario o que ejercen cargos directivos, pues están acostumbrados a “disfrutar” de una posición jerárquicamente superior. Esa asimetría, cuando se considera como un absoluto, es ya de por sí violencia estructural y, para colmo, invisibilizada. En toda institución piramidal la arquitectura –física y organizativa- resulta violenta. Hasta el lenguaje es violento en su gramática de exclusiones, algo que pasa desapercibido si sólo prestamos atención al tono o al carácter políticamente correcto del discurso.

La violencia no es algo que se pueda predicar del “ser” sino que es algo que se efectúa en el espacio relacional y nuestra existencia en los vínculos siempre se da desde la paridad en la pertenencia y simultáneamente la diferencia en la modalidad. Paridad no es horizontalidad ni tampoco simetría. Pertenecemos en paridad a la relación, nadie tiene un estatus privilegiado absoluto, total o eterno. Aún cuando se manifiesten importantes asimetrías actuales o locales, pues la paridad no significa igualdad. Cada persona habita el espacio relacional de modos diferente, pero en tanto lo habita tiene derecho a ser reconocido como un legítimo otro. Esta distinción es fundamental porque muchos de los que trabajan en las temáticas relacionadas con la violencia,  iniciaron un camino interesante al reconocer la paridad: los modelos sistémicos particularmente. Sin embargo, en la mayoría de los abordajes olvidaron –o quedó en un punto ciego- el aspecto asimétrico de toda relación. Otros, por el contrario, sólo son capaces de ver las diferencias pero nunca la paridad.  Las feministas, por ejemplo, suelen tener el buen gusto o el buen tino de denunciar las asimetrías, pero acostumbran “dejar de lado” la paridad. Desde un abordaje de la complejidad, que implica no sólo una concepción sino también una ética y una estética,  es posible afirmar al mismo tiempo la asimetría y la paridad, pues partimos de un enfoque multidimensional. De este modo evitamos caer en una concepción extremista que concibe a las personas como víctimas o victimarios absolutos. Nadie es esencialmente ni lo uno ni lo otro. Todos podemos ocupar en distintos momentos de nuestra vida una u otra posición en cada relación. No es nada extraño que un marido que acostumbra a ejercer violencia sobre su mujer y sus hijos resulte ser un subordinado sumiso, un amigo plácido y un hijo bondadoso. Más aún, en otros momentos puede también ser un marido apacible, un amigo furioso o un hijo brutal. Lo mismo, por supuesto, es válido para las mujeres. Esas descripciones terribles en las que las mujeres golpeadas o abusadas aparecen como  “mosquitas muertas” pueden corresponder a algunas situaciones, incluso a muchas, pero esa “víctima total” es también una figura ideologizada, o teorizada, que muchas veces no corresponde en absoluto a la persona que está sufriendo la posición de víctima en una relación violenta. Por el contrario, muchas mujeres de las caratuladas como “fuertes” e incluso como “fálicas” han padecido maltratos.   Estas generalizaciones además de ser otro modo de la violencia, tienden a poner a esa mujer todavía en un lugar peor del que está en la relación violenta, porque ponen la condición de víctima en su ser.

Si abandonamos los ideales de pureza absoluta, y con ellos las esperanzas vanas que éstos crean, así como los miedos que producen, podemos generar modos de convivencia responsable en los que podamos modular las tensiones sin caer en las etiquetas, la patologización o la judicialicación de las prácticas sociales.

Es necesario producir y cultivar una gramática que no esté centrada en el verbo “Ser” que convierte todo acto en un destino, y toda característica local en atributo total, de tal modo que un hombre ES un maltratador y una mujer ES una víctima. La forma del discurso de los abordajes de la complejidad, que no son mero formalismo, nos lleva a decir-sentir-pensar que en una relación en un momento dado alguien actúa como victimario y otro como víctima. Cada dominio de experiencia es a su vez múltiple, facetado. Es necesario ver cada situación desde las distintas perspectivas y en el contexto específico de la vida de los protagonistas.
Entonces, la construcción social de la violencia como fenómeno multidimensional nos lleva a darnos cuenta de que tenemos que estar alertas para no caer en la violencia de la generalización y así poder pensar en cada situación para pensar cómo una familia, un grupo, o un colectivo particular construye la situación como violenta, o no. Muchas veces nosotros para no pecar de excesivamente universalistas plateamos que algo es propio de “nuestra cultura”. Pero, ¿cuál es nuestra cultura?. Cuando hago esta pregunta, suelen contestarme con una mueca condescendiente: “La cultura occidental”. Una respuesta que puede ser correcta en cierto sentido, pero su generalidad la hace completamente inadecuada para el que estamos considerando. En relación a lo que se considera o no, violento, suele ser muy diferente la apreciación de una familia de paraguayos que la de los argentinos o franceses. Los porteños poco tienen en común con los mapuches, los jóvenes de la  Villa 31 raramente comparten códigos y sensibilidades con los de La Horqueta, y los miembros de la iglesia evangélica tienen una concepción y una vivencia muy diferente de la violencia de la que tienen los budistas.

En nuestra experiencia de trabajo de Fundared y el grupo chileno encontramos que al cambiar el estilo de intervención y pasar de la  “la prevención de la violencia” a “la promoción de la cultura del buen trato” no sólo se transformaban las prácticas, las actitudes y las percepciones de los participantes –tanto profesionales como “beneficiarios” del proyecto- sino que aparecían otros actores que hasta ese momento estaban completamente invisibilizados: los no-docentes, los vecinos y otros miembros de la comunidad educativa y su contexto que no figuran en los organigramas clásicos.

En los inicios de proyecto  cuando se hablaba de la prevención de la violencia escolar sobre todo se destacaba la que protagonizaban los alumnos (esta modo de concebir la cuestión es probablemente el más extendido). Al transformar el estilo de abordaje y pasar de la prevención de la violencia a la gestión de la convivencia es hizo evidente la necesidad de incluir a todos los actores sociales que participan de la comunidad educativa. Tampoco era posible decir a-priori qué era buen trato, sino que era algo que iba surgiendo en función de las interacciones locales, a veces sin poder ser explicitado pero claramente vivido y sentido por los participantes. Lo que es buen trato en Argentina puede ser un trato espantoso en Japón, o lo que se acepta entre adolescentes resulta chocante para los adultos. Lo que es buen trato dentro de un colectivo protestante puede ser mal trato en un colectivo judío. Es en cada situación que irá creándose y expandiéndose la posibilidad de gestar y sostener un espacio de convivencia estimulante, productivo, capaz de aceptar la diversidad y navegar los conflictos.

El problema es que muchas veces los profesionales caemos en lo que he denominado “captura definicional”. Esta es una de las formas de la violencia del saber desde la cual se dictamina desde afuera qué es la violencia, sin pensar la situación específica que se está tratando sino haciéndola “objeto de conocimiento”. Es decir, codificándola, cuadriculándola según el marco teórico y las casillas del proyecto surgido de las usinas académicas o burocrática (o mixtas).

La estética-ética del abordaje de la complejidad para trabajar con los problemas de violencia queda maravillosamente expresada en una frase de Gilles Deleuze: “No hay método, no hay receta, sólo una larga preparación…”

Dra. Denise Najmanovich

De: www.violentologia.org