sábado, 18 de mayo de 2013

¿Y después...? (1)


IX JORNADAS DE SOCIOLOGíA UBA - Pre ALAS Recife 2011

EXPERIENCIAS DE LIBERADOS DE CÁRCELES DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES. UN ESTUDIO DE CASOS.

Autor: Lic. Fabián Viegas Barriga
Licenciado en Comunicación Social.
Doctorando en Ciencias Sociales UNLP con apoyo CONICET
Instituto de Investigaciones Gino Germani
E-mail: fabianviegas@gmail.com.

Resumen
Asistimos a un conglomerado de políticas estatales que devienen contradictorias.
En torno a un Estado que ha propuesto la política de derechos humanos como eje
del crecimiento democrático y la inclusión como objetivo primordial, las prácticas
de las agencias de control social del sistema penal reproducen la lógica del Estado penal, definido en torno al gobierno de la excedencia y la demagogia punitiva, produciendo una multiplicación de trayectorias tortuosas para los sujetos más vulnerables de la sociedad que han sido presas del secuestro institucional.
Otras investigaciones han demostrado que dentro de las cárceles argentinas, y en particular en las de la Provincia de Buenos Aires, se realizan cotidianamente hechos
y prácticas de “tortura, malos tratos, tratos degradantes y crueles por parte de las fuerzas de seguridad hacia las personas detenidas, muertes evitables bajo custodia estatal, proliferación de prácticas aberrantes documentadas en los espacios de encierro, (y) la mercantilización de todos los intercambios en los espacios carcelarios”. Esta sociabilización impuesta se traduce en una des-subjetivación que violenta trayectorias de vida que en su mayoría ya han atravesado las penurias propias del precariado.
De ello nos ha surgido la pregunta sobre qué experiencias y mediaciones suceden en el extramuros para los ex detenidos de la Provincia de Buenos Aires que han pasado por los complejos trayectos de la prisionización. En este sentido marcaremos algunas dimensiones sobre el trabajo de campo inicial llevado a cabo en el marco del proyecto
doctoral “El estigma del muro elástico. Experiencias y mediaciones en el contexto extramuros de ex presos jóvenes de la Provincia de Buenos Aires”.

Introducción
El proceso penitenciario comienza desde que entraste y dejaste de ser vos.
De ahí en más, mientras te enseñan a vivir en cana, sos un preso. Y después, cuando salís a la calle, seguís siendo un preso, porque te hicieron un preso
Mariano, 42.

La intención de este trabajo es aproximarnos a algunos rasgos del estudio de casos que se está realizando en torno al proyecto doctoral “El estigma del muro elástico. Experiencias y mediaciones en el contexto extramuros de ex presos jóvenes de la Provincia de Buenos Aires”. Si bien el recorte inicial que se buscaba desarrollar en la investigación suponía una focalización en personas que hayan pasado por instancias de prisionización de más de tres años, ser jóvenes primarios de entre 21 y 30 años y con causas por delitos contra la propiedad, recorte que se basaba principalmente en que la población carcelaria de la Provincia de Buenos Aires está integrada en más del 70% por  jóvenes entre 18 y 30 años1, para este análisis en particular observaremos un espectro más amplio. Indagaremos para ello en algunos rasgos de la multiplicidad de aspectos que aparecen en las trayectorias encontradas, a partir de la descripción analítica de tres casos seleccionados de los ocho trabajados hasta ahora. 
La territorialidad de los casos responde a la representatividad de las cárceles bonaerenses, por lo que mayormente resultan oriundos del Conourbano Bonaerense y Gran La Plata, un solo caso vivió hasta hace poco en un pueblo de la Provincia de Buenos Aires2.
La pregunta inicial de esta investigación hacía hincapié en el impacto de la cárcel sobre las subjetividades y relaciones de las personas que habían pasado más de tres años detenidas.
Fueron apareciendo de las reflexiones dos problemas que atravesaban este campo de análisis. Ello está referido a las nociones de impacto y subjetividad con las que se venía trabajando y que, en cierta forma, disponían o encorsetaban la mirada. Si bien en muchos aspectos es posible diferenciar cuestiones que hacen al proceso de prisionización en los sujetos liberados, al observar situaciones de vulnerabilidad -y por las propias particularidades de la selectividad penal-, no siempre era posible identificar qué de su degradación social, económica y afectiva, representaba un “efecto” de la institución total. La búsqueda de un impacto implicaba entonces una mirada direccionada a ciertos aspectos esperados de la cárcel. Por otro lado, la idea de subjetividad que venía trabajando, estaba fuertemente arraigada al individuo, lo que le confería una dinámica psicologizante. Por ello, la idea de trayectorias sociales, que no deja de lado los posibles impactos ni la subjetividad, ya que es un trabajo que recupera la perspectiva de los actores, habilita la incorporación de otras variables que aparecen en las múltiples experiencias de vida; cómo estas median, por un lado, la relación con la cárcel y, por otro, cómo median en sus redes de sociabilidad y experiencias post cárcel. A esto es importante sumarle la posibilidad de tener insumos de comparación entre trayectorias con diferentes rasgos particulares que compartan la experiencia carcelaria.

Aspectos del enfoque metodológico
En tanto a lo metodológico, las necesidades de observar no sólo los aspectos discursivos que hacen al relato de los actores, sino también a aquellos que dan cuenta de las prácticas internalizadas (emboiled), de las interacciones sociales, y las características físicas, gestuales y contextuales, llevó a utilizar la perspectiva etnográfica. El relato sobre los casos se construyó a partir de la observación participante y el registro de campo de esta perspectiva (Guber, 2004), esto implicó seguir el desarrollo de las relaciones, explicitando el objetivo de la investigación a los sujetos y con algunos supuestos teóricos encima, pero dejando que las circunstancias que aparecían fuesen modificando el recorrido. De esta manera, relajando la pregunta y tensionando la reflexión sobre las relaciones, fue posible encontrarse con aquellas prácticas y naturalizaciones que hacían sentido en la cotidianidad de los actores.
Las observaciones se realizaron acompañando la vida cotidiana de los sujetos con entrevistas abiertas, a veces registradas en formato digital y otras a puño y letra. En algunos casos implicó largas horas de charlas frente a la televisión, otras tomando en una esquina, participando de encuentros de amigos y vecinos, juergas o “escapadas”, o acompañando a familiares a juzgados y cárceles.
Para pensar cómo analizamos y actuamos en relación a los actores observados, la sociología reflexiva que propone Bourdieu nos resulta la propuesta más certera. Se trata de objetivar, en primer lugar, la posición que el propio analista ocupa en el campo académico y, por extensión, en el campo del poder.
“…invertir la relación «natural» del observador con el universo que estudia, de tornar exótico lo familiar y familiar lo exótico; todo ello a fin de explicitar lo que, en ambos casos, [lo que] suele admitirse como evidente (“taken for granted”), y de manifestar en la práctica la posibilidad de una objetivación sociológica completa del objeto y de la relación del sujeto a su objeto - que es lo que yo llamo objetivación participante”(Bourdieu, 1992: 48, en Giménez, 1999:18).
Bourdieu entiende que la interacción entre entrevistado y entrevistador es una relación social, que genera efectos sobre los resultados esperados. Por lo que propone que “sólo la reflexividad, que es sinónimo de método (…) permite percibir y controlar sobre la marcha, en la realización misma de la entrevista, los efectos de la estructura social en la que ésta se efectúa” (Bourdieu, 2010:528).
Pensamos el enfoque de las trayectorias en sintonía con lo que desarrollaron Torrillo y Macri en su análisis del estado del arte de esta metodología. El concepto se relaciona con el de recorrido (Godard) y el de curso de vida (Elder), “entendido como “una línea de vida o carrera, o camino a lo largo de toda la vida que puede variar y cambiar en dirección, grado y proporción” (Blanco y Pacheco, 2003, en Macri y Torrillo, 2009:338).
Afín al concepto de complejidad, metodológicamente el concepto de trayectorias supone “cambiar la mirada del investigador desde la óptica de los escenarios que remiten a una visión cristalizada, estática. Por el contrario la consideración de la trayectoria implica atender a la dinámica, a la temporalidad, a la movilidad. El estudio de la trayectoria implica de esta forma la consideración de los procesos sociales” (Nogueira, 2007, en Macri y Torrillo, 2009:338).
Es importante destacar que el acercamiento a los casos no es producto de una situación novedosa. La experiencia previa de quien escribe ha sido fundamental para generar procesos de relación y comprensión de lo escuchado y observado. Haberme relacionado con las personas privadas de la libertad como docente no-formal desde dispositivos de extensión universitaria durante cinco años en el conglomerado de cárceles de La Plata, Varela y Magdalena, diez años de relacionarme desde organizaciones de derechos humanos con las personas privadas de la libertad, dos años como docente universitario en la Unidad 9 y un corto pero intensivo trabajo como Consultor Pedagógico en la Dirección de Educación Secundaria para la educación en cárceles, significó un plexo de experiencias y contactos con la cárcel y las personas privadas de la libertad que posibilitaron que mis referencias construidas sobre la vida en la cárcel se acercaran, simbólica y concretamente, a las referencias de los actores.
Escuchar relatos sobre las vidas de estas personas y sus trayectorias intra y extra carcelaria, implicó un diálogo analítico constante entre los dos espacios. El devenir de las historias fue construyendo un complejo entramado de redes de sociabilidad que superaron ampliamente los conceptos clásicos sobre la institución. Al leer los propios registros de campo, la idea del “adentro” superaba en las vivencias los estudios sobre la arquitectura carcelaria, o siquiera un plexo de dispositivos humanos e institucionales de disciplinamiento, represión, o neutralización de la subjetividad. Las experiencias de los liberados, observadas en los relatos y en las propias prácticas, daban cuenta de un complejo sistema de redes de sociabilidad al que, de una u otra manera, se habían tenido que adaptar y en la que habían constituido nuevos aprendizajes, nuevas maneras de verse y de relacionarse con otros, nuevas naturalizaciones de su existencia malograda en un proceso de “interiorización de la exterioridad” (Bourdieu, 1987b: 40, en Giménez, 1999:13).

Marco conceptual
Según Maristella Svampa, el núcleo del modelo neoliberal en Argentina fue la consolidación de la figura de ciudadano-consumidor. Desde el consumo se propuso una suerte de inclusión preferencial, gracias al acceso segregado que brindaba la “convertibilidad”3. La eficacia del modelo del consumidor residía en la doble funcionalidad: colocaba a la Argentina del lado de los ganadores (“estamos en el primer mundo” expresó triunfal el doblemente presidente de los noventa), y desdibujaba la matriz conflictiva del modelo social, despolitizando los efectos excluyentes del régimen económico (2005:82-82)4.
Estos cambios profundos en las idiosincrasias populares, que habían actuado también como marcos sociales y culturales que definían al mundo de los trabajadores urbanos desde el modelo nacional-popular, implicaron inflexiones socioculturales territoriales y políticas, y “la emergencia de nuevos procesos, profundamente marcados por la desregulación social, la inestabilidad y la ausencia de expectativas de vida” (Svampa, 2005:171). Lo que hacia el interior de los sectores populares se tradujo en “una fuerte dinámica descolectivizadora, que significó para muchos individuos y grupos sociales la entrada en la precariedad, si no la pérdida de los soportes sociales y materiales que durante décadas habían configurado las identidades sociales” (Svampa, 2005:75,163).

Desde la perspectiva de la individualización y el desmantelamiento del modelo de regulación asociado al régimen fordista, la sociedad exigió que “los individuos se hagan cargo de sí mismos” (Bauman, 1998:77) y que, “independientemente de sus recursos materiales y simbólicos, desarrollen los soportes y las competencias necesarias para garantizar su acceso a los bienes sociales” (Svampa, 2005:78). Los individuos del precariado, desasidos de lógicas colectivas ingresaron en una lógica de “cazadores”, donde la ciudad “es semejante a un bosque que esconde un diversificado repertorio de posibilidades, pero que implica desde ya, la aceptación del riesgo e incertidumbre” (Merklen, 2000 citado en Svampa, 2005:143-144), a lo que Kessler, analizando las relaciones heterogéneas entre delito y trabajo, dirá que “lo que sucede es una asimilación de la inestabilidad” (Kessler, 2004b:7). De esta manera “el bienestar ya no aparece como un derecho sino como una oportunidad” (Alonso, 2000; en Svampa, 2005:78).
El análisis realizado por Wacquant sobre los guetos urbanos luego de un profuso estudio etnográfico, nos sirve para pensar las lógicas de cerrazón territorial y social de estos territorios. Desde su mirada política de la violencia, articula un análisis de la violencia social con las violencias estructurales. Su exposición superpone varios mecanismos y problemas sociales donde lo racista es sólo una parte de la marginalidad avanzada5. Desde ese punto de vista, explica tres componentes fundamentales de la violencia estructural “desde arriba” para profundizar en las causas de los conflictos sociales de “violencia colectiva” de estos sectores:
1) El desempleo masivo, crónico y persistente. Que se traduce como desproletización y expansión de la precarización.
2) La relegación a los barrios desposeídos dentro de los cuales los recursos públicos y privados disminuyen en el momento mismo en que se intensifica la competencia por el acceso a los bienes colectivos.
3) La estigmatización creciente en la vida cotidiana y en el discurso público, cada vez más estrechamente asociada no sólo al origen social y étnico sino también al hecho de vivir en barrios degradados y degradantes (Wacquant, 2007:40-41).
En cuanto al Sistema penal, la situación actual es igualmente contradictoria. En torno a un Estado que ha propuesto la política de derechos humanos como eje del crecimiento democrático y la inclusión como objetivo primordial, las prácticas de las agencias de control social reproducen las lógicas del Estado penal.
Casi desde sus inicios la cárcel demostró su inutilidad como espacio de recuperación de aquellos “desviados” al mundo del trabajo. El simulacro de la rehabilitación que Foucault (2006) entendió como una reproducción del delito, la constituyó como un dispositivo de función simbólica destinado al escarmiento (clasista mayormente).
Atendiendo a esta contradicción sistémica, desde perspectivas similares que podemos englobar en la Criminología crítica, la Economía Política de la Pena y la Sociología Jurídica, se ha dado cuenta que el sistema penal, más que un andamiaje de justica, implica un archipiélago de instituciones de reproducción de la desigualdad y criminalización de la pobreza que se observan en la selectividad penal (Pavarini, 1995, De Giorgi, 2005, Daroqui, 2002, 2008).
Comprender las lógicas de los sentidos de seguridad que aparecen pugnando el sentido del Estado actual, obliga a pensar desde lo que Giorgio Agamben desarrolló como el Estado de excepción. Que es “la forma legal de lo que no puede tener forma legal” (2003:102). 
Este estado situacional se ha vuelto permanente en tanto que el discurso de inclusión e igualdad modernos se han visto sistemáticamente superados por la pobreza, la desigualdad y la marginación de las mayorías, lo que se ha denominado como la época de la Gran
Segregación (Bergalli, 1997). De esta manera “la creación deliberada de un estado de excepción permanente se ha convertido en una de las prácticas esenciales de los Estados contemporáneos, incluidas las democracias” (Agamben, 2003:102).
Esta mirada compleja sobre la relación entre medidas de criminalización de la pobreza y encarcelamiento masivo con las relaciones económico-sociales, es profundamente trabajada desde la Economía Política de la Pena. Desde esta perspectiva y tomando la concepción del gobierno de la excedencia como dilema sistémico, Alessandro De Giorgi estableces que “la relación entre desocupación y encarcelamiento se encuentra, por lo tanto, mediada por una percepción de la marginalidad social como amenaza al orden constituido que se transforma en hegemónica durante periodos de crisis económica” (2005:79). Será a partir de esas percepciones que los operadores del sistema penal se basan en sus “propias convicciones”, sin atender concretamente a los intereses del capital: es justamente la construcción social sobre el delito que perciben que pobreza y precariedad implican mayor tendencia al delito, lo que se traducen en convicciones punitivas, o, como sintetiza Wacquant, sentido común penal.
De Giorgi lo explica de esta manera:
“El sistema punitivo no es un dispositivo autónomo con respecto de las dinámicas ideológicas de la sociedad: las instituciones del «Estado penal» comparten representaciones y estereotipos dominantes, que a su vez son afectados por las condiciones de la economía” (2005:79)
Comprender el paradigma de la “gobernabilidad” carcelaria implica desandar las lógicas anteriores del tratamiento y rehadaptación que sustentaban discursivamente la institución total, para reformularlo desde prácticas de “protección” de la sociedad extramuros. En otros términos, el hincapié estará dado en la necesidad capitalista de gobernar la excedencia y calmar las demandas de seguridad, por lo que se redefinirá el curso del archipiélago penal a las lógicas de gestión, reducción y calculabilidad del riesgo (Feeley, M y Simon, J., 1995). El sismo estructural resultará en el aumento exponencial de las penas y subsiguientemente, de la población carcelaria.
Esta gobernabilidad, según el Informe 2009 del Comité Contra la Tortura de la provincia de Buenos Aires, se maneja actualmente desde dos tipos de políticas: a partir de políticas de delegación del control por el fomento de la tercerización del control a otros presos (léase mediante grupos religiosos evangélicos o por otros presos que trabajan dentro de los esquemas de tercerización del control del Servicio Penitenciario Bonaerense -SPB-)6 o mediante la represión y el aislamiento extremos como segunda política7.

Desde la perspectiva de la psicología crítica, se observa que la implantación del “tratamiento penitenciario” y su proceder estratégico “otorga una amplio poder a los responsables penitenciarios, quienes tienen en sus manos el valor destacadamente más preciado en la privación de la libertad: la libertad.” (García-Borés Espí; 2003). El instrumento clave de este poder es la indeterminación del tiempo de condena (Manzanos; 1991, citado por García– Borés Espí; 2003) vehiculada por la tecnología tratamental. “La estrategia punitivo/premial del tratamiento supone transformar el propio sistema de valores de los internos, potenciando el individualismo para la obtención de beneficios particulares, debilitando la solidaridad entre los presos” (García- Borés Espí; 2003, pág. 402). Como se pregunta Mariano: ¿Cómo puede ser que veinte tipos puedan manejar un penal donde hay mil tipos, con sus cuerpos, su inteligencia? Sólo buscando su egoísmo pueden hacerlo, rompiendo los grupos, haciendo buchones, haciendo que se vendan entre sí. Así funciona el negocio”.


Los sujetos
Como hemos desarrollado al comienzo, buscaremos reflexionar y hacer preguntas en torno a ciertas dimensiones particulares que aparecen en los casos trabajados. Desde la heterogeneidad de formas en que se representa la cárcel en ellos, intentaremos dar cuenta de algunos aspectos que hacen a las redes de sociabilidad construidas en el ámbito carcelario y en las interacciones de la vida extramuros en sus trayectorias.
Las formas de observación han variado en cada caso.
En el de Sebastián el acercamiento a él ha sido a partir de su madre, Delia, a quien conocí primero desde estrategias conjuntas con organismos de DDHH por la circunstancia particular que vivía (sufría) su hijo. Estuve dos años acompañándola y compartiendo experiencias de otros liberados con ella antes de conocer personalmente a Sebastián, con el que compartimos una visita en la cárcel.
A José lo conocí a partir de su estado de alumno en una escuela en cárceles. Nos cruzamos casualmente en una calle del Cono urbano a un año de su libertad y luego lo visité con el objetivo de esta investigación.
El caso de Mariano es más paradójico. Lo conozco desde hace cinco años, compartiendo primero experiencias de reivindicación colectiva de los estudiantes universitarios en cárceles y luego como amigo.
Actualmente Mariano pisa los cuarenta años. Fue hermano de 19 hijos de un padre que se casó tres veces, y compartió casa con ocho hermanos de la misma madre. Su casa era humilde según cuenta y de chico el hijo más inquieto. Su relación con el delito es temprana, en la calle, a eso de los diez años. Sin embargo estuvo preso por un crimen que no cometió. Fue liberado luego de 13 años; tres años después la Cámara de Casación Penal lo sobreseyó. Es un hombre fuerte y sensible, además de tosudo y con un ego que lo ha mantenido firme a pesar de todos los estigmas que cargó. Si algo puede definir su paso por la cárcel escuchándolo es el “trabajo8” por mantener la dignidad, dimensión que lo llevó a defender su lugar como universitario a costa de su vida. Si bien fue hostigado por el Servicio Penitenciario durante toda su condena, su vida como “privado de la libertad” alberga dos grandes etapas. Primero como “preso de población9” en tanto sufrió incontables vejaciones y torturas por parte del Servicio Penitenciario Bonaerense, donde intentó parapetarse individualmente para no ser atormentado y que él denomina como la etapa “cuerpo a cuerpo contra el servicio”. En la segunda etapa, con igual saña desde el SPB, logró recrearse como “trabajador”/luchador colectivo a partir de la relación con otras personas privadas de la libertad con las que logró ganar disputas por espacios educativos para él y otras personas de “población”. De esta manera terminó la primaria, la secundaria e ingresó luego de grandes disputas y obstáculos institucionales a la carrera de Ciencias Jurídicas en la que aprobó once materias. Estos procesos se juegan y disputan los sentidos de su cotidianidad desde que está libre hace cuatro años en lo que él relata como una puja entre “la bestia que ellos [los penitenciarios] crearon” y lo que aparece como el Mariano/estudiante que él construyó como objetivo de vida desde su lucha personal y colectiva. Al conseguir la libertad se volvió a Gris Azul, su ciudad natal donde lo esperaba su actual pareja y que conoció estando detenido.
Luego de cuatro años con varias crisis en el medio, trabajando en talleres mecánicos y otros empleos como la venta de DVD callejera entró en pánico. Se vio envejeciendo sin cumplir lo que casi le había costado le vida en prisión, tomó un bolso y se fue a vivir a La Plata, a retomar su carrera.
De esta experiencia nos preguntamos ¿en qué situaciones se reactualiza su identidad de “preso”? y ¿cómo caracteriza el proceso de prisionización a partir de la mediación política?

Sebastián está preso por segunda vez. La primera estuvo tres años y medio por el robo de una bicicleta cuando tenía 18 años. Estando en comisaría sufrió una represión con gases lacrimógenos que mató a la mitad de sus compañeros de celda de problemas respiratorios y a él le contrajo una TVC (tuberculosis). Luego de un año en libertad, con 22 años, fue acusado de un robo que se produjo –según Delia y que intentan probar todavía- en el mismo momento que él cobraba los 150 pesos del plan trabajar. Hace seis años y medio que como procesado está privado de la libertad. Sebastián tiene un hermano menor y una hermana que trabajan y estudian. Delia es delegada sindical en la empresa de transportes en la que trabaja hace 20 años. Los cuatro vivieron siempre en Los monobloks, un barrio profundamente estigmatizado por los mass media donde ya casi no quedan espacios con pasto y la Gendarmería cuida los ingresos al barrio como pasos fronterizos, reforzando la idea de un territorio de (no) ciudadanía. En su libertad Sebastián intentó volver a la vida de trabajo que había empezado en su adolescencia (con 17 años había trabajado en una fábrica textil y como ayudante de construcción), pivoteó entre algunos trabajos bajo dependencia (telefonista en una remisería, repartidor de volantes) y un emprendimiento propio (puso una pequeña forrajera con la ayuda de Delia). Fue presionado por policías de la DDI a entregarles dinero con la amenaza de armarle una causa, también lo instigaron a robar y le armaron una “cama”, aprovechando su estado de ex “preso” y de las redes de amigos y ex compañeros de cárcel con los que seguía conectado. Lo que destacaremos de su trayectoria para este trabajo son cuatro instancias de violencia generada por el accionar penitenciario que vivió en sus dos condenas, que reflejan la cotidianidad de peligro de vida y que lo integraron a círculos de reproducción de autodefensa y violencia. Comparando las formas de entender el tiempo de su madre y hermanos a partir de sus prácticas de proyección ¿Cómo se da el tiempo encarcelado para Sebastián? ¿Qué posibilidades de proyección se observan en sus relatos?

José viene de una situación social/familiar similar a la de Mariano, aunque ha sufrido una estigmatización más profunda que la cárcel sólo remarcó. A la profunda pobreza en la que se crió se le sumaron otros estigmas intrafamiliares como el haber sido “el hijo del Pata de Lana10”, como en tono gracioso e hiriente lo llamaban. Estuvo de niño en situación de calle varias veces y en otras trabajó en un carro de cartonero. Pasó hambre y su relación con el delito está desde la adolescencia. A los quince años recibió un balazo en la cabeza, aun tiene el plomo allí. Consume cocaína desde los trece, aunque no muestra el grado de adicción que sus amigos del barrio, que han llegado a estados de degradación infrahumanas. Su madre, Inés, es el único familiar con el que tiene contacto a pesar de que su hermana y su hermano viven cerca. Ella le da dinero de vez en cuando, trabaja como cocinera en una feria y apenas gana dinero para comer y comprar cigarrillos. Está rodeada de arrugas grises con 55 años, como si tuviese 100. Lo fue a visitar al penal los cuatro años de condena. A su padre biológico lo ha visto un par de veces pero generalmente lo rechaza. José tiene una hija de 11 años a la que ve cada tanto. Cuando cayó preso supo integrarse a los códigos que conocía desde la calle y de los esporádicos pasos por los institutos de menores de su adolescencia. De dos meses en población pasó a un pabellón evangélico donde terminó siendo “obrero” del “Pastor”11. La cárcel le dio la posibilidad de encontrarse en una situación de dominación sobre otros. Aunque antes de irse en libertad se fue de ese pabellón porque “el Pastor lo defraudó” al encontrarlo “vendiendo una visita por tarjetas telefónicas”. En libertad tuvo una hija con la chica con que ahora vive. No ha logrado conseguir un “trabajo en blanco” como él desea y ha tenido varias relaciones de fracaso con el trabajo, situación que mayormente dependía de ciertos capitales sociales o de trabas simbólicas recreadas por él y su entorno. Sólo ha podido relacionarse con sus viejos amigos del barrio, un hombre que oficia de padre adoptivo con el que mantuvo una relación de ayuda recíproca y algunos amigos esporádicos más jóvenes, con los que luego se distanció. La moralidad evangélica se le repite casi como un calco de la experiencia intramuros: con las contradicciones de lo que aparece naturalizado como inevitable y “mundano”, frente a las exigencias del mandato cuasi sacerdotal del discurso evangélico. José busca, sobrevive, caza el día a día. No se ve proyectado en un mediano plazo aunque diga que quiere vivir “hasta los ochenta”. La cárcel aparece recordada como una anécdota, y esa naturalización lo hace más preso de un estigma interiorizado. "Porque yo soy un chorro” dijo un día y fue la única vez que lo vi tan seguro de sí que parecía posible verlo enfrentar al mundo. A veces, en las naturalizaciones tan desgarradoras como invisibles hay que hacerse las preguntas más obvias: ¿Qué más que un corte temporal fue la cárcel para José? ¿Le brindó herramientas para incorporarse al mundo libre? ¿Qué identidad le incorporó o remarcó?



1 Según la investigación realizada entre el GESPyDH y el Comité Contra la Tortura de la Provincia de Buenos Aires durante octubre y noviembre de 2008. Específicamente, desde el estudio realizado sobre las cárceles 1 de Olmos, 8 de Los Hornos, 17 de Urdampilleta y 30 de Alvear, resultan de 588 casos analizados, 38% de jóvenes entre 18 y 24 años, 33,9% entre 25 y 30, 12,7 % entre 31 y 35, 7,2 entre 36 y 40, y 8,1 entre 41 y 55. En: LÓPEZ, A. y otros (2010) Los jóvenes en la Provincia de Buenos Aires: de más demonizados a más castigados. Cuadernos de estudios sobe sistema penal y derechos humanos.
GESPyDH, IIGG, Facultad de Ciencias Sociales, UBA. Buenos Aires.

2 Para que no resulte posible identificar a los casos, no sólo se le cambiarán sus nombres y los de sus allegados, sino también se inventarán las denominaciones territoriales.

3 Modelo económico impulsado por el Ministro de Economía Domingo Cavallo durante las presidencias de Carlos Menem. Su consigna era la paridad “un dólar un peso”, situación que se basaba en la profundización del endeudamiento crónico con los organismos internacionales, la sesión de las empresas estatales a privados y la generación de grandes masas de desempleados.

4 Parte de estos análisis fueron trabajados en la ponencia: “Delito y juventud. La construcción del enemigo en el sistema social penal”. XIV Jornadas de la Red Nacional de Investigadores en Comunicación. Universidad Nacional de Quilmes, septiembre 2010.

5 Marginalidad avanzada: Concepto que remite a la marginalidad del nuevo régimen de relegación socioespacial y de cerrazón excluyentes (en el sentido weberiano) que se ha cristalizado en la ciudad posfordista como efecto del desarrollo desigual de las economías capitalistas y de la desarticulación del Estado de Bienestar, según modalidades que varían en función de la forma en que estas dos fuerzas pesan sobre la clase obrera y las categorías etnorraciales que pueblan las zonas inferiores del espacio social y del espacio físico” (Wacquant, 2007:15).

6 A ejemplo: la Unidad Penal Nº1 de Olmos, con 1800 detenidos, se gobierna actualmente con tan solo 20 guardias. Para comprender más de esta dinámica particular ver: ANDERSEN, J., BOUILLY, M.R. Y MAGGIO, N. (2010) “Cartografías del gobierno carcelario: los espacios de gestión evangelista en el diagrama intramuros”. En Cuadernos de Estudios sobre sistema penal y derechos humanos. GESPyDH, IIGGG, FCS – UBA. Buenos Aires.

7 Véase el caso de la Unidad 30 de Alvear. Informe anual 2009 del Comité Contra la Tortura, página 19.

8 Hemos querido respetar el significado que Mariano le da a esto. Mariano no dice lucha sino trabajo. La idea de lucha significa para el que escribe una instancia donde aparece un objetivo de trascendencia mediado por la política. En el caso de él una lucha con el “servicio” y el sistema judicial y por la dignidad y el derecho a estudiar (entre otros). Sin embargo él prefiere hablar de “trabajo” definido como “cuando el guerrero se convierte en obrero, porque trabaja por su dignidad, por su educación, como por su pan”. La idea de lucha a Mariano le remite al cuerpo a cuerpo, por lo que le coloca el sentido reivindicativo al significado “trabajo” e invierte la lógica lingüística de sus opresores.

9 Según la calificación, segregación, selectividad y distribución interna de las cárceles realizada por el SPB, las mismas están divididas en pabellones que responden en parte a los grados de “conducta” y en otros a las formas de control/organización de ellos. Los nombres han surgido en algunos casos de las nominalizaciones de los privados de la libertad y en otros de los agentes y luego adoptados por el resto. De esta manera están los pabellones “de hermanitos” que son de la religión evangélica (ver nota 6), pabellones “católicos”, de “autogestión”, de “trabajadores”, de “estudiantes” y “población”. Este último responde a lo que en penales federales se denomina “villa”, aquellos pabellones dejados a su suerte y generalmente más abandonados tanto ediliciamente como en el resto de sus servicios básicos. Se caracteriza además porque son los
pabellones con más traslados y hechos de violencia.

10 Denominación popular con que se nombra a los hombres que entrando en silencio por la ventana, son los amantes discretos de mujeres casadas. En este caso ser hijo del Pata de lana sería similar a lo que en otros tiempos representó al “bastardo”.

11 En la lógica estructural interna de los “hermanitos” se encuentra en la pirámide el “Pastor”, le siguen “los siervos”, luego “los obreros” y en la base “el rebaño”, “las ovejas” o “los hermanos”.








martes, 14 de mayo de 2013

David González- Poemas de la cárcel



Denominación de origen

la misma palabra lo dice: cárcel.
diminutivo de cárcel: reformatorio.
sinónimos de cárcel:
penal
presidio
correccional
penitenciaría
(los dos últimos incluyen
matiz de regeneración).
prisión es palabra escogida
o forense.
se la conoce también por otros nombres:
talego (el más extendido)
maco
trullo
trena (germanismo).
los gitanos la llaman estaribel
o estar,
que viene a ser lo mismo
pero abreviado. Sin embargo,
cuando estás dentro de una,
cuando te ves allí metido,
el nombre es lo de menos,
no tiene mayor importancia,
lo único que cuenta,
es que siempre,
en todo momento, es una cárcel.

una cárcel, tío.
  
David González

poemas de la cárcel

Biblioteca Babab. 2000.

sábado, 11 de mayo de 2013

“Aquello que diferencia a los «delincuentes», a la «subclase», a los «socialmente inadecuados» y a los «elementos antisociales» del resto de personas «normales» de la sociedad no es su actitud y conducta, sino el trato que reciben de la sociedad, la actitud y conducta de los «normales» hacia ellos.” Zygmunt Bauman


De sumo interés:

Destruir la educación pública en EU beneficia al complejo cárceles-industria
25 de noviembre de 2012.
POR Ernesto Carmona (periodista y escritor chileno) / ARGENPRESS.info

Una modificación sistémica de las prioridades de educación otorga estructura oficial y permanente a una discriminación preexistente sobre la muy desfavorecida población pobre, comprendida en gran parte por personas de color criminalizadas. El aumento de escuelas autónomas corporativas y de prisiones privatizadas no se puede entender separado de las cifras del cierre de escuelas públicas en todo el país.

En otras palabras, en Estados Unidos está en marcha una política gubernamental y corporativa de extinción de la educación pública para todos y la conversión de los negros, marrones y latinos pobres en carne de presidio. La educación será para unos pocos privilegiados, mientras grandes corporaciones como el Bank of América y WalMart ingresan al negocio de la educación básica, a la vez que están en el rubro cárceles privadas, donde funcionan industrias que pagan hasta de 2 dólares por día de 8 horas de trabajo a la mano de obra esclavizada de los reos.

Más que el título de una noticia, “Destrucción de la Educación Pública Alimenta el Complejo Industrial de Prisiones” es un llamado a la reflexión de Adwoa Masozi, del Instituto de Estudios Políticos, publicado solamente por Inter Press Service, el 27 de febrero 2012, y rescatada por Proyecto Censurado como la 20ª noticia más censurada en el anuario Censored 2013. Lo que sigue es la traducción literal del trabajo de Masozi:

Estamos ante una redefinición sistémica de prioridades de la educación que da estructura oficial y permanente a una clase inferior preexistente compuesta en gran parte por gente pobre criminalizada, negro y marrón. A través de los estados de la Unión se están extirpando miles de millones de dólares de sus presupuestos de educación, como si el 22% de la población no fuera funcionalmente analfabeta.

De acuerdo a los estándares NAAL (sigla en inglés de Evaluación Nacional de Alfabetización de Adultos) del Centro Nacional de Estadísticas de Educación, 68 millones de personas están leyendo por debajo de los niveles básicos. El Centro de Presupuesto y Prioridades Políticas encontró que “casi todos los estados están gastando menos dinero (en educación) que en 2008 (después de la inflación), a pesar que el costo de la prestación de servicios será mayor”. Además de reducir 4 mil millones de dólares de su presupuesto, Texas también ha eliminado los fondos estatales para programas de pre-kinder que sirven a alrededor de 100.000 niños, en su mayoría en riesgo. Carolina del Norte ha reducido casi 1.500 millones de dólares de la educación K-12 (suma de primaria y secundaria), que deriva en una pérdida del 80% de los fondos para libros de texto y un recorte del 5% para ocupaciones de apoyo, como consejeros y trabajadores sociales, entre numerosos otros recortes. Decisiones como éstas dejan pocas razones para preguntarse ¿por qué esos dos estados enfrentan un 27% de tasas de deserción?

Cerrar las escuelas públicas se ha convertido en un furor, que condujo incluso al estado de California a sacar una guía de buenas prácticas sobre la manera de cerrarlas y hacerlas aptas para otro giro. En su lugar, ¿por qué no promover una “guía de buenas prácticas para mantener una escuela viable”? ¿Por qué tomar estas decisiones cuando se sabe que la falta de educación reduce el acceso a oportunidades de empleo de calidad (y legítimo), aumenta la probabilidad de encuentros con el sistema criminal de (in)justicia, repercute negativamente en los resultados de salud y, en general, limita la capacidad para determinar su propio futuro?

Lo que estamos presenciando es una refundación sistémica de prioridades de la educación que da estructura oficial y permanencia a una clase inferior preexistente compuesto en gran parte de pobres criminalizados, negros y marrones. Ciertamente, tener una extensa clase baja no es nuevo en Estados Unidos, ya que hay bastante historial de negaciones a llenar los espacios vacíos de la gente y sus derechos. Sin embargo, los resultados materiales de este cambio son devastadores, comunitaria y económicamente, al igual que los resultados de los Códigos Negros de los años 1800 y las subsecuentes leyes de Jim Crow, que persistieron como totalmente legales hasta 1965, con la variación de su aplicación de estado a estado y que hasta hoy mantiene sus impactos en las comunidades.

La colisión entre este gobierno y los intereses privados no es nueva. No es una coincidencia que, al mismo tiempo, los vecindarios con una alta presencia de personas de raza negra estén siendo desestabilizados y desplazados por los desarrolladores empoderados por los municipios de los estados que están des-invirtiendo en la infraestructura de las escuelas públicas que les sirven, o por la vía rápida del acaparamiento de tierras urbanas, o la conversión de áreas pobres en ricas. Éste es un proceso insidioso para torcer la mano de las comunidades. La educación pública es algo más que un derecho, una libertad o un privilegio. Es una necesidad, tan básica y tan indiscutible como la tierra para caminar, alimentos para comer, el agua que debemos beber y el aire que se debe respirar para vivir. Porque absolutamente nada se hará, o se puede hacer sin ella en la sociedad humana. Entonces, ¿quién querría enviar a sus hijos a las escuelas que tienen adentro policías y detectores de metal en lugar de libros? ¿O a escuelas superpobladas con maestros en proporción de estudiantes de 1 a 30 y sin actividades extra curriculares o servicios de recuperación? Estas son las consecuencias materiales de la des-inversión en escuelas públicas. ¿Quién quiere enviar a sus hijos a escuelas en barrios que son mini-estados de la policía? Nadie, si se puede evitar.

Las “escuelas charter”, por definición, no son el problema real. Han sido soluciones prácticas y creativas para educar a los niños cuando las necesidades no son satisfechas. La formación de centros alternativos de educación ha sido una norma que se practica en las comunidades de todo el país desde 1800. Pero lo que tenemos hoy en día es algo muy diferente. Las “charters” ahora se han establecido como sustituto de las escuelas públicas, en parte o en su totalidad. Empresas como Wells Fargo, Bank of America, JP Morgan y Wal-Mart, los principales inversores en prisiones privadas y los actores de la reforma corporativa de la educación, tienen una extraordinaria influencia en la política educativa a nivel estatal y federal.

Los padres, estudiantes, maestros, y otros actores relevantes, son manipulados para hacer una elección falsa, dibujando una línea en la arena donde el grupo equivocado de personas está en el lado opuesto. Ya sea para las escuelas públicas o charters, ambas partes quieren los mismos resultados, estudiantes creativos y de pensamiento crítico que estén preparados para participar plenamente en su comunidad y la sociedad en general. Han sido cooptados. Ahora adoptan un rol antagónico hacia las escuelas públicas tradicionales, en lugar de que las charters sigan operando como soluciones creativas, especialmente para las comunidades en crisis, compartiendo los recursos públicos.

Mientras se libran estas guerras territoriales, los niños que no asisten a esas escuelas de primer nivel, porque no han ganado esa lotería, se quedan atrás y con sus propios recursos en sus escuelas mal administradas, con hacinamiento y recursos insuficientes.

46% de los 2,3 millones de personas encarceladas no tienen un diploma de escuela secundaria, ni las habilidades necesarias para competir en un mercado laboral cada vez más pequeño. Esto significa que alrededor de un millón de personas no conseguirá nunca nada más que empleos sin calificación, bajos salarios, beneficios empobrecidos, en trabajos socialmente ingratos y probablemente en un ambiente mental y espiritualmente sofocante.

Poco se necesita conjeturar sobre lo que va a pasar con esos millones no calificados y sin educación que han resultado fallidos por estas escuelas que continúan siendo erosionadas. Van camino a las prisiones, porque estos jóvenes son la carne preferida del sistema penal de la (in)justicia.

Es por esto que puede existir el cierre récord de escuelas públicas en todo el país y, al mismo tiempo, somos testigos del surgimiento de empresas respaldadas por las escuelas charter y las cárceles privadas. El mensaje a la gente es que los elegidos son unos pocos que serán educados, y el resto quedará bloqueado en la lucha contra su propia condición de primariedad. Por eso tenemos que seguir esta lucha”.


Citas y Referencias:
- Adwoa Masozi, “Stealing From The Mouth of Public Education to Feed the Prison Industrial Complex,” Institute for Policy Studies, February 27, 2012, http://www.ipsdc.org/blog/stealing_from_the_mouth_of_public_education_to_feed_the_prison_industrial_complex.
- http://www.mediafreedominternational.org/2012/03/13/stealing-from-the-mouth-of-public-education-to-feed-the-prison-industrial-complex/
Estudiante investigador: Annika Jaeger (Santa Rosa Junior College)
Evaluador académico: Susan Rahman (Santa Rosa Junior College).



Fuente: ágora global.com













"... Se dice que los castigos corporales han sido abolidos, pero no es verdad"- Louk Houlsman


"... Se dice que los castigos corporales han sido abolidos, 
pero no es verdad. He ahí la prisión, que degrada la incolumidad 
corporal: la privación de aire, de sol, de luz, de espacio, el confinamiento 
entre cuatro muros estrechos, el paseo entre rejas, la promiscuidad con 
compañeros no deseados, en condiciones sanitarias humillantes, el olor, 
el color de la prisión, las comidas siempre frías, en que predominan las 
féculas hervidas (no es por azar que las caries dentarias y las molestias 
digestivas se suceden entre los detenidos); tales sufrimientos físicos 
implican una lesión corporal que deteriora lentamente"

HULSMAN, Louk- "El enfoque abolicionista: políticas criminales alternativas". Criminología crítica y control social.


“El proceso penitenciario comienza desde que entraste y dejaste de ser vos. De ahí en más, mientras te enseñan a vivir en cana, sos un preso. Y después, cuando salís a la calle, seguís siendo un preso, porque te hicieron un preso” Mariano (De: “Experiencias de liberados de cárceles de la Provincia de Buenos Aires. Un estudio de casos”. Fabián Viegas Barriga- 2011)


LOS EFECTOS DE LA CÁRCEL SOBRE EL PRESO: CONSECUENCIAS DE INTERNAMIENTO PENITENCIARIO

Dr. Jesús Valverde Molina.
Prof. Titular de la Fac. de Psicología de la Univ. Complutense de Madrid- España.


1. INTRODUCCIÓN
- La ciencia como estructura de poder.
El diagnóstico como etiqueta
El diagnóstico como encuentro
- Ir hasta él y quedarme allí
- El encuentro como estrategia de investigación y de intervención
- Conocer, comprender y compartir

2. EL CONCEPTO DE ADAPTACIÓN.
- Toda conducta es adaptativa
- La inadaptación es resultado de la prudente y protectora distancia con que trabaja la ciencia
- La conducta se adapta al ambiente en que vive la persona
- ¿Personalidad delincuente o conducta desadaptada?
- Hemos estudiado al “delincuente” en el contexto anormalizador de la cárcel
- Por tanto, es el “recluso”, no el “delincuente” el que estudiamos.
- Y eso que se plantea como características personales que llevan al comportamiento desadaptado no son sino “sanos” mecanismos de adaptación a la cárcel, estrategias de supervivencia
- Lo que está “loco” es el ambiente de la cárcel, no es la conducta que se adaptada a ese ambiente
- Por eso, para entender las consecuencias de la cárcel, es preciso partir de las características del contexto penitenciario.

2. ASPECTOS GENERALES DEL INTERNAMIENTO PENITENCIARIO
2.1. Predominio del régimen sobre la intervención
- Predominio de los planteamientos judiciales
- El reglamento como restricción e la vida
- El reglamento como sistema de dominación

2.2. La estructura arquitectónica
- La arquitectura en función de la seguridad
- La cantidad de espacio
- diferencias entre el “espacio existente” y el “espacio disponible”
- Restricción de movilidad
- El hacinamiento
- Hacinamiento físico (las cárceles son grandes, pero no para el preso
- Hacinamiento psicológico (imposibilidad de estar solo)
- La calidad del espacio
- Rápido deterioro
- Espacio despersonalizado

2.3. La vida en la prisión
1. La cárcel como sistema social alternativo
- Dos ámbitos en relación
- Frente a la institución
- La sociedad de los reclusos
- Lucha por la supervivencia
- El “Código del recluso” como sistema de dominación

2. La utilización del tiempo y el espacio
- Nada que hacer y no poder hacer nada
- Escasez de personal de tratamiento
- Hacinamiento
- La participación de personas ajenas a la prisión
- “En la cárcel no se viven 365 días al año, sino un día 365 veces”

3. La educación y la cultura
- Las carencias previas
- Condiciones para la intervención educativa
- Espacio físico
- Personal docente
- Programa educativo adaptado a la población

4. El trabajo en la cárcel
- Dos tipos de actividades laborales
- Los “destinos”
- Se encargan de los trabajos diarios en la prisión
- Bajo nivel de salario
- El privilegio de ocupar el tiempo
- Los “destinos” como presos e confianza
- El trabajo en talleres:
- Dos tipos de talleres:
- De formación
- De producción

5. La vida en el patio
- Espacio inhóspito, reducido y peligroso
- El tiempo en el patio
- la ausencia de actividades (pasear o estar sentado)
- El paseo
- Consecuencias de la estancia en el patio:
- Sensación de vacío
- Estado de ansiedad
- Pensamientos y conversaciones obsesivas
- Mayor riesgo de drogadicción
- Definitiva pérdida de la capacidad de decisión

2.4. El personal de las cárceles
- El repliegue del personal
- El personal como “chivo expiatorio”
- La eficacia
- La formación
- Las relaciones entre funcionarios y presos
- El personal voluntario o de otras instituciones



3. CONSECUENCIAS DE LA PRISION SOBRE EL RECLUSO
1. CONSECUENCIAS SOMATICAS.-
1.1. PROBLEMAS SENSORIALES

1.1.1. La visión.-
- ruptura del espacio ("ceguera de prisión“)
- contrastes de iluminación (gafas de sol)
- escaso contraste de colores (ausencia de tonos cálidos)
- consecuencias:
- dolores de cabeza
- deformación de la percepción visual,
- perturbaciones espaciales
- empobrecimiento de vida (un mundo en blanco y negro)

1.1.2. La audición
- alto nivel de ruido
- rumor permanente
- consecuencias:
- problemas de oído.
- problemas de concentración
- monotonía de sonidos

1.1.3. El gusto
- comida insípida
- pobreza en la diversidad de sabores

1.1.4. El olfato
- La cárcel huele
- pobreza olfativa

1.2. ALTERACIONES DE LA IMAGEN PERSONAL.-

1º) Déficit en la percepción del propio cuerpo.
- Dos tipos de fenómenos:
1.- Pérdida de la imagen de su propio cuerpo:
- carencia total de intimidad que tiene graves consecuencia para la propia identidad.
- efectos sobre la propia imagen corporal (evita mirarse al espejo)
2.- Mide mal las distancias (confusión entre los límites del propio cuerpo y los del entorno, sobre todo en los presos en régimen y los encerrados en celdas de aislamiento).

2º) Falta de cuidado personal:
1.- falta de aseo personal
- deficiencias en las instalaciones
- pérdida de motivaciones para asearse.
2. mala imagen de sí mismo

1.3. AGARROTAMIENTO MUSCULAR (TENSIÓN MUSCULAR)
- Músculos fuertemente "agarrotados".
- Causas:
- exceso de grasas en la alimentación
- escasa movilidad
- ansiedad
- sensación de peligro
- Consecuencias:
- frecuentes contracturas musculares
- dolores
- alteraciones del sueño
- movimientos rígidos

3. CONSECUENCIAS PSICOSOCIALES.-

3.1. COTIDIANIZACIÓN DE LA VIDA.-
- "ambiente total" (toda la vida se estructura en torno a la cárcel)
- Consecuencias en la cárcel:
- exageración de las situaciones (relevancia de las pequeñas cosas)
- "vivir la prisión
- Consecuencias posteriores:
- “atrapados en el tiempo”
- dificultad para elaborar un proyecto de futuro

3.2. AUTOAFIRMACIÓN AGRESIVA O SUMISIÓN FRENTE A LA INSTITUCIÓN.-
- Estructura poderosa de la cárcel frente a debilidad del preso (percepción de la vulnerabilidad)
- Necesidad de autoafirmación para mantener la autoestima
- La cárcel como sistema de aniquilamiento
- “espacio para castigar”
- necesidad de defenderse
- Elección entre extremos: enfrentamiento v/s sumisión

1º) Enfrentamiento:
- Diagnóstico desde la distancia: anomalías, patologías, inadaptación…
- Diagnóstico (desde la cercanía): mecanismo de supervivencia, adaptación al contexto penitenciario.
- El enfrentamiento como indicador de salud mental
- Consecuencias:
- En la cárcel: endurecimiento institucional
- En libertad: no reconocimiento del daño

2º) Sumisión:
- Sometimiento absoluto
- Consecuencias:
- En la cárcel: mayor suavidad en el internamiento
- En libertad: Inadaptación: (el caso de los violadores)

3.3. DOMINIO O SUMISIÓN EN LAS RELACIONES INTERPERSONALES.-
- En un entorno violento todo se vuelve violento
- Necesidad de agruparse:
- Para defenderse
- Para dominar
- Las relaciones a través del “código del recluso”
- Consecuencias:
- en la cárcel
- sensación de peligro
- Rigidez en las relaciones
- en libertad
- dificultad para asumir autonomía personal
- problemas de identidad personal

3.4. ALTERACIÓN DE LA SEXUALIDAD.-
- La sexualidad, como todo lo demás, se anormaliza en la cárcel
1º) Las relaciones sexuales:
- El “vis a vis” (encuentros íntimos)
- No hay tiempo para sutilezas (“deprisa, deprisa”)
- Las habitaciones
- Los cacheos (registros)
- Consecuencias:
- en la cárcel:
- Embrutecimiento del sexo
- Frigidez en la pareja
- en libertad:
- pobreza sexual
- rigidez sexual (ausencia de fantasía)
- problemas de pareja

2º) La homosexualidad:
- ¿Homosexualidad o sexualidad alternativa?: (“A falta de pan…?
- El trafico del sexo en la cárcel
- Escasas consecuencias en libertad

3º) La masturbación.-
- Ausencia de fantasía
- Desahogo pero ausencia de placer

5.5. AUSENCIA DE CONTROL SOBRE LA PROPIA VIDA.-
- Ante:
- una situación institucional poderosa, violenta y anormalizadora, y
- unas relaciones interpersonales fuertemente jerarquizadas y centradas en la dominación
- El recluso llega prácticamente a no tener ningún control sobre su propia vida.

1º) A nivel institucional,
- Depende por completo del régimen de la prisión.
- Reducción drástica de la capacidad de elección

2º) A nivel de la sociedad de los reclusos:
- Depende del lugar que ocupe en las relaciones de poder
- Casi nada depende de él.
- Todo depende del contexto que le rodea del que no puede esperar nada bueno.


3.6. ESTADO PERMANENTE DE ANSIEDAD.-
- En la prisión se está siempre en peligro
- Estado de permanente ansiedad, que se generalizará a todo tipo de situaciones
- y que le conduce a vivir aún con más ansiedad las permanentes tensiones de la vida en la cárcel,
- aumentando con ello las situaciones de riesgo y, por tanto, la ansiedad.
- Consecuencias:
- En la cárcel:
- Aumento de la dependencia de la droga
- En libertad:
- Vive todo con una gran ansiedad.

3.7. EXAGERACIÓN DEL EGOCENTRISMO
- Ante las agresiones el recluso se ve obligado a proteger su propio Yo
- En ese ambiente, le lleva a una exageración del egocentrismo
- Todo se ve en función del interés propio. La sensación de peligro es tal que difícilmente puede el
individuo establecer relaciones de solidaridad
- Consecuencias
- En la cárcel
- soledad
- En libertad:
- Dificultad para establecer relaciones

3.8. AUSENCIA DE EXPECTATIVAS DE FUTURO.-
- Si el recluso no puede controlar su presente, mucho menos puede planificar su futuro.
- A causa de:
- su extremada primariedad del comportamiento
- la imprevisible dirección de su vida en la cárcel,
- Depende de unas expectativas que no está en condiciones de establecer
- Consecuencias:
- En la cárcel:
- “atrapado en el tiempo de cárcel” (dificultad para trascender la cárcel)
- “no ve salida”
- Fatalismo
- En libertad:
- Dificultad para elaborar un proyecto de futuro
- Dificultad en el diálogo terapéutico para ampliar las dimensiones temporales de su vida


3.9. FATALISMO.-
- Se deja llevar por lo irremediable de la situación,
- "lo que tenga que ocurrir, ocurrirá", y él no tiene ningún poder para evitarlo.
- Consecuencias:
- En la cárcel:
- “comerse el coco” (pensamientos obsesivos)
- En libertad:
- Despersonalización
- no pensar en el futuro
- atrapado en presente inmediato
-


3.10. AUSENCIA DE RESPONSABILIZACIÓN
- Apenas tiene ninguna influencia sobre las decisiones que se toman sobre él:
- Actitud pasiva, espera que las cosas "le vengan dadas"
- Delegación de la responsabilidad de la propia vida.
- Acepta pasivamente "lo que se le viene encima", -
- Apatía
- Consecuencias
- en la cárcel:
- infantilización
- abandono
- en la situación de libertad:
- “A verlas venir”
- Dificultad para asumir el protagonismo de su vida

3.11. PÉRDIDA DE VINCULACIONES.-
- La entrada en prisión implica el aislamiento tajante e inmediato
- Consecuencias en la cárcel:
- Restricción de las relaciones interpersonales
- Pérdida gradual de las vinculaciones
- El tiempo de cárcel como tiempo vacío de contenido
- Irá perdiendo la noción de la realidad del exterior.
- Sus recuerdos se irán distorsionando e idealizando.
- Anormalización de las relaciones con personas del exterior:
- El concepto de comunicación
- Los locutorios
- Los “vis a vis”
- Consecuencias en libertad:
- “Perder su sitio” en su contexto. (No encajar)
- Dificultad para establecer vínculos emocionales

3.12. ALTERACIONES DE LA AFECTIVIDAD:
SENSACIÓN DE DESAMPARO Y SOBREDEMANDA AFECTIVA

1º) Estadios iniciales:
- Elevada agresividad
- Dureza emocional
- Capacidad de afecto profundamente enterrada.
- El paso de “deprisa-deprisa” a la lentitud de la cárcel
- Es el momento de la percepción de la propia vulnerabilidad
- Aún no ha llegado al fatalismo
- Consecuencias en la cárcel:
- inafectivo, indiferente, lábil, etc.
- Muy difícil poder conectar afectivamente con él
- Necesita proteger su YO
- Consecuencias en libertad:
- “Sale disparado”
- “recuperar el tiempo perdido y la autoestima”

2º) Estadios posteriores.
- Ha "madurado", aprende a vivir en la cárcel
- Su enfrentamiento con la institución es sórdido.
- Su capacidad de afecto permanece cuidadosamente oculta:
- El caparazón ha aumentado de tamaño y de grosor
- Necesita protegerse
- Se refugia en la idealización del recuerdo
- Profundo desaliento y fatalismo
- Consecuencias en la cárcel:
- desconfiado
- inafectivo
- Inestable
- Lábil
- Consecuencias en libertad:
- Infantilización de sus relaciones afectivas.
- Necesidad de amar
- Carencias de estrategias amorosas
- Enamoramientos casi compulsivos
- Dificultades para la convivencia
- Dificultad en unir sexualidad y enamoramiento


3.13. ANORMALIZACIÓN DEL LENGUAJE.-
- El lenguaje como elemento de exclusión:
- Términos verbales exclusivos de la cárcel
- Entonación peculiar
- Gesticulación diferente
- Características del lenguaje penitenciario:
1º) En cuanto a las palabras:
- términos exclusivos del medio penitenciario, -
2º) En cuanto a las construcciones gramaticales:
- Frases breves y poco elaboradas
- Lenguaje rígido
3º) En cuanto al lenguaje:
- lenguaje exclusivamente informativo
- Pobre en expresiones personales
- Consecuencias en la cárcel:
- Dificultad en la reflexión
- Estimula poco la expresión de las emociones.
- “Encarcelado” también en el lenguaje
- Consecuencias en libertad:
- Dificulta el diálogo terapéutico
- dificultad para reflexionar y establecer vinculaciones en el pensamiento
- dificultad para convertir el pensamiento en palabras
- dificultad para verbalizar el relato de la propia vida y de los recuerdos
- Dificultad en establecimiento de relaciones interpersonales normalizadas
- pobreza lingüística (pocas palabras)
- no se atreve a expresar en palabras sentimientos y pensamientos