En
el año 2003, la periodista Andrea Villaverde, desde Radio El Espectador de
Montevideo, realizó una nota a un interno de la Cárcel de Canelones tras un
motín. Esta nota generó un antecedente que llevó al mismo recluso, dos años
después, a tomar contacto con la periodista con la expectativa de divulgar la
nueva situación en la cárcel. Villaverde visitó el Establecimiento por primera
vez en julio de 2005, y presentó un reportaje que fue seguido atentamente desde
el establecimiento carcelario.
La
periodista profundizó en el informe acerca del Proyecto de Rehabilitación
Voluntaria, y la situación carcelaria en el Uruguay, en un tratamiento serio y
respetuoso que llevó a los reclusos a considerarla merecedora de ser nombrada
"Madrina" de su Proyecto de Rehabilitación. El madrinazgo se tradujo
en el acompañamiento y asesoramiento en la difusión del proceso de trabajo de
los reclusos. Asimismo fortaleció el vínculo de confianza y la relación de la
periodista con los presos.
Andrea
Villaverde fue destinando cada vez más tiempo al seguimiento del Proyecto,
situación que la llevó a renunciar a sus tareas en la radio para dedicarse
plenamente a esta tarea desde dos ángulos: el de la Madrina, netamente al
servicio del Proyecto de Rehabilitación Voluntaria, y el de la Periodista, que
se propuso entonces ir más allá y proponer la realización de un documental que
registrara los vaivenes y avatares de este grupo de gente que trabajaba por su
regreso a la sociedad.
El rasgo más distintivo que descubrí
en este proceso-dice Andrea Villaverde- es el que me llevó a darle el nombre al
Proyecto Documental: “Desde Adentro”. Este proceso es llevado por los mismos
involucrados, invirtiendo los caminos ortodoxos: no son el gobierno, una ONG o
una organización religiosa quienes intentan penetrar los muros de la cárcel
para convencer delincuentes y lograr su reinserción social; son ellos mismos
quienes proponen el camino, con sus códigos propios y vivencias
intransferibles, dando los pasos que ellos entienden, a su forma y ritmo.
Eso sí: pidiendo ayuda a
quienes desde afuera están en condiciones de colaborar.
Pocas veces se puede
atestiguar un hecho de estas características desde la situación en la que me
encuentro: cuento con la confianza y el acceso total al medio que los reclusos
habitan. Cuento con su palabra, que según ellos mismos dicen, es lo único que
tienen, y que defienden a ultranza.
A partir de la difusión que
hicimos, muchas cámaras han ingresado a realizar notas acerca de la situación:
ninguna llegará tan profundamente como la nuestra.”
Idea
Original e Investigación: Andrea Villaverde - Producción Ejecutiva: Andrea
Villaverde / Mario Jacob - Dirección: Vasco Elola - Producción: Mario Jacob -
Sonido / Asistencia General / Cámara adicional: Kico Márquez - Edición: Manuel
Rilla / Vasco Elola / Fernando Epstein - Post Producción & sonido: Daniel
Márquez - Camara y Fotografía: Vasco Elola - Música: Manuel Rilla / Ernesto
Tabárez - Tema original "Nuestros Colores": Pablo Joubert - Foto Fija:
Juan Manuel Urruzola - Materiales de Archivo: Teledoce / Canal 10 / Canal 4
Montecarlo - Sonido adicional: Nicolás Almada / Álvaro Rivero - Clasificación y
Secuenciación: Federico Beltramelli
Diseño
Web: Agile Works - Diseño: Bruster.com.uy
De: www.fromtheinside.tv/4807/Proyecto
FILMAR UNA CÁRCEL DURANTE TRES AÑOS ES COMO
ESTAR METIDO EN UNA ESPECIE DE CÚPULA DE VIDRIO. ES UN PUEBLO DE 800 PERSONAS
DONDE PASA ABSOLUTAMENTE DE TODO”, EXPLICA VASCO ELOLA DESDE SU ESCRITORIO
MIENTRAS SU ESPOSA Y SOCIA, ANDREA VILLAVERDE, APRUEBA CON UN GESTO DE LA
CABEZA. EL ENCUENTRO ES EN LA PRODUCTORA PUBLICITARIA QUE DIRIGE ELOLA, LAS
PAREDES DE LA OFICINA ESTÁN CUBIERTAS DE MUÑECOS DE SUPERHÉROES; LA FRIVOLIDAD
DE ESE NEGOCIO Y LA FANTASÍA DE LOS CÓMICS FORMAN UN CONTEXTO MUY DISTANTE DEL
QUE SE HABLA EN ESE ESPACIO DONDE EL ÁNIMO SE SIENTE CONTRARIADO. HACE CASI
OCHO AÑOS QUE ESTA PAREJA SE RELACIONA CON LA VIDA EN LA CÁRCEL DE CANELONES:
UN AÑO Y MEDIO DE INVESTIGACIÓN, TRES DE RODAJE (2006-2009), OTROS TRES DE
MONTAJE. LLEGÓ EL MOMENTO DE PRESENTAR EL DOCUMENTAL DESDE ADENTRO Y EL
ENTUSIASMO SE MEZCLA CON LAS GANAS DE SALIRSE DE ESA REALIDAD DESESPERANTE. DEL
MUNDO QUE CONOCIERON HACIENDO SU PELÍCULA, HABLAN EN ESTA NOTA.
-El punto más valioso del documental es que
se filmó durante tres años en la cárcel, siguiendo el proceso de cerca, ¿fue el
plan desde el inicio?
-Andrea Villaverde
: La cosa empezó un año y medio antes de que empezáramos a rodar. Cuando asumió
Tabaré Vázquez declaró el “estado de emergencia carcelaria” y se puso en marcha
un proyecto de ley que se terminó de aprobar a mediados de 2005 según el cual
se descontaba a los presos un día de pena por cada dos de trabajo. Los presos
de la Cárcel de Canelones ya estaban trabajando desde antes, por iniciativa
propia, en lo que llamaron Proyecto de Rehabilitación Voluntaria; ya habían
armado condiciones de trabajo que el director de la cárcel (Oscar Del Puerto)
había habilitado y ellos invitaron a la prensa para explicarlo. En ese momento
yo trabajaba en El Espectador, en 2003 había tenido contacto con algunos de
ellos porque ocurrió un motín, y en 2005 me llamaron, fui e hice un informe
sobre este proyecto que les gustó mucho, lo escucharon en toda la cárcel, y ahí
le propuse al Vasco filmar ese proceso.
-Y se presentaron al FONA.
-Vasco Elola:
Primero nos presentamos al Doctv y no haberlo ganado fue una bendición rara,
porque nos hubieran dado el doble de dinero que el FONA pero teníamos que
filmar en tres meses y eso a mí me inquietaba porque por muchas razones me
parecía que la práctica de dejar pasar el tiempo era esencial, empezando por
nosotros mismos, para no dejarnos influir por algo que era inmediato, que en
ese momento parecía ser maravilloso. Y no es que quisiéramos que no lo fuera,
pero sí queríamos saber en qué iba a terminar. Ahí ganamos el FONA e incluso
nos excedimos del plazo establecido.
-¿Cómo determinaron el fin del rodaje?
-VE: Dejamos de
filmar cuando uno de los dos protagonistas quedó en libertad, la historia que
habíamos encontrado ahí adentro tenía un gran punto final ese día.
-AV: Al principio
fuimos a buscar a todos los involucrados con ese proyecto, los protagonistas de
Desde adentro son los principales dirigente, digamos. Pero el proyecto fue
mutando, pasó a un segundo plano y la historia personal de cada uno fue
cobrando importancia, no porque nosotros lo buscáramos así sino porque se fue
dando.
EQUIPO
Vasco
Elola estudió sociología y periodismo pero se enfocó en el audiovisual desde
1985. Fundó junto a Walter Tournier y Mario Jacob la productora Imágenes,
trabaja en publicidad y dirigió video clips; Desde adentro es su primer largo.
Mario Jacob se hizo cargo de la producción, Kico Márquez del sonido. Elola,
Fernando Epstein y Manuel Rilla del montaje. La música es de Rilla (Genuflexos)
y Ernesto Tabarez (Eté & los problems).
-¿Hubo otras vertientes que registraron y
luego descartaron en el montaje?
-AV: En tres años
de rodaje filmamos más de 60 horas, la película dura 87 minutos…Decidimos ir
por la historia de los dos personajes principales, el vínculo entre ellos, pero
había muchos caminos…
-VE: Son 800
personas que viven, trabajan, comen, se pelean ahí, hay decenas de emergentes,
están los absolutamente inevitables y los absolutamente previsibles. Por
ejemplo en un momento hubo una muerte, lo que no es raro de por sí pero esta
fue muy fuerte porque era un gurís que estaba de pasta y tuvo una discusión con
otro y lo pinchó en un plan pelea. Pero lo pinchó justo en el corazón y mató a
su amigo. Ese fue un momento pesadísimo.
-AV: Tenían 18, 19
años y estaban en un proceso de rehabilitación por consumo de drogas, estaban
trabajando en unos grupos terapéuticos por iniciativa de un psicólogo que
empezó a ir a la cárcel, pero como la Junta Nacional de Drogas no tenía
determinado nivel de resultados lo cerró, y esos chiquilines quedaron
huérfanos. No es que el motivo de la muerte haya sido ese, pero todo ese
trabajo se cortó desde una oficina del Edificio Libertad…hubiéramos podido ir
por ahí y teníamos otra película. Nosotros vivimos toda esa situación pero
decidimos no incluirla en la película.
-VE: Para darte una
idea del nivel de frentes que había que cerrar, no abrir…
-En un momento en que hay tanta tensión
social por la delincuencia esta película propone una mirada muy distinta,
incluso se genera empatía con los protagonistas, ¿les preocupa las críticas que
pueda recibir?
-VE: Yo no voy a
discutir el sufrimiento de la víctima de cualquier delito, ese no es el debate,
el debate es pensar una vez que esos
delincuentes llegan ahí qué sucede, ¿los escondemos? En ningún momento se
identifica los delitos que cometieron, si sabemos qué hicieron es porque ellos
lo comentan pero si poníamos etiquetas de delitos era empezar a hacer una
identificación extraña que es válida fuera de la cárcel. Ahí adentro ellos se
organizan de otra manera y tienen otro nivel de códigos que los jerarquiza. La
idea en general es que vos estás frente a estas personas que están muy
vulnerables esperando ver qué es lo que ellos pueden obtener frente al esfuerzo
que están haciendo. La sociedad está
pensando en construir más cárceles y alargar las penas como si uno le pusiera
una tapa y eso quedara ahí; y eso no queda ahí porque queda ahí para los que
tienen cadena perpetua o pena de muerte y eso acá no existe. Los que están ahí
algún día van a salir, entonces aunque sea desde un punto de vista egoísta vos
podés pensar que te sirve darles otra oportunidad, que se rehabiliten.
-AV: Catuca lo dice
en un momento, cuánto más odio acumulan adentro peor es cuando salen. Conviene
que salgan lo mejor posible.
-VE: Esto no es una
ficción, no se puso textos en sus bocas; si ellos se ven como humanos será
porque lo son. No buscamos retratarlos así, y si vos analizás bien notás que en
un momento cada uno de estos personajes se pisa el palito, se contradice. En el
momento en vos empezás a humanizar a estos personajes empiezan a mostrarse
reservas, y por más carismáticos que sean, por más brillantes que parezcan en
algunos casos, por más queribles, siempre tenemos que estar alertas de no
comprar el paquete.
-AV: Yo creo que
los tres años de rodaje, y el año y medio que yo fui yendo sola a la cárcel
para hacer la investigación, nos dio esa ventaja. Al principio todos te pedían
cámara todo el tiempo, y entraba la cámara y te decían lo que suponían que vos
querías escuchar. Con el tiempo tuvimos la confianza como para enfrentarlos y
debatirlos, preguntarles por las contradicciones, sus acciones.
FINALES FELICES
La película tiene
dos grandes protagonistas, Catuca y Medina. Los dos lograron rehabilitarse,
están en pareja, tienen un trabajo y seguramente asistan al pre estreno de la
cinta.
-Ese cuidado de no dejarse engañar, ¿cómo
repercutió en los rodajes? ¿Cómo llegaban a esas instancias?
-AV: Hubo un tiempo
en que íbamos cada dos semanas, luego teníamos fechas agendadas como cuando iba
la maestra, o los ediles, o cuando el vicepresidente de ese momento (Nin Novoa)
los visitó, luego íbamos a ver con qué nos encontrábamos.
-VE: El viaje de
ida era de una hora y en cada viaje íbamos refrescando todo, haciendo
especulaciones sobre lo que no teníamos claro, qué hablar con quién, pero en el
momento en que llegás te cambia todo: uno no quiere hablar, al otro lo
cambiaron de módulo…
-AV: Nosotros
pusimos algunas pautas, como pedir autorización firmada a cada uno que
filmábamos, y dejar en claro que yo no iba a ingresar a los lugares de
residencia, pero nunca conseguimos el permiso escrito del Jefe de Policía, que
es la autoridad de la cárcel, autorizándonos a entrar. Era de teléfono, digamos:
el día anterior o el mismo día del rodaje yo llamaba al director de la cárcel y
me daba permiso o no. Durante esos tres años, cada día que filmamos, con la
Guardia la situación fue la misma: parecía que no supieran quiénes éramos ni
qué íbamos a hacer ahí, pero no nos molestaron, ni la Guardia ni la Policía. A
lo largo de todo el rodaje hubo una cuota de “qué va a pasar hoy cuando
lleguemos”.
-VE: Al mismo
tiempo nuestra principal garantía ahí adentro era que estábamos con los presos.
A nosotros no nos veían solos, siempre estábamos acompañados por dos o tres
presos referentes.
-Fueron dos años y medio de montaje…
-AV: Y cuando ya
estaba bastante armado tuvimos que eliminar a uno de los personajes, porque el
hombre salió en libertad un año antes que el resto y nos lo encontramos y había
conseguido un trabajo en una multinacional que si lo llegan a ver en la
película…
-VE: Ni siquiera él
me lo pidió pero no podíamos hacerle eso y hubo que deshacer secuencias enteras
que estaban armadas. La primera vez que entré en la cárcel la pregunta que yo
me hacía era cómo es estar preso, cómo es vivir en una cárcel y hacia el último
día del rodaje ya me venía contestando desde hace un tiempo que esa pregunta
era un delirio, no te la podés contestar. Es inimaginable, los tipos están ahí
y alucinan, este señor que sacamos de la edición nos decía “a mí me encanta que
vengan porque tienen olor a calle”, y realmente olés distinto, no es una figura
poética.
-AV: En la Guardia
y la Policía había otra película posible. Realmente los policías trabajan en
unas condiciones terribles, la oficina es al fondo de un corredor donde están
las celdas, lleno de charcos, tienen un sucucho con dos sillas de plástico, un
calentador, ni una ventana para estar horas escuchando ese infierno.
-VE: Los policías
están presos con ellos.
-AV: Y se da otra
situación que es que algunos policías se sienten discriminados cuando por
ejemplo, llegan cosas nuevas para los presos. Era otra película, pero nos
cuidamos de enfocarnos…la principal discusión del montaje fue esa, qué película
hacemos, fue una discusión larga.
-VE: Yo no sabía si
ahí teníamos una miniserie o un documental, hasta ese punto llegamos.
Esta entrevista se publicó el
sábado 3 de agosto en Sábado Show.
De: ParaVER.com.uy
VILLAVERDE Y ELOLA HABLAN DE LA EXPERIENCIA DE IR 3
AÑOS A LA CÁRCEL DE CANELONES
"Desde
adentro": todo lo que no se ve
Mañana se estrena
el documental uruguayo "Desde adentro", que sigue durante tres años
la vida de un grupo de reclusos de la Cárcel de Canelones. El Paísdialogó con sus realizadores: Andrea Villaverde y Vasco
Elola.
Gonzalo Palermo
En 2003, Villaverde,
por entonces periodista de radio El Espectador, entrevistó a un recluso de la
Cárcel de Canelones tras un motín. El propio interno se puso en contacto con
ella dos años después para informarle sobre el Proyecto de Rehabilitación
Voluntaria y Villaverde siguió el tema durante 18 meses, estrechando su vínculo
con la población carcelaria y originando la idea de ir más allá. "Yo nunca
había entrado a una cárcel. Me impactó mucho el empuje que ellos tenían para
reinventarse, y me quedó rumiando la necesidad de hacer algo con eso",
responde ella. Fue entonces cuando decidió dejar su trabajo en la radio para
abocarse al documental. "Andrea llegó un día a casa y me dijo: renuncié a
la radio, quiero hacer este documental, ¿vos lo querés hacer conmigo?",
cuenta Vasco Elola, director de la película y pareja de Villaverde desde hace
25 años, quien junto al productor Mario Jacob y los editores Manuel Rilla y
Fernando Epstein completa el equipo de trabajo de Desde adentro.
En diciembre de 2006
empezaron a filmar en una cárcel de más de 800 internos. "Cuando entra la
cámara, en la cárcel ya me conocían; estaban acostumbrados a que yo entrara. No
solamente la gente que estaba trabajando sino todos los que estaban mirando
desde atrás de las rejas", recuerda Villaverde. Según Elola, fue clave, a
la hora de establecer un vínculo de confianza con los presos, que fuera
justamente una mujer quien encabezara el proyecto.
Desde adentro se
construye y funciona en base a una mutua colaboración: los presos que
encuentran en los realizadores un nexo con el exterior y estos últimos que a su
vez encuentran en los primeros una historia para contar. Catuca y Medina,
coordinadores del Proyecto de Rehabilitación Voluntaria, fueron las dos voces
que se perfilaron naturalmente como las principales. De esta manera, el
documental está sujeto a sus dos miradas, sus idas y vueltas, sus estados de
ánimo y hasta sus contradicciones a lo largo del tiempo. "No estamos
mostrando `la cárcel tal cual es`; estamos mostrando una realidad, que es la
realidad que estas personas permitieron y quisieron mostrar", explica
Villaverde, y Elola agrega: "Medina tenía una formación más política,
podía sintetizar determinadas cosas, y Catuca, en su forma de ser y de
expresarse, tenía ese interés que despierta en la gente. Y además, Catuca, por
haber liderado algunos movimientos de la cárcel, tenía un respeto muy grande
por parte de los presos".
Historias
En varios pasajes de
la película se muestran fragmentos de reportajes de informativos: mientras el
periodista de Subrayado afirma en 2005 que "el motín empezó cuando los
reclusos incendiaron el módulo", Catuca, dos años después, responde que "aquello
no fue un motín; fue un incendio accidental". Una muestra evidente de que
la intención de los realizadores es explicar justamente los hechos desde
adentro y como parte de la vida carcelaria, no como eventos aislados
comprimidos en tres minutos. No como la realidad sino como una versión.
"El que vaya a ver una crónica periodística de una cárcel se va a ir
decepcionado", asegura Elola.
Desde adentro pone el
acento en la rehabilitación -con el Proyecto como eje- más que en las penas.
Tanto que en un documental sobre presos nunca se habla directamente de los
crímenes. "Nos pareció que si empezábamos a categorizarlos de esa manera
íbamos a caer en un error con respecto a lo que estábamos tratando de decir,
porque empiezan las chapas: `fulano hizo tal cosa`, `mengano hizo tal otra`. Y
en definitiva ahí adentro se trata en realidad de cuestionarse si la cárcel es
un lugar adecuado, como está entendida hoy, para que realmente sea un beneficio
para la seguridad pública. Normalmente se sostiene que la cárcel es una
solución para la seguridad, y de las pocas cosas que nosotros podemos decir es
que la cárcel es un problema para la seguridad, no una solución", asegura
el director. "Nosotros no estamos diciendo que si alguien comete un crimen
no vaya preso", interviene Villaverde. "Lo que estamos diciendo es:
`hagamos algo con esa persona` y no `depositémosla en un lugar y bajemos la
cortina como si no estuviera`. Porque esa persona está ahí y va a salir en
algún momento".
Discusión
Durante los tres años
de rodaje que llevó la película la discusión sobre la inseguridad en Uruguay se
agudizó. El estreno llega en tiempos donde los jóvenes infractores, las penas
más severas y la población carcelaria son temas candentes. Desde adentro
funciona como un insumo más -de enfoque profundo en comparación con una nota
televisiva- para el diálogo. Elola es consciente de esto. "¡Yo quiero que
nos discutan! ¿Cómo va a reaccionar alguien que acaba de recibir cuatro balazos
o que lo robaron cinco veces en la panadería? El problema es que si la gente no
discute desde otro ángulo va a seguir agravándose la tendencia de que hay que
aumentar las penas, reducir la edad de imputabilidad y tratar a la gente peor
adentro de la cárcel".
"La película
puede dar una aproximación a cómo se vive dentro de una cárcel y a cómo piensan
y sienten personas que desde afuera las ves venir y cruzás la calle",
concluye Villaverde. Un rodaje lleno de
desafíos
"Tenemos 60 horas
de material y fuimos casi 50 veces a la cárcel. Nos imponíamos no grabar más de
una hora por visita", explica el director. "Fue intenso en lo que se
llevó de tiempo, por muchas razones. Lo que más costó fue encontrar la forma
final. Además estuvo bueno dejar pasar tiempo después que dejamos de grabar,
porque eso nos daba una perspectiva de qué era lo más anecdótico y lo realmente
universal y permanente de lo que estaba sucediendo". El proceso de edición también fue importante, según cuenta Villaverde.
"Hubo secuencias enteras que las habíamos visto dos años antes, y después
de filmarlas las veías en bruto y decías `esto tiene que estar`. Pero al final
tenías que sacarlas".
Los verdaderos cambios sociales hacia el bienestar general exigen que cada uno, desde su lugar, aporte, en consenso o en discenso, y para ello no hay otro camino que ponerse la piel del Otro. Como Andrea y Vasco. Por varios años la vistieron. Y valió la pena.
Para Carlos Rodríguez,
el policía fallecido
en el asalto
al Correo en Pocitos.
Carlos Rodríguez no fue mi alumno pero pudo haberlo sido: hasta el año pasado, el Proyecto atendía por igual las necesidades educativas de internas/os y personal policial; por otro lado, es frecuente que en mi Liceo Rural, muchos de los alumnos del Nocturno pertenezcan a los cuadros de la Policía o el Ejército.
He tenido, entonces, la oportunidad de trabar una relación persona a persona en distintos ámbitos; he sentido el inmenso placer de acompañarlas en ese pequeño tramo del camino, en el que intercambiamos distintos saberes.
El vínculo humano esencial ha aprendido a sortear ciertas fronteras que, éticamente inadmisibles, perduran por imperio de dos grandes poderes: el Miedo y el Dinero. Porque, en definitiva, y en nuestra íntima naturaleza, todos somos iguales: el ángel y la bestia, en el mismo estuche.
Que Carlos Rodríguez haya sido ese hombre valiente y fiel a su vocación, el hijo admirado, el hermano siempre dispuesto, el compañero innegablemente querido y respetado por sus pares, el ciudadano que no pudimos preservar, NO FUE UNA CASUALIDAD. Sin duda, hubo una FAMILIA ATENTA, DOSIFICANDO AMOROSAMENTE LOS LÍMITES que todo niño/a necesita vivenciar para convertirse en un ser adulto emocionalmente sano. Tan sano que quería rumbear de nuevo pa´su tierra, porque con claridad meridiana estaba percibiendo el caos de la capital.
Que Carlos Rodríguez tuviera que demostrar su lealtad con la sola mediación de "un escarbadiente", eso, eso ya es harina de otro costal. Pertenece al plano de las responsabilidades tácitas de quienes fueron mandatados para la mejor conducción del país, para el bienestar moral, social, cultural de sus habitantes (y no exclusivamente el económico). A propósito, Marx sostenía la inutilidad de todo proceso que no desvele la alienación económica. Éste no la ha desvelado, sin duda; los datos están a la vista.
¿Qué representante internacional tendrá que venir a tirarles las orejas a las Autoridades en esta ocasión? ¿Qué Organismo tendrá que señalarles que también es atentatorio el estado en el que está inmerso el personal policial del país, que no recibe capacitación, que no cuenta con armamento que date de siquiera diez años atrás, que no... que no... y la enumeración es archiconocida para seguir extendiéndonos, ¿no? Así que, no hubo rubros para la Educación; tampoco para la Salud; aún menos para la Policía. ¡Qué progresismo, Señores!
¿Cuál es la inversión viable a "Vuestro alto criterio"? Porque, a decir verdad, tampoco los ha conmovido demasiado la situación de los/as privados/as de libertad. Esta página debería ofrendar unas cuantas decenas de distintivos negros, porque ya hubo que llegar al extremo de motines, incendios, destrucción de módulos, visitas de la relatoría, advertencias sucesivas del Comisionado Parlamentario, etc., etc., (sin incluir a las víctimas civiles de la Violencia YA INSTALADA) para que ustedes se resolvieran a empezar a diseñar alguna estrategia para "tapar el ojo". ¿Les será tan difícil comprender que JONATHAN PÉREZ y JÉSSICA JUÁREZ terminan cometiendo actos bárbaros porque no hubo ni una madre ni un padre ni una abuela ni una tía que AMOROSAMENTE DOSIFICARA LOS LÍMITES del futuro adulto/a emocionalmente sano?
¿Cuántos muertos/as más deberemos sufrir, Afuera y Adentro, para que ustedes se despojen de SU ALIENACIÓN?
El representante de Unicef en Uruguay, Egidio Crotti, alertó que
bajar la edad de imputabilidad penal para resolver los problemas de inseguridad
es una opción "muy simplista" y "peligrosa" porque coloca a
la adolescencia "como un enemigo público".
Crotti habló con Efe sobre el proyecto surgido por el Partido Colorado de
convocar un referéndum para rebajar de los 18 a los 16 años la edad penal y
endurecer la Justicia juvenil. Ese proyecto recabó más de 350.000 firmas,
superando las necesarias.
Según dijo Crotti, lo que más le preocupa de una medida de este tipo, que de
acuerdo con las encuestas cuenta con el apoyo de dos tercios de la población,
es que pone al adolescente "en el imaginario colectivo como un
enemigo".
"En todas las sociedades, siempre manejadas por viejos, hay miedo a la
adolescencia. Eso es algo normal, pero cuando se transforma en una
criminalización automática de los adolescentes, particularmente -no nos
engañemos- de los adolescentes pobres de los medios periféricos urbanos, eso es
peligroso", razonó.
En la sede de Unicef en Montevideo, Crotti recordó que parte del problema en
Uruguay es de "percepción", ya que éste sigue siendo uno de los
países más seguros del continente. "Una cosa son los datos, otra cosa la
percepción sobre seguridad ciudadana", indicó.
Sin embargo, "muchas veces la percepción se transforma también en
realidad, y desde la responsabilidad política uno no puede decir que es solo
una percepción y no la verdad. Por eso es un fenómeno complejo", explicó.
Según el Poder Judicial uruguayo, tan sólo el 4,5 % de los delitos, incluidos
los asesinatos, son cometidos por menores. En el primer trimestre de 2012 se
cometieron en Uruguay 88 asesinatos, por lo que estadísticamente menos de
cuatro de ellos habrían sido perpetrados por adolescentes.
Crotti explicó que "entre esos 88 asesinatos hubo 12 casos de muerte por
violencia doméstica y 17 por riñas espontáneas. Pero sólo relacionan la
violencia con los menores".
"La relación que existe en Uruguay entre la percepción masiva de la
inseguridad y el papel de los adolescentes no está sostenida por ningún dato
empírico serio", denunció el funcionario, que se quejó de cómo se informa
sobre la inseguridad y de la existencia de noticias
"malintencionadas". Por ejemplo, lamentó que se diga que en Uruguay
la edad penal son 18 años, cuando en realidad existe un sistema de
responsabilidad penal juvenil que va de los 13 a los 17 años.
"Hay que hacer un análisis de otro tipo, como pensar en prevenir el
delito, ver qué sucede con las economías ilícitas, o qué política se tiene ante
el consumo problemático de drogas", propuso.
Crotti pidió además en nombre de Unicef que un asunto tan sensible e importante
se debata "con menos interferencias político-partidarias" y "más
cuidado" a la hora de usar en el debate "lo que son las respuestas de
sensibilidad normal de la gente frente a hechos particularmente graves".
El funcionario se refirió así a la manifestación que se llevó a
cabo el pasado lunes frente a la sede presidencial. "Está muy bien que la sociedad
se movilice buscando mayor seguridad", pero "lo malo es cuando se
basa en reacciones emocionales de la gente", manifestó.
"Una vez que se desencadena el sistema de criminalización de una parte de
la población, es difícil dar marcha atrás", concluyó Crotti.(EFE)
Unicef:
adolescentes "no son impunes", pero deben tener un "sistema
penal distinto" al de los adultos por tener más posibilidades de cambiar
De:
Radio Elespectador.com
01.10.2012 | 17.17
En
Perspectiva
El debate sobre la baja de la edad de imputabilidad penal a
los 16 años ya está totalmente instalado en Uruguay, y más ahora que se ha
confirmado un plebiscito sobre el tema en 2014. ¿Qué papel juega en esta
discusión Unicef, la organización que vela por los derechos de los niños en
todo el mundo? Para profundizar en ello, En Perspectiva entrevistó a Egidio
Crotti, representante de Unicef en Uruguay desde marzo de 2009. Según afirmó
Crotti, la posición de Unicef respecto a los adolescentes que delinquen se basa
en los postulados de la Convención de los Derechos del Niño, que promueve un
sistema de responsabilidad penal "específico para adolescentes", con
"penas distintas" al de los adultos y una finalidad
"prioritaria" de reinserción social. Crotti destacó, de todas formas,
que eso no implica que Unicef promueva "ni la impunidad ni la
irresponsabilidad de los adolescentes". Consideró, por otro lado, que el
actual sistema de responsabilidad penal juvenil de nuestro país "no está
funcionando" y que es necesario pensar en "un sistema de medidas
alternativas a la privación de libertad serias" para evitar la
reincidencia.
(emitido a las 9.04 Hs.)
EMILIANO COTELO:
¿Qué papel juega Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para
la Infancia), la organización que vela por los derechos de los niños en todo el
mundo, acá en Uruguay en la discusión sobre la baja de la edad de imputabilidad
penal?
Para el senador Pedro Bordaberry, uno de los principales
impulsores de la campaña de firmas que consiguió que se convoque a un
plebiscito que ocurrirá en octubre de 2014, la posición de los representantes
de Unicef en Uruguay es “contradictoria” y falta de “coherencia”, pero además
está influida por “asesores” de la organización que “militaron en el Frente
Amplio recientemente”.
Con estos argumentos Bordaberry criticaba, en una
entrevista que le hacíamos en En Perspectiva el mes pasado, la postura de
Unicef, que se ha manifestado en contra de bajar la edad de imputabilidad
porque, a su entender, es una opción “muy simplista” y “peligrosa”, y coloca al
adolescente “como un enemigo público”.
Esta mañana vamos a profundizar en estas consideraciones de
Unicef, a averiguar qué responde la institución ante las críticas del senador
Bordaberry, pero además y sobre todo, cuál es su opinión sobre el debate de
fondo, qué participación va a tener en la polémica, en la campaña que habrá
sobre el plebiscito que se viene. En los próximos minutos, el diálogo es con
Egidio Crotti, representante de Unicef en Uruguay desde marzo de 2009.
Una pregunta en general, para empezar, respecto de la edad
de imputabilidad penal para los adolescentes: ¿Unicef tiene una posición común
en todos los países en los que opera?
EGIDIO CROTTI:
Unicef tiene una posición común, porque su mandato es
promover la Convención de los Derechos del Niño. Es una primera aclaración
importante, no expresamos nuestra opinión a partir de una ideología partidaria,
sino que nuestra referencia es el tratado de derecho humano más universal que
existe en este momento en el planeta.
EC - Según el informe “Justicia juvenil y derechos humanos
en las Américas 2011”, elaborado por la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos de la OEA, en la que Unicef tuvo participación, “al someter a personas
menores de 18 años al sistema ordinario de justicia, su condición de niños es
totalmente negada y sus derechos violados”. ¿Esa es la postura, en definitiva?
ECr - La postura de Unicef se basa, repito, en la
convención, y en ella hay artículos bastante claros sobre la relación entre el
Estado y el adolescente acusado de cometer delito, de infringir la ley. El
artículo 1 considera niños a todos los menores de 18 años, a menos que la
legislación nacional prevea otro tipo de edad, y el artículo 3740, que es más
específico, es sobre cómo reglamentar la respuesta del Estado frente a
adolescentes que cometen delitos.
Y quisiera aclarar un punto. La convención, y como
consecuencia Unicef, no promueve ni la impunidad ni la irresponsabilidad de los
adolescentes. Esto es importante, la convención no habla de impunidad y sobre
todo no habla de irresponsabilidad. Lo que dice, y por eso mi posición y la de
Unicef, es que los estados, una vez ratificada la convención, se comprometen a
tener un sistema de responsabilidad penal específico para adolescentes, que
tiene algunos puntos muy claros. Una finalidad distinta de los adultos, tiene
como finalidad prioritaria la inserción o la reinserción social. Capaz que eso
tendría que ser también para los adultos, pero para el adolescente es la
finalidad, por eso se habla a veces de medidas socioeducativas.
También penas distintas de las de los adultos, con la
garantía que se dan a los adultos en un debido proceso: derecho a la defensa,
que si una actividad no es un delito para un adulto no puede serlo para un
adolescente, el marco garantista. Y una especialización, que es cómo después se
implementa un sistema penal con jueces, defensores, fiscales, operadores
especializados. También propone una edad mínima por debajo de la cual el Estado
renuncia a cualquier tipo de intervención penal, que en el caso de Uruguay son
los 13 años. Uruguay tiene un sistema –que después podemos ver si está
funcionando bien o no– de responsabilidad penal juvenil de 13 a 18 años.
EC - ¿De dónde sale la edad de 18 años como tope? ¿Cuál es
el argumento científico en el que se basa la idea de que recién al cumplir 18
años una persona está lo suficientemente madura como para responder ante la
justicia ordinaria por los delitos que comete?
ECr - Uno podría decir qué diferencia hay entre 17, seis
meses y 20 días, y 18. Se toma un estándar más o menos internacional para ponernos
de acuerdo.
EC - Se lo pregunto teniendo en cuenta que ha habido
cambios. En muchos países, y aquí mismo en Uruguay, hasta hace no mucho había
dos edades que implicaban una mayoría de edad. Por ejemplo, se podía votar o
sacar una libreta de conducir a los 18 años, pero no se podía firmar un
contrato o no se podía adquirir bienes hasta los 21 años. Eso luego se cambió y
ahora la mayoría de edad a todos los efectos es 18. En definitiva hubo una
evolución, la sociedad entendió que a todos los efectos una persona era mayor a
los 18 años. ¿No podría pasar que esa misma evolución determinara que la
madurez, también a los efectos penales, llegara antes de los 18?
ECr - La convención deja abierto este espacio al decir:
“18, a menos que el país o el Estado defina como edad de mayoría una edad
distinta”. En algunos casos puede ser 21, entonces consideraremos niño o
adolescente debajo de 21; otros países capaz que la quieren bajar.
EC - Por lo visto, de acuerdo con lo que usted señala y con
las convenciones internacionales, no es posible bajarla.
ECr - No, lo que la
Convención dice es que se considera niños a todos los menores de 18 años, pero
en sentido general, no para la responsabilidad penal, a menos que el país tenga
una ley que defina una edad de mayoría distinta, la mayoría global, total.
Entonces si un país considera que hasta los 21 son menores de edad, esta edad
sería 21, y si un país considera que 16 o 17 es la edad de mayoría plena, con
todos los derechos garantizados, entonces la convención se aplicaría desde este
punto de vista.
EC - ¿Si se fuera a los 16 años pero con el acceso a todos los derechos no
habría objeción?
ECr - ¿A qué?
EC - A eso, porque ahora estamos discutiendo solo la rebaja de la edad de
imputabilidad penal. ¿Si viniera acompañada por todos los otros derechos no
habría objeción?
ECr - Desde el punto de vista de la convención sería así.
Pero yo he escuchado también eso de la mayoría a los 16.
EC - También ha comenzado a discutirse eso en Uruguay.
ECr - Personalmente pienso que todo lo que tenemos acumulado de neurociencias y
patrones demográficos nos hace entender exactamente al revés. La expectativa de
vida ahora es mucho más amplia que hace unos 20, 30 o 40 años; entiendo que
hace 30 o 40 años en Uruguay la edad de tener el primer hijo iba entre 21 y 22
y ahora nos acercamos a los 30; en una sociedad desarrollada y moderna el
tiempo de estudio claramente se ha alargado, en el siglo XIX, inicios del XX,
primaria era considerado el mínimo básico, seis años, ahora todas las sociedades
desarrolladas apuntan como mínimo a secundaria completa, para no hablar de
terciaria. Entonces desde un punto de vista, si queremos analizar lo que hay
como cambio, yo vería una adolescencia prolongada. Esto es una visión bastante
personal.
EC - Sí, y quizás sorprendente para muchos oyentes, porque hoy en este debate
paralelo al de la edad de imputabilidad penal que empieza a haber a propósito
de, por ejemplo, a qué edad se debe autorizar a un joven a votar, más bien
tiende a haber un consenso poro el lado de que se podría bajar la edad. En
cambio usted lo ve mal.
ECr - No lo veo mal. En este momento estamos hablando de hipótesis, y repito,
me parece que también debemos mirar los avances de la neurociencia. La
neurociencia ha avanzado mucho en lo que es primera infancia y el desarrollo
del cerebro, ha habido una cosa muy interesante, una convergencia entre la
parte genética y la parte del entorno. Se sabe ahora que el cerebro sí tiene
una herencia genética, pero se desarrolla a partir de los estímulos externos, y
eso sigue avanzando en la adolescencia. Entonces eso de los 18, que fue tomar
un corte a partir de la referencia más amplia internacionalmente, tampoco era
descabellado. Creo que también por eso hay esa idea de un sistema penal
distinto para adolescentes, porque hay más posibilidades de cambio, porque
todavía no ha habido un desarrollo completo; lo que no significa incapacidad,
expresa ese concepto de autonomía progresiva. Creo que esto es algo sobre lo
cual vale la pena que la sociedad discuta y vea los pros y las contras.
***
EC
- Vayamos a la polémica en la que ha quedado inmersa Unicef, y sobre todo la
representación de Unicef en Uruguay.En la entrevista
que le hacíamos hace pocos días aquí en En Perspectiva, el senador
Pedro Bordaberry decía que Unicef y usted mismo en los distintos cargos que ha
ejercido en diferentes países de América Latina han tenido posiciones
contradictorias, han tenido posiciones diferentes con respecto a este asunto
que ahora se debate en Uruguay, la rebaja de la edad de imputabilidad penal a
los 16 años. Lo planteaba en estos términos:
(Audio Pedro Bordaberry.)
“Hay que
ver qué fue lo que hizo el señor Crotti en Chile, cuando Chile pasó al nuevo
sistema penal juvenil, y él y la oficina de Unicef en Chile dijeron qué penas
de reclusión para menores de 16 a 18 años estaban bien. Hay que tener una
coherencia. Y también hay que ver qué dijo Unicef Argentina cuando se propuso
la rebaja de la edad a los 16 años allá. Se necesita una cierta coherencia en
estas cosas”.
(Fin.)
EC - ¿Usted ha participado en el debate sobre estos temas en otros países
latinoamericanos?
ECr - Sí, en Chile. El proyecto del Ejecutivo sobre un sistema de
responsabilidad penal juvenil fue ingresado al Parlamento por el presidente
Lagos en el 2004 y la reforma se concretó con la presidenta Bachelet. Chile
antes tenía un sistema que es un poco lo que se quiere manejar ahora con el
plebiscito en Uruguay, un sistema basado en la discrecionalidad y que estaba en
clara contradicción con la convención. Entonces se creó un sistema de
responsabilidad penal juvenil –lo que yo decía hace poco– que establece una
edad de responsabilidad penal juvenil de 14 a 18 –ahora Uruguay tiene de 13 a
18– con penas distintas de las de los adultos. Chile hizo un esfuerzo muy
loable, por ejemplo la Fiscalía tiene una dirección de fiscal especializado en
adolescentes, la Defensoría Penal Pública tiene la dirección para adolescentes.
Y me parece importante hacer notar una cosa para regresar al punto sobre el
cual Unicef insiste con relación al plebiscito: no juzgar ningún menor de 18
años como adulto. Hace más o menos un año y medio, un gobierno distinto, de
otra ideología, de otra connotación política, el gobierno de Piñera, basado en
una propuesta del Ejecutivo, del entonces ministro de Justicia, aprobó en el
Parlamento por unanimidad una enmienda a la ley antiterrorista. Chile tiene
todavía una ley antiterrorista, muy criticada por los organismos de derechos
humanos. Es una frase simple, dice: “Esta ley no se aplica a los menores de
18”. Creo que es un argumento de gran contundencia para decir que Chile tiene
un sistema de responsabilidad penal juvenil entre los 14 y los 18 que no es el
mismo de los adultos.
EC - Usted está remarcando que no hay contradicción entre la posición que
Unicef y usted en nombre de Unicef sostuvieron en Chile y la posición que se
está sosteniendo acá.
ECr - Nos basamos en la convención. Además, si uno tiene tiempo y no tiene nada
que hacer, puede guglear mi nombre y va a ver que Unicef fue en algunas cosas
bastante crítica con la ley de responsabilidad penal juvenil que terminó siendo
aprobada. Era una ley en cierto sentido más benigna, pero fue fruto de un debate
parlamentario y salió bastante más dura de lo que Unicef hubiera querido. Ahí
están declaraciones públicas, pero yo creo que el tema no es tanto esto.
EC - De algún modo
esto nos permite ir razonando en torno al asunto además y manejando el derecho
comparado que siempre viene bien para que el caso uruguayo no quede aislado del
mundo, y mucho menos del contexto regional. ¿Qué pasó con Argentina? Porque el
senador Bordaberry también aludía a la propuesta que se hizo en Argentina de
bajar la edad de imputabilidad penal a los 16 años.
ECr - No quiero
meterme en asuntos de otros países, pero si miramos los informes del Comité de
los Derechos del Niño, que es el órgano al cual los gobiernos presentan sus
informes en la implementación de la convención, Argentina es el único país de
América Latina que no ha hecho una reforma profunda de su sistema penal para
adolescentes. En el sistema de Argentina, por debajo de 16 son considerados
inimputables, y si un adolescente comete un delito entre los 16 y los 18 primero
se lo somete a un procedimiento tutelar; digamos que haya cometido un delito a
los 16 años y medio, entonces hasta que cumpla 18 se lo pone en un proceso de
rehabilitación tutelar que el juez decide cuánto tiempo puede durar, pero
máximo hasta los 18 años. A los 18 años se hace una evaluación de la persona y
si se considera que no ha sido rehabilitada es juzgada como adulto por un
delito que cometió antes de los 18 años. Por eso en este momento hay un juicio
en la Corte Interamericana con el Estado argentino por una sentencia perpetua
aplicada en la década precedente a un menor de 18. Esa es la situación de
Argentina.
Nombran a España.
España también tiene un sistema de responsabilidad penal juvenil para
adolescentes. Repito, no significa que a los adolescentes que cometen delitos
se le dice: “Sigan nomás, vayan para su casa”. Entonces es importante tener
información responsable y relevante y tratar de ver cuáles son los puntos de
acuerdo que hay en el país sobre lo que no está funcionando en Uruguay. Yo creo
que hay algunos puntos de acuerdo, hace unos 15 días hubo un seminario en la
Udelar con parlamentarios y senadores a favor y en contra, y personalmente he
notado que hay algunos puntos de acuerdo y que en situaciones como esta siempre
es bueno empezar por lo que estamos de acuerdo y después ver cuáles son los
disensos.
EC - En otro punto
de la entrevista, el senador Bordaberry señalaba esto a propósito de la
posición que sostiene Unicef:
(Audio Pedro
Bordaberry.)
“Yo entiendo lo que
dice Crotti. Pero me gustaría que eso que dice se lo diga a los familiares del
pizzero de La Pasiva, que no me lo diga a mí, que se lo diga a ellos en la
cara. Y que nos diga cuál es, entonces, la política que nos propone frente a
los menores. Le reitero, lea la propuesta, la propuesta es solamente para los
que matan, los que violan, los que rapiñan, no es para el hurto, es para el que
tiene esa conducta de sacarle la vida a otro”.
(Fin.)
EC - En definitiva,
lo que el senador Bordaberry pregunta es cómo dice Unicef que debe tratarse a
adolescentes que cometen homicidios especialmente agravados u otros delitos
graves y son conscientes del daño que están haciendo. En ocasiones, incluso,
sabiendo y diciendo a los gritos que, como son menores de edad, las penas que
pueden llegar a pesar sobre ellos no serán tan duras como las que se les aplica
a un mayor.
***
¿Qué responde usted
a esto?
ECr - Primero, no
veo un debate entre mi persona y el senador Bordaberry, por quien tengo el
máximo respeto, y creo que nunca me he dirigido a él personalmente, entonces no
le estoy hablando a él ni a los familiares del pizzero. Estoy poniendo alguna
información sobre la mesa para que la gente pueda tomar algunas decisiones
responsables frente a un ejercicio democrático como es el plebiscito. Pero en
esta pregunta casi se está diciendo que Unicef estaría promoviendo que al joven
que mató al pizzero de La Pasiva se le diga “siga nomás así”. Todo lo que he
dicho hace unos minutos –que no es una postura mía, es lo que dice la
convención– se refiere a un sistema de responsabilidad penal adolescente
específico que implica la privación de libertad para los delitos más graves.
No sé sobre qué
base se quiere hacer creer que Unicef está promoviendo que los adolescentes
sean impunes, cuando yo empecé a explicitar la postura de la convención
diciendo que esta establece que los adolescentes no son impunes y no son
irresponsables, pero que haya un sistema de responsabilidad penal juvenil
específico, con penas distintas, que incluya la privación de libertad para los
delitos más graves contra la persona, y que esta pena de privación de libertad
se desarrolle en condiciones de respeto de la dignidad humana, que tendrían que
estar obviamente también para los adultos, pero son aún más importantes para
los adolescentes.
EC - Recordemos qué
es lo que se promueve con la reforma constitucional en esta materia específica:
“Las personas mayores de 16 y menores de 18 años serán penalmente responsables
y serán castigadas de conformidad con las disposiciones del Código Penal por la
comisión intencional de los delitos de homicidio, homicidio especialmente
agravado, homicidio muy especialmente agravado, lesiones graves, lesiones
gravísimas, rapiña, rapiña con privación de libertad [copamiento], extorsión,
secuestro y violación, así como por los demás delitos que indique la ley. En
los procedimientos penales seguidos a menores de 18 años el tribunal actuante
podrá admitir como eximente o atenuante la ausencia de madurez o discernimiento
suficientes”.
Ese es el texto
pelado, pero cuando los defensores de esta iniciativa argumentan, dicen que las
diferencias básicas con el sistema que existe hoy en Uruguay y que usted
comparte, vienen por este lado: los delitos que hoy son cometidos por menores
de entre 13 y 18 años no son considerados delitos sino infracciones, y eso
desde el punto de vista judicial es una diferencia importante. Siempre queda a
discreción del juez la pena a aplicar, incluso para los delitos más graves, por
ejemplo en un homicidio un juez podría decidir liberar al joven a los tres
meses. No existe previsibilidad de la pena, porque no se establecen penas
mínimas, solo máximas, de cinco años, y el juez no está obligado a tener en
cuenta la vista fiscal, lo que da todavía mayor autonomía para tomar cualquier
decisión. ¿Qué dice usted sobre estas objeciones al sistema tal cual está
vigente hoy en Uruguay?
ECr - Dos cosas.
Una: el sistema como está ahora no está funcionando. La posición de Unicef en
eso también ha sido siempre pública, y en este sentido hay acuerdo, capaz que
en otro momento podemos entrar en los detalles de por qué y cómo no está
funcionando. Sí me sorprende que si de un lado la propuesta de plebiscito pone
el acento sobre la discrecionalidad que existe en el sistema actual, repropone
la misma diciendo entre los 16 y los 18 años en caso de madurez.
EC - Usted alude al
segundo párrafo: “En los procedimientos penales seguidos a menores de 18 años,
el tribunal actuante podrá admitir como eximente o atenuante la ausencia de
madurez o discernimiento”.
ECr - Entonces
regresamos al discernimiento, algo que en todos los países de América Latina y
en España, Italia, si queremos todos los ejemplos, ha sido considerado un
instrumento discrecional, y cuando hay discrecionalidad generalmente el que
pierde es el más débil. En eso sí veo una contradicción, pienso que si de
verdad queremos hacer un debate serio y aprovechar este plebiscito, tenemos que
ver qué no está funcionando en el sistema actual y responder a la pregunta: ¿el
hecho de juzgar como adulto a un adolescente entre los 16 y los 18 años
resuelve el problema de la inseguridad percibida en Uruguay? Sobre este tema
puede haber opiniones distintas, pero vale la pena analizarlo desde este punto
de vista.
EC - Uno de los
argumentos en ese punto de quienes defienden la reforma es que si se baja la
edad de imputabilidad la persona que es condenada por uno de estos delitos
antes de los 18 años deberá cumplir la condena que esté establecida en el
Código Penal. Para empezar, una pena más fuerte que las que están previstas en
el sistema de responsabilidad penal adolescente de hoy, pero además que la
deberá cumplir entera. Estaría recluido en un centro de reclusión para jóvenes
pero durante la cantidad de años que correspondiera, acompañado por supuesto de
un sistema de rehabilitación, pero ese joven, peligroso como es, estaría más
tiempo recluido y por tanto con menos posibilidades de reincidir, etcétera. Ahí
está una de las diferencias, porque una de las críticas al sistema tal cual
funciona hoy es que en los hechos termina siendo demasiado benigno.
ECr - No sé si la
palabra “benigno” es la indicada, lo que sí le puedo decir con toda sinceridad
es que lo que me ha sorprendido mucho al llegar a Uruguay es el tema de las
fugas.
EC - Ese es otro
componente.
ECr - No veo en qué
el plebiscito me resuelve el tema de la fuga. Y creo que más que la duración
–eso lo decía Beccaria en 1700–, la certeza de la pena es lo importante, que
quede muy clara la certeza de la pena. No sé si siempre ha sido el caso en el
país, no hay ningún sistema perfecto, pero cuando se me habla de reincidencia,
si tenemos una pena de cinco años por un homicidio cometido a los 17, me hace
22, la matemática no es una opinión.
EC - En los hechos
la experiencia demuestra que los cinco años no se terminan cumpliendo.
ECr - ¿Qué
significa esto? Que entonces podemos sentarnos seriamente a hablar sobre esto.
Esa propuesta está también en el punto 4 del proyecto que presentó el Ejecutivo
hace poco: la creación de un código o una ley de responsabilidad penal juvenil
que mantenga los parámetros que me parecen explicitados al inicio de la
entrevista, que sea un sistema distinto del de los adultos, con penas
distintas, con finalidades distintas, con una especialización.
Quiero terminar con
algo que seguramente no es muy popular, pero la evidencia internacional
demuestra que si de verdad queremos trabajar seriamente en la no reiteración de
delitos hay que pensar en tener un sistema de medidas alternativas a la
privación de libertad serias. En el sentido de que sean medidas que se cumplan,
porque son sanciones judiciales, que sean monitoreadas y que haya recursos para
esto. Porque si de verdad queremos hablar de un sistema penal adolescente que
evite la reiteración del delito y somos realistas y miramos cómo son este
momento la mayoría las condiciones de privación de libertad para adolescentes,
la respuesta no va por ahí.
Hace un año, un año
y medio, vino un jurista norteamericano –que no creo que sea conocido por mano
blanda– que entre otras cosas expresó que donde hay menos reiteración de
delito, reincidencia, es donde hay medidas alternativas. Pero que sean serias,
que cuando hablamos de libertad asistida sea libertad asistida, que cuando
hablamos de semilibertad (es decir que en el día la persona pueda estar afuera,
trabajar y después dormir en la cárcel) sea serio, cuando hablamos de trabajo
de reparación a la comunidad no puede ser según la voluntad de la persona que
recibió la condena. Pienso que este es uno de los otros caminos que podemos
tener para evitar la reincidencia. Después, todos sabemos que hay personas que
van a reincidir, nunca vamos a poder eliminar totalmente la delincuencia, pero
sí podemos reducir la posibilidad de reincidencia.