domingo, 14 de julio de 2013

El "precariado": "nueva clase peligrosa"

"Por primera vez en la historia, la izquierda mayoritaria no tiene una agenda progresista. Se ha olvidado de un principio básico. Cada movimiento político progresista se ha construido sobre la rabia, las necesidades y las aspiraciones de la principal clase emergente". 

Guy Standing




El término «precariado», como sus equivalentes en otras lenguas europeas, se usa desde hace al menos una década. 
Según la mayoría de las fuentes, este neologismo se forma a partir de los sustantivos «precariedad» y proletariado», aunque para el sociólogo Robert Castel se trata de una contracciónde las palabras "précarité" (precariedad) y "salariat" (asalariado).
 

Recientemente, Guy Standing, catedrático de Seguridad Económica de la Universidad de Bath (Reino Unido), publicó un libro en el que desarrolla su análisis sobre lo que califica como una “nueva clase peligrosa”. 

Para Standing, esta nueva clase había estado creciendo como una realidad escondida de la globalización —que ha supuesto una nueva Gran Transformación— que ha llegado a la superficie con la crisis que se inició en 2008. El sociólogo británico lo ve como un “precariado global” de varios millones de personas en el mundo que carecen de todo anclaje de estabilidad. 

No es parte de la “clase obrera” ni del “proletariado clásico”, términos menos útiles cuando la globalización ha fragmentado las estructuras nacionales de clase. 
Es una clase en creación, formada por un número creciente de personas —Standing calcula que una cuarta parte de los adultos de las sociedades europeas se pueden considerar precariado— que caen en situaciones de precariedad, que supone una exclusión económica y cultural.
 

La caída en el desempleo y la economía sumergida es parte de la vida del precariado. También sus diferencias en formación con la élite privilegiada y la pequeña clase trabajadora técnicamente instruida. 

Según Standing, es una “clase peligrosa” pues es pasto de todo tipo de populismos y extremismos, incluido el nacionalismo exacerbado, el proteccionismo y el antieuropeísmo. Por lo que se requieren medidas para evitar que siga creciendo." 

De hecho, su vacío ideológico puede hacer que se vuelquen tanto al fascismo de extrema derecha, como a la extrema izquierda. 
Sus mensajes conllevan partes de ambas. Una mezcla de pseudomarxismo con mechones fascistas, llegando incluso a tomar posiciones racistas o autoritarias.
 

En palabras de Guy Standing 

"Por primera vez en la historia, la izquierda mayoritaria no tiene una agenda progresista. Se ha olvidado de un principio básico. Cada movimiento político progresista se ha construido sobre la rabia, las necesidades y las aspiraciones de la principal clase emergente". 

"Contrariamente al proletariado – la clase industrial trabajadora es la que construyó la socialdemocracia del siglo XX – las relaciones de producción del precariado se definen por una implicación parcial en el trabajo combinado con un ‘trabajo por obra’ extensivo, un abanico creciente de actividades no remuneradas que son imprescindibles si se quiere mantener el acceso a los trabajos y las rentas decentes". 

"La mayoría de sus miembros no pertenece a ninguna comunidad profesional u oficio; no tienen ninguna memoria social a la que recurrir ni ninguna sombra del futuro que planea sus deliberaciones con otras personas, lo que les hace oportunistas. 
Los mayores peligros son las enfermedades sociales y el riesgo de que los políticos populistas jueguen con sus miedos e inseguridades para atraerles hacia el neofascismo, acusando a los ‘grandes gobiernos’ y los ‘extraños’ de sus dificultades".
 

Este movimiento se ha expresado de maneras y en lugares tan dispares como los Indignados en España, el movimiento Occupy Wall Street en los Estados Unidos, la plaza Tajrir en Egipto y los acampantes en Tel Aviv. 

Dice Standing: 

"Somos testigos de esta deriva, cada vez más disfrazada como un reposicionamiento hábil, como es el caso de los Auténticos Finla
ndeses, los Demócratas Suecos y el Frente Nacional francés. Son aliados naturales del Tea Party americano, los Copiones japoneses, La Liga de Defensa Inglesa y los originales, los seguidores neofascistas de Berlusconi." 

Guy Standing es Profesor de Seguridad Económica en la Universidad de Bath, Inglaterra y copresidente de BIEN (the Basic Income Earth Network).Este articulo se basa en su nuevo libro The Precariat – The New Dangerous Class, publicado por Bloomsbury. 


De: Maringa.net



¿Quién servirá de voz al precariado que está surgiendo?
Guy Standing · · ·


Por vez primera la corriente dominante de la izquierda en Gran Bretaña y Europa carece de agenda progresista. Ha olvidado un principio básico. Todo movimiento progresista se ha construido sobre la ira, las necesidades y aspiraciones de la clase primordial emergente. Lo que es hoy el precariado.

Las protestas que se extienden por todo el mundo son manifestaciones del precariado que va tomando forma, último ejemplo del cual es España, donde los indignados rechazan a los partidos políticos principales, a la vez que demandan lo que parece ser un conjunto discordante de cambios. Recientemente, en muchas ciudades europeas, así como en Japón, el precariado se mezcló en las manifestaciones del EuroMayDay; en Milán participaron más de 30.000. En Oriente Medio, las agitaciones se pueden contemplar como las primeras revoluciones dirigidas por el precariado, el momento en el que una frustrada juventud con formación exigió un futuro con mayor seguridad y profesionalmente más provechoso. Le ha seguido Grecia con las accciones de los den plirono  y prolongadas protestas masivas. Hoy la inspiración está en España. Pronto puede ser Londres.  

El precariado global no es todavía una clase en el sentido marxiano, al encontrarse internamente dividido y unido únicamente por sus temores e inseguridades. Pero se trata de una clase en formación, que se acerca a la conciencia de una vulnerabilidad común. No sólo se compone de todo aquel que se encuentra en un empleo inseguro, aunque muchos son eventuales,  trabajadores a tiempo parcial, están en centros de atención al cliente o en servicios deslocalizados. El precariado se compone de quienes tienen la sensación de que sus vidas e identidades están hechas de retazos deshilvanados, con los que no pueden construirse un relato deseable o hacerse una carrera, combinando formas de trabajo y tareas, juego y ocio de modo sostenible. 

Por causa de los mercados laborales flexibles, el precariado no puede recurrir a una memoria social, a un sentimiento de pertenencia a una comunidad con orgullo, estatus, ética y solidaridad. Todo es fugaz. Se dan cuenta de que en su manera de tratar con los demás no se cierne sobre ellos sombra alguna de futuro, pues es poco probable que traten mañana con ellos. La mente precarizada carece de anclajes, revolotea de un tema a otro, con el sufrimiento extremo del trastorno de déficit de atención. Pero también es nómada en su trato con otras personas. 

Aunque el precariado no se compone simplemente de víctimas, puesto que hay muchos de sus miembros que ponen en tela de juicio la ética del trabajo de sus padres, su crecimiento se ha visto acelerado por el neoliberalismo de la globalización, que puso su fe en la flexibilidad del mercado de trabajo, la mercantilización de todo y la reestructuración de la protección social.

En el Reino Unido nadie hizo más por incrementar el precariado que el gobierno del Nuevo Laborismo. Su actual liderazgo está contaminado por su complicidad, pero debe levantar hoy una estrategia progresista para atraer al precariado. Tenemos poco tiempo. Hemos sido testigos del crecimiento de la extrema derecha en el mundo industrializado. La encabezó Silvio Berlusconi, quien al ser reelegido anunció que su objetivo consistía en derrotar "al ejército del mal", término con el cual se refería a los inmigrantes del precariado italiano.

Al actuar así, señalaba la razón por la que el precariado es la nueva clase peligrosa. La gente crónicamente insegura pierde fácilmente su altruismo, tolerancia y respeto por la contestación. Si no dispone de una oferta alternativa, puede acabar inducida a atribuir sus dificultades a los extranjeros que se encuentran entre ellos.

El neofascismo es diferente de su predecesor de los años 30 en que hoy en día una élite global de los absurdamente opulentos e influyentes pilota una ideología que quiere un gobierno menguante, impuestos cada vez menores para las rentas elevadas, y control autoritario sobre los contumaces, los contestatarios, los organismos colectivos y los "perdedores" de la sociedad de mercado, incluyendo a los minusválidos y jóvenes desempleados. Los socialdemócratas han caído presos de los encantos de la élite, igual que los partidos del centro-derecha. No fueron los tories  ni los liberal-demócratas los que se batieron para bloquear la directiva de la UE destinada a conceder iguales derechos a los trabajadores temporales.
Fue el Nuevo Laborismo.

El único modo de detener al neofascismo consiste en forjar una nueva política que ofrezca al precariado lo que aspira a construir. Una nueva agenda progresista, como todas las que ha habido en la historia, debe tener un fundamento de clase, comoquiera que esté cargada. Debe mirar adelante, no ser atávica. Debe ser igualitaria en su núcleo central y responder a la clase que está surgiendo.

El "laborismo azul", [4] esa moda pasajera, mira abiertamente hacia atrás y rechaza todo esto.
Los progresistas deberían prescindir de nociones como "la mitad exprimida". Con ello se sugiere que no existe un "fondo inferior exprimido" y supone otro rechazo de la izquierda tibia a enfrentarse a las estructuras de desigualdad, de un modo que respete las tradiciones de generaciones de pensadores progresistas. A medida que crece el espectro del neofascismo – en el "Tea Party" norteamericano, en la "English Defence League" y en los partidos de extrema derecha por toda Europa – los progresistas se arriesgan a ser suavemente utópicos.

Lo que hace falta es una reinvención de la trinidad progresista de igualdad, libertad y fraternidad. La política del paraíso se erigirá sobre el respeto a los principios de seguridad económica y de todas las formas de trabajo y ocio, más que en el adusto laboralismo de la sociedad industrial. Eso lo entiende el precariado y los políticos de la izquierda deberían prestarle oídos.

[1] El "EuroMayDay" "es una jornada de acción política contra la precariedad promovida por una red de grupos y colectivos feministas, anticapitalistas y de inmigrantes en la mayor parte de Europa Occidental. Tiene lugar el primero de mayo de cada año (...) promovido como un intento de "poner al día" el Primero de Mayo tradicional centrándose en los trabajadores flexibles, eventuales, emigrantes y demás "precarios" presentes en Europa". "En 2005, la red del "EuroMayDay" utilizó el lema Precarios del mundo, unámonos y luchemos por una Europa libre, abierta y radical. La Declaración de Middlesex del precariado de Europa surgió de los actos del "Beyond ESF"  ("Más allá del FSE"), celebrados en paralelo al Foro Social Europeo que tuvo lugar en Londres en 2004". El "EuroMayDay" "se inició en Milán, de donde se extendió a Barcelona en 2004, y luego a una docena de ciuddes europeas en 2005" (de Wikipedia)  

[2] den plirono, o ''Δεν πληρώνω'', (en griego moderno, "Yo no pagaré") es el lema que tomó la movilización popular en Grecia contra los peajes, considerados una forma abusiva de financiar la construcción de autopistas antes aún de su terminación, y por extensión una protesta contra los privilegios de la clase política y los llamados "tzambatzides" (parásitos que viven a expensas de otros).   

"Silvio Berlusconi says illegal immigrants are 'army of evil'", The Daily Telegraph, 16 de abril de 2008. Se denomina "laborismoazul" o "Blue Labour" a "un holgado conjunto de intelectuales que creen que el Partido debe hacer más por dirigirse a la clase trabajadora conservadora, reconociendo que la adhesión del Nuevo Laborismo a la globalización ignoró la importancia de las relaciones humanas y la prestación comunitaria de servicios" ("Ed Miliband endorses 'Blue Labour' thinking", The Guardian, martes, 17 de mayo de 2011).

Guy Standing es profesor de seguridad económica en la Universidad de Bath, presidente honorario de BIEN (Basic Income Earth Network), la red internacional de Renta Básica, y autor de The Precariat – The New Dangerous Class (Bloomsbury Academic, Londres y Nueva York, 2011).

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón



Robert Castel

LA PRECARIEDAD SE HA VUELTO UN ESTADO PERMANENTE

Robert Castel[1] (Entrevista)

E.: En sus trabajos, usted adelantaba la idea de que las “crisis” que nosotros atravesamos desde hace más de treinta años ya no son depresiones más o menos pasajeras. Según usted, estaríamos más bien en una nueva fase o era del capitalismo…

R.C.: En efecto, creo que desde el inicio de los años 1970, salimos del capitalismo industrial que se había implantado en la Europa occidental durante un siglo y medio. Hacia fines de este período, logramos encontrar un equilibrio relativo, bien digo, relativo, entre los intereses del mercado, la productividad, la concurrencia y un cierto número de protecciones y de seguridades respecto al trabajo. En mi opinión, la crisis, que inicialmente pensamos como algo provisorio, esperando la reactivación, comienza a aparecer más como un cambio de régimen del capitalismo. Aún no estamos en condiciones de poder definir bien ese cambio pero con la exacerbada concurrencia que se ha desplegado a nivel mundial, tenemos que vérnosla con un capitalismo más salvaje, menos regulado. Desde el otoño de 2008, el último episodio de la crisis, con sus catástrofes financieras, ilustra bien esta evolución.

E.: ¿Cuáles son los efectos de esta transformación del sistema capitalista?

R.C.:  El núcleo de la transformación se sitúa primero a nivel de la organización del trabajo y se traduce por una degradación del status profesional. La precariedad se desarrolla al interior del empleo y viene a incorporar el desempleo de masa.  Ya no es posible pensar la precariedad como lo habíamos hecho durante años, es decir como un mal momento que hay que pasar antes de encontrar un empleo duradero. Ya existe un creciente número de individuos que se instalan en la precariedad. Ella deviene, incluso si parece paradojal, un estado permanente. Lo que aquí llamo el “precariado” corresponde a una nueva condición salarial, o más bien infra-salarial, que se desarrolla más acá del empleo clásico y  de sus garantías.

E.: Esto implica que las categorías sociales desfavorecidas ya no son las únicas en ser tocadas por esta expansión del “precariado”…

R.C.:  Sí, los obreros menos calificados, los jóvenes que intentan que por primera vez entran en el mercado del trabajo son, en términos cualitativos, las categorías más afectadas por la expansión de la precariedad.  Sin embargo, pienso que no hay que olvidar por eso que la precarización es una suerte de línea de fractura que atraviesa el conjunto de nuestra sociedad. Existe una precariedad de “gama alta”, que alcanza una parte de las clases medias y de los altos diplomados. Para aprehender la amplitud  de la transformación hay que incluir también ese fenómeno.

E.: Las consecuencias de estas evoluciones serían pues más profundas y duraderas de lo que uno se imagina, ellas tocarían a la sociedad en su conjunto así como a cada individuo…

R.C.: Las principales protecciones del individuo estaban vinculadas con el status del empleo, sobre todo en Francia. Es evidente que la degradación de ese status profundiza las desigualdades. Tendería a insistir, los trabajadores e incluso más allá, disponían de recursos y protecciones mínimas para seguir formando parte de la sociedad. Las condiciones sociales, sin embargo, no eran iguales: subsistían grandes disparidades y grandes injusticias. No obstante, cada uno tenía una suerte de zócalo para estar en un sistema de intercambios recíprocos y de interdependencia.  Creo que hoy un creciente número de individuos cae fuera de ese sistema de protección, o no llega a inscribirse en él. En consecuencia estos individuos son dejados en los bordes, aislados.

E.: El individualismo conoce desde entonces un nuevo desarrollo, que usted ubica en el centro de esas transformaciones…

R.C.: Me parece que la dinámica profunda del nuevo régimen del capitalismo es en efecto una dinámica de des-colectivización. En la organización del trabajo, por ejemplo, los grandes colectivos, a los cuales se asociaban poderosos sindicatos, se han roto. No se rebelaron definitivamente sino que se quebraron. Soñemos, por ejemplo, con la actual situación de Francia Telecom. La consecuencia es que el individuo debe movilizarse más, ser responsable, tomarse a cargo. Por otra parte hay que reconocer que algunos logran adaptarse a este nuevo dato. El discurso liberal se apoya allí: maximizan sus oportunidades, dan prueba de espíritu emprendedor…Pero, al mismo tiempo, los otros, y hay que temer de que no sean los más numerosos, son separados de sus pertenencias colectivas y librados a sí mismos, sin los recursos de base necesarios.

E.: ¿El Estado puede detener esta evolución?

R.C.: Contrariamente a cierta ideología de inspiración liberal que desgraciadamente está de moda, no creo que sea posible oponer el Estado y el individuo. Cuanto más una sociedad es una sociedad de individuos, tanto más necesita del Estado como principio de unificación y de protección. A falta de ello los individuos librados a sí mismos, y en concurrencia de todos contra todos, viven en una suerte de jungla. “El hombre es un lobo para el hombre…”  Tan solo la potencia pública, garante de cierto interés general, puede operar un mínimo de redistribución y de protección. Esas protecciones son necesarias para constituir una sociedad.

E.: ¿En qué dirección hay que reformar?

R.C.: Al revés de las políticas actuales, el desafío a resaltar es el de conciliar la inestabilidad del empleo con la instalación de nuevos derechos: quiéraselo o no, el empleo estable o “el empleo de por vida” ya no es la norma. Hay y habrá cada vez más que cambiar de empleo, ser capaz de “reciclarse”. Para que ello no se traduzca, como es el caso hoy en día, en una declaración de “desempleo”, será necesario enganchar protecciones a la persona del trabajador, de manera que cuando él se encuentre en situaciones de cambio o alternancia, conserve protecciones y derechos lo suficientemente fuertes.

Entrevista realizada por Thomas Cortes- www.psicologiagrupal.cl/

Traducción del francés: M. Chiarappa



[1] Director de estudios en la Escuela de Altos estudios en Ciencias Sociales, Robert Castel, quien ha consagrado casi treinta años de investigaciones en la cuestión social, estima, ante la generalización de la precariedad del trabajo, que hay que destacar el desafío de nuevos derechos ligados a la persona de los trabajadores.


Texto de Robert Castel      “Los desafilados” “Precariedad del trabajo y vulnerabilidad relacional.”


Aparecen nuevas realidades en el escenario actual. ¿Qué es lo nuevo de la coyuntura actual? ¿Será necesario recomponer el escenario de la cuestión social?

Se puede intentar dos respuestas.

La primera consiste en: categorizar, es decir caracterizar las nuevas clientelas en relación a la anterior, entre los desheredados señalamos:
ü       La presencia de representante de clase media que han caído en la pobreza.
ü       Crecimiento de formas de desamparo:
ü       Jóvenes desocupados más que ancianos sin recursos.
ü       Madres solas más que representante de familias numerosas.
ü       Crecimiento de la desocupación y de dificultad para encontrar.
ü       Disolución familiar, etc.

Si bien estas caracterizaciones son necesarias, pero no bastan para comprender la realidad social.
Él plantea un segundo modo de abordar el tema.

Desde lo transversal en  relación a esos grupos específicos y cualitativos más que cuantitativos.
Todos ellos los desheredado, carenciados expresan una forma particular de disociación del vinculo social
“Ruptura” “desafiliación”.
No se trata de desestimar la dimensión económica porque siempre la falta de recursos que hace caer al individuo en la dependencia y lo transforma en cliente de un servicio social.
Además de la pobreza hay otro drama.
“El desamparo” la ausencia de soportes sociales: la pertenencia, falta de alojamiento, falta de asistencia, de instrucción, etc.
Carencia como un efecto situado en la conjunción de dos ejes:

ü       Integración-no integración con respecto al trabajo. Por medio del trabajo el individuo logra reproducir su existencia en el plano económico.
ü       Inserción- no-inserción en una sociabilidad -socio familiar. Es en el sistema relacional donde el individuo reproduce su existencia en el plano afectivo y social.

Desde esta perspectiva podemos constatar:

ü       La precariedad económica- que implica la no-integración o expulsión laboral.
ü       La vulnerabilidad relacional-no inserción en una red de relaciones.

La precariedad económica deviene desamparo, fragilidad relacional, aislamiento, estos son fases de una misma condición.
La pobreza aparece así como la resultante de una serie de rupturas de pertenencias y de fracasos en la constitución del vinculo.
El desafío esta en rellenar ese vació social y no solamente distribuyendo socorros.
La intervención es siempre una modalidad de tratamiento del vinculo social a partir de constatar la ruptura.

Para ver las estrategias utilizadas en los Antiguos regímenes para conjurar la descomposición del lazo social vamos a hacer un rodeo histórico.
Las intervenciones sociales siempre tuvieron la doble finalidad.:

ü       Integración a través del trabajo.
ü       Inserción en un tejido social.

Tenían dos tipos de poblaciones indigentes:

ü       Aptos para el trabajo
ü       No aptos para el trabajo.

Esta división determinan practicas sociales:

ü       Para lo primero estaba prohibida la solicitud de asistencia, eran vistos como peligrosos y amenazantes. Se  Se les ordena trabajar en trabajos forzados  o es empujado  a la búsqueda de trabajo en otros lugares, dejando su lugar de pertenencia. Estaba prohibido el trabajo libre bajo leyes penales. Hacen del indigente un delincuente.
ü       Para lo segundo había una asistencia organizada desde el Estado y sus instituciones.

La cuestión del indigente apto no encontró solución porque es intrínsecamente insoluble, quedaron apresados en una dobles combinación el poder trabajar y la imposibilidad de hacerlo.
Semejante contradicción suscita recursos extremos: diferentes formas de trabajos forzados, criminalización del indigente ocioso al cual responsabiliza de su situación.
El indigente apto se convierte en el vagabundo estigmatizado como un ocioso peligroso sobre el cuál caen las medidas más crueles.
Este representa la forma límite de la ruptura en relación a toda pertenencia social. Es la imagen del extranjero excluido de todos lados y condenado a errar en una sociedad en que la calidad de la persona deriva de la pertenencia a una red de relaciones.
La no-pertenencia  a la vida social implica no ser nadie (sociedad feudal) pertenecer al soberano implica ser sujeto poseer un rango tener un rol un lugar una identidad.
La situación del vagabundo representa el limite extremo de un proceso de precarización.
Cuando la precariedad se transforma en exclusión representa el punto de ruptura en la economía de las relaciones de trabajo.
El vagabundo pierde siempre en dos terrenos:

ü       Rompen con la red de pertenencias sociales- Desafiliación
ü       Ruptura con respecto a la producción.

Para concluir con la prehistoria de la cuestión social constatamos que las políticas del: A. Régimen siempre tiene que ver con la miseria dependiente pero en dos modalidades.

ü       Dependencia integrada cuya asistencia remite a una problemática de socorros.
ü       La dependencia desafilada cuya resolución resultaría de una problemática del trabajo.














jueves, 11 de julio de 2013

El arte está dormido en las entretelas de todo corazón; sólo hay que despertarlo...

El Programa "Efecto Mariposa" de Radio Uruguay, conducido por Alberto Gallo y Daina Rodríguez, es un real vivero de conocimiento y reflexiones acerca del quehacer humano, y un sutil catalejo para aproximarnos a las células artísticas allí anidadas.

Esta tarde, por ejemplo, nos recordaron una impresionante experiencia ocurrida en Italia:

"César debe morir es el título de la última película de los Hermanos Paolo y Vittorio Taviani.
 La película narra en forma de docuficción los ensayos teatrales realizados en la cárcel romana de Rebibbia, en la que un grupo de presos trabaja sobre la obra Julio César.

Los Tavianni se sirven del proceso de creación de la obra teatral para explorar en las emociones de los reclusos, que a través del texto de William Shakespeare profundizan en su realidad individual, privados de libertad y teniendo que hacer frente al pasado que los ha llevado a la situación en la que se encuentran este grupo de hombres hayan en el teatro una vía de escape, pero también un vehículo para conocer sus emociones y sus sentimientos más profundos e íntimos.

Gran parte de los actores de la película son presos reales. Son presos que buscan una bocanada de aire fresco en el teatro y que, como dice Paolo Taviani, plantean un contraste entre la libertad absoluta del artista y las ataduras del que vive en una prisión.

Con el título de “César debe morir” en el programa de este lunes, Efecto Mariposa profundiza en la película y el trabajo de los hermanos Taviani. Es por ello que entrevista a Rafael Vidal Sanz, redactor del blog Extracine, perteneciente a la red de blogs Hipertextual.

Es estudiante de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Complutense, y de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid.

Luego, el programa profundizó en los idus de marzo y en el calendario romano. Julio César fue asesinado en el "idus de marzo" del año 44 a.C.

En el calendario romano, los idus de marzo correspondían al decimoquinto día del mes de Martius. Los idus eran días de buenos augurios que tenían lugar los días 15 de marzo, mayo, julio, y octubre, además del decimotercer día el resto de los meses del año. 

Según el escritor griego Plutarco, César había sido advertido del peligro, pero había desestimado la advertencia. Lo que es más extraordinario aún es que un vidente le había advertido del grave peligro que le amenazaba en los idus de marzo, y ese día cuando iba al Senado, Julio César encontró al vidente y riendo le dijo: “Los idus de marzo ya han llegado”, a lo que el vidente contestó compasivamente: “Sí, pero aún no han acabado”.




Efecto Mariposa también profundizó en la experiencia uruguaya de realizar teatros en las cárceles. Para ellos entrevistó al escritor, dramaturgo, poeta, director y docente teatral Michel Croz, que ha trabajado en cárceles de Montevideo y Rivera.





A Efecto Mariposa, el agradecimiento por ampliar nuestro horizonte; cuantitativamente, en este caso, porque como docentes de Contextos de Encierro hemos constatado, hace tiempo, que las experiencias artísticas en recintos estigmatizados siempre constituyen una práctica develadora de nuestra propia naturaleza.  


“Me cambió la vida”, asegura sin pensárselo dos veces Enrique, 
un preso del Centro Nacional de Rehabilitación (CNR), en Montevideo,
cuando le preguntaron lo que significó en su vida 
unirse a las filas de “La Copadora”, 
la murga de esta cárcel de la capital de Uruguay 
donde se preparaba a los reclusos que están a punto de cumplir sus penas
 para volver a vivir en libertad.
“Porque vivir siempre es la magia
De andar volando sin alfombras
Pintándole algún sol a cada sombra
Creyendo en abrazar la libertad”




miércoles, 10 de julio de 2013

Denis Marklen (4)




El principio de realidad

Escrito por: Denis Merklen


Cuando le faltaban apenas 15 días para cumplir sus 80 años murió Robert Castel, el pasado martes en su domicilio parisino. Se fue uno de los principales observadores de fines del siglo xx, no sin dejarnos algunos de los más sólidos puntos de apoyo para entrar al xxi.
Comencé a trabajar con él en 1996 cuando llegué a París a realizar un doctorado bajo su dirección. ¡Qué suerte y qué privilegio el mío de caer así en aquellas manos! Trabajamos juntos sin interrupción hasta la semana pasada. Sabíamos que quedaba poco tiempo y buscábamos terminar un libro que quedará inconcluso e inédito. El título hubiera sido “Las políticas del individuo” y se lo habíamos prometido a Pierre Rosanvallon para la editorial Le Seuil. El proyecto nació junto a Marc Bessin cuando llevábamos adelante un seminario sobre individuo y protección social en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales.
A Castel no le gustaba mucho hablar de sí, pero a lo largo de los años fue soltando su vida, detalle sobre detalle, a medida que la amistad se consolidaba. Había nacido en el seno de una familia humilde en Saint-Pierre-Quilbignon el 27 de marzo de 1933, una comuna rural del finisterre bretón cercana a la ciudad de Brest. Su madre murió de cáncer cuando él tenía 10 años y dos años más tarde se suicidó su padre. Así atravesó la infancia en plena Guerra Mundial este hijo del mundo obrero.

SOCIOLOGÍA DEL CONTROL -  En un artículo que escribió para la revista Esprit hace pocos años, contó cómo un profesor de matemáticas tan severo como perspicaz le cambió la vida cuando lo alentó a salir de la formación técnica que lo predestinaba a convertirse en obrero. “Usted tiene pasta para otra cosa, Castel”, le dijo. Ganó una beca para cursar el liceo. En 1959 logró la “agregation” y devino profesor de filosofía bajo la tutela de Eric Weil, un importante filósofo de la época. Hacia 1966-67 conoció en el comedor de la Universidad de Lille a otro joven asistente, Pierre Bourdieu, de quien sería amigo hasta el final. Cansado de los “conceptos eternos” se acercó a la sociología, que estudió en la Sorbona con Raymond Aron. Fue luego fundador de la Universidad de Vincennes (hoy París 8) e integró en 1990 la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales.
Hasta principios de los años ochenta trabajó sobre el psicoanálisis y la psiquiatría, convirtiéndose en uno de los primeros sociólogos en abordar el tratamiento social de la locura. Escribió junto a Michel Foucault, sobre el cual tuvo una influencia mayor y de quien adoptó la perspectiva de la genealogía, convencido de que “el presente no es enteramente contemporáneo”. Cuando en 1980 le acercó a Foucault el manuscrito de La gestión de los riesgos (1981), el gran filósofo del poder consideró que el texto de Castel ponía fin a su célebre Vigilar y castigar (1975). Castel anticipaba que los modos de control social y de ejercicio del poder no se harían ya de modo presencial y a través de la vigilancia directa sino por medio de estadísticas y de la definición de “poblaciones en riesgo”. Lo descubrió observando un dispositivo de política social sobre la infancia en riesgo, y es seguramente por ello que tanta aversión le provocaba el modo descuidado e irresponsable con el que muchos sociólogos ceden hoy a temas de moda como el “sentimiento de inseguridad”.

LA NUEVA CUESTIÓN SOCIAL. Cuando lo conocí Castel acababa de publicar Las metamorfosis de la cuestión social (1995), una obra monumental que muchos consideran como el libro más importante de sociología de los últimos años. Le llevó diez años de minuciosa investigación, buscando entender lo que él consideraba como una “gran transformación” que probablemente cambiaría la morfología de las sociedades occidentales y que amenaza con liquidar la larga construcción que en Europa había dado respuesta a las contradicciones del mundo del trabajo. Puedo imaginarlo hoy como tantas veces lo vi, tan preciso como paciente, lento e infatigable redactando aquellas 490 páginas de letra infantil con su birome Bic, página tras página, doblado sobre el cigarrillo como única compañía. Así remontó el tiempo hasta que pudo afirmar con un tono apenas provocador: “La cuestión social empieza en 1349”.{restrict } La peste liquidó entonces las bases sociales de la Edad Media cuando centenas de miles de antiguos campesinos y artesanos perdieron su lugar en la sociedad y comenzaron a errar como vagabundos. Se anuda allí la contradicción fundamental que organiza el presente. El mundo social se divide esencialmente entre quienes son considerados ineptos para el trabajo (inválidos, niños, viejos, enfermos, deficientes de todo tipo) y los otros. Mientras que los primeros son eximidos de la carga laboral y pueden esperar los socorros de la asistencia pública, los aptos para trabajar deberán conquistar un lugar en el mundo por medio del empleo y no tendrán derecho a la asistencia. Ese gran integrador que es el trabajo produce así efectos paradójicos toda vez que la coyuntura económica impide trabajar a todos aquellos que disponen enteramente de sus fuerzas: la figura del desempleado es terrible porque la sociedad no tiene lugar para quien, siendo apto, no trabaja. Se entiende también el principio fundamental que atraviesa nuestras sociedades así estructuradas: sólo el trabajo permite la integración social, pero no siempre el trabajo produce integración pues para que el trabajo sea fuente de seguridad y de dignidad, éste debe estar rodeado de protecciones, atravesado por el derecho y regulado. Sólo bajo esas condiciones se vuelve empleo y da lugar a “cierta independencia social”, de lo contrario el trabajo conduce a la sumisión, a la pobreza y a la indignidad. El corazón de la cuestión social no se encuentra en las tasas de desempleo ni se resuelve con sólo disminuirlas; más bien gira en torno a aquellas fuerzas que vuelven al trabajo precario, ilegal, inestable, incierto, intermitente.
Robert Castel produjo una sociología gobernada por un sólido principio de realidad que se imponía a sí mismo con un rigor y una disciplina que no dejaban lugar a la más mínima fantasía. De allí proviene la fuerza que le permitió enfrentar tantos cantos de sirena a la vez, serenamente armado de su lapicera y de su voz calma. Así enfrentó en los años setenta a quienes fantaseaban con el potencial liberador de la locura. Así enfrentó en los años noventa a quienes soñaban con “el fin del trabajo”. No hay escapatoria al trabajo en el seno de nuestra civilización, pero el trabajo sin protección social no es sino opresión. Castel era demasiado inteligente como para olvidar lo que aprendió de niño: el mundo social es áspero y despiadado. Castel era suficientemente independiente como para entusiasmarse con quienes toman sus deseos por realidades. Así lo vimos durante años escuchar impasible las críticas de quienes lo consideraban anticuado o pesimista. Con una modestia tal vez única, tan paciente como certero, se limitaba a repetir algunas de las preguntas que orientaron su reflexión: ¿cómo sería una sociedad que no estructure el trabajo?, ¿qué ocurre cuando el empleo se desregula y se desprotege al trabajador? Pero también señalaba con la misma insistencia el brutal costo social que pagan todos aquellos que, generalmente contra su voluntad, se ven apartados del mundo del trabajo.

De: Brecha Digital

 
R. Castel



Denis Merklen (3)





Merklen, Denis. Pobres ciudadanos. Las clases populares en la era democrática (Argentina, 1983-2003), 1ª ed, Buenos Aires, Gorla, 2005, 224 p, 21x15 cm, ISBN 987-22081-1-5


Merklen analiza la problemática de las clases populares en la era democrática desde una mirada englobadora. Su enfoque no está acotado a ningún aspecto específico sino que en su lugar propone una interrelación de factores y dimensiones en su análisis para entender la nueva situación social de estos sectores.
El libro retoma una serie de escritos del autor que parten de su tesis doctoral bajo la dirección de Robert Castel. Como marcamos el objeto de estudio de Merklen aparece amplio pero allí radica en cierto sentido su riqueza. El autor logra articular en su tesis numerosas perspectivas y enfoques de investigación que en los últimos años tomaron a las clases populares y las transformaciones económico sociales generadas a partir del neoliberalismo.
En este sentido, una línea de abordaje la establecieron los estudios sobre el clientelismo político. Auyero (1997, 2001), Soprano (2003), Zaremberg (2004), entre otros, se sumergieron en el tema del clientelismo y de las representaciones sociales que se desprenden de estas formas de relación social a partir de trabajos etnográficos en barrios marginales con militantes sociales peronistas.
Otra línea de trabajo se desarrolló a partir de los estudios sobre los movimientos sociales desde una perspectiva del cambio estructural. Esta línea explica que la crisis del Estado de Bienestar y el autoritarismo de la última dictadura militar generaron significativos cambios en las formas de expresión de la sociedad: de la movilización de masas a los nuevos movimientos sociales. (García Delgado, 1994)
Por otra parte, surgieron estudios que pusieron el énfasis en las transformaciones en los patrones de acción colectiva de los actores involucrados en la coyuntura de los años 90 hasta la actualidad (Svampa y Pereyra, 2003; Giarraca, 2001) y cómo influyeron las transformaciones económicas-sociales y la implementación de políticas sociales en el plano de constitución de identidades (Feijoó, 2001; Svampa, 2000; Masson, 2004; Vasilachis de Gialdino, 2003)
Desde otra mirada ligada a la ciencia política, surgieron investigaciones centradas en la crisis política, las formas de ciudadanía y las nuevas identidades políticas. En esta perspectiva los estudios de Novaro (2000) y Cheresky (2001) marcan que el proceso sociopolítico de los últimos años trajo aparejado un debilitamiento de las identidades partidarias y una dificultad de los partidos para integrar lo diverso en una voluntad política unificada basada en principios ideológicos o identidades diferenciadas.
Todos estos enfoques anteriormente señalados son los que Merklen retoma y articula en una descripción del mundo de las clases populares. Para lograr dicha articulación utiliza el concepto de politicidad. Lo atractivo de esta noción es que engloba el conjunto de prácticas de socialización y cultura política de los sujetos. La politicidad así definida es constitutiva de la identidad de los individuos. Discute a partir de allí las visiones que conciben la política como una dimensión autónoma de la vida social con la que los individuos entrarían en relación.
         De esta forma inicia el libro problematizando la poca importancia que, a su juicio, un número importante de intelectuales le otorgó a las transformaciones económicas de la Argentina, que debían por su dimensión desestabilizar la democracia. Lo que plantea el autor entonces es que la teoría política despertó en diciembre de 2001.
         Merklen destaca en este debate que los intelectuales en los años ochenta, influidos en parte por la crisis del marxismo y el estructuralismo, desplazaron su centro de interés de la lucha de clases, la teoría de la dependencia y la marginalidad por las nuevas preocupaciones centradas en la ciudadanía, la transición democrática y la producción de un orden. Lo que plantea el autor es que hay una idea de autonomización de la política de la sociedad.
         Dentro de esa forma de pensar, la representación política debía canalizarse a través de los partidos políticos y la acción política debía ser el voto. La política se autonomiza de la sociedad para ser conducida por la discusión argumentativa en las instituciones. El planteo central es que con esas herramientas intelectuales la ciencia política y la sociología no pudieron comprender por qué las clases populares no se acomodaban a las transformaciones de la sociedad pero sí al orden democrático.
         Emprende a partir de ese momento una crítica a la mirada institucionalista de la ciencia política la cual observaría en los movimientos sociales una revuelta de la sociedad, una expresión anómica, y no sería capaz de percibir lo “positivo” de la politicidad de los sectores populares. Este obstáculo epistemológico impide la comprensión de las nuevas formas de acción colectiva, concibe la política a partir de la institucionalización de los partidos políticos y de la democracia liberal en oposición a las manifestaciones populares que no se ajustan a los canales institucionales. Habría una “buena política” opuesta a las tradicionales movilizaciones de los trabajadores y el clientelismo.
         
       En el primer capítulo retoma la pregunta de ¿cómo fue posible que los sectores más castigados por las políticas neoliberales hayan apoyado a los gobiernos que realizaron dicho proyecto? Utiliza este interrogante para criticar otros argumentos que, según el autor, tienen el mismo problema que el anterior, es decir parten de la idea del carácter prepolítico de los sectores populares. Según estas explicaciones el voto a Menem estaría dado por la hiperinflación que habría sentado las bases de un régimen decisionista y, por otro lado, aparece la explicación de que el peronismo se sustentaría en el clientelismo que aseguraría su masa de votantes a cambio de favores. Lo que plantea Merklen es que poner todo el peso de la explicación del lado del carácter decisionista y del clientelismo es desconocer una vez más la producción política de los sectores populares durante el período democrático. Indudablemente, el complejo lazo de las clases populares con el peronismo forma parte de esa producción política, y es este movimiento el que ha comprendido mejor las transformaciones de la politicidad popular (al mismo tiempo que las orientaba y contribuía a su instalación). El peronismo reconstruye su lazo con las clases populares por medio del control del Estado posreformas. Y la clave de la relación de los sectores populares con el Estado se encuentra en el desdoblamiento de este último. Por una parte, representa la conducción centralizada de la economía y de la sociedad en la figura del gobierno nacional. Por la otra, se convierte en una estructura compleja y descentralizada en diversos gobiernos locales. Es a través del control de estas últimas estructuras territoriales que el peronismo recompone en parte su lazo con las clases populares, pues estas construyen sus mundos de vida en el seno de los diversos marcos locales.
Esta explicación le da pie a Merklen para desarrollar otra de sus hipótesis directrices. Una vez iniciado el proceso de desafiliación, los “perdedores” (clases populares) se refugian en lo local y reconstruyen su sociabilidad principalmente a través de lo que llama “inscripción territorial”. Es en el marco local que las clases populares organizan tanto su participación política como sus lazos de solidaridad.

         En el capítulo segundo continúa con la critica a la mirada institucionalista y afirma que desde hace más de veinte años, las clases populares argentinas elaboran nuevas formas de acción colectiva en respuesta a las profundas transformaciones que, desde lo alto de la sociedad, desestructuraron sus mundos de pertenencia.
El autor describe los nuevos repertorios de la acción colectiva a partir del neoliberalismo y explica el paso de una politicidad centrada en el mundo del trabajo a una politicidad centrada en la inscripción territorial. Destaca entonces que desde comienzos de los años ochenta, y en especial a partir de los noventa, se desarrollaron episodios de cooperación, movilización y protesta colectivas que encontraban su centro organizativo en el barrio. Esta figura de lo local se convirtió progresivamente en el principal componente de la inscripción social de una masa creciente de individuos y de familias que no pueden definir su status social ni organizar la reproducción de su vida cotidiana exclusivamente a partir de los frutos del trabajo. En este marco, una de las tesis centrales de este libro es que el proceso de “desafiliación” que alcanzó a esta parte importante de las clases populares compuesta mayoritariamente por hogares jóvenes encuentra un sustituto de reafiliación en la inscripción territorial.
Esta afirmación es retomada en el capítulo tercero donde el autor plantea la observación de la movilización popular a la luz de las transformaciones sufridas por el mundo del trabajo y de las reformas introducidas en el dominio estatal. Ellas se encuentran en el origen del cambio de la politicidad de las clases populares que ven así modificados sus repertorios de acción colectiva. La nueva relación con lo político y las nuevas modalidades de la acción se descentran hacia lo local (o el barrio), donde los más carenciados encuentran una fuente de “reafiliación”, modos de supervivencia, e incluso una base para la recomposición identitaria.

           En el capítulo cuarto el autor remarca la paradoja de que cada vez que se oye hablar de pobreza, menos escuchamos sobre las cuestiones societales y las relaciones de poder. Destaca que pensar la agenda en términos de lucha contra la pobreza tiene consecuencias directas: cuanto más se hace la guerra a la pobreza, más se fija nuestra mirada en los pobres, y menos se trabaja sobre las causas económicas que la generan.
Asimismo, relaciona la politicidad de las clases populares con la nueva forma de intervención del Estado a partir de las políticas sociales focalizadas y descentralizadas. Esta situación contribuyó a modificar el marco institucional de la acción política a escala local otorgando a los dirigentes barriales un poder de articulación con los dirigentes municipales. Por otro lado, al centrar la acción pública en la figura del pobre en detrimento de la del trabajador, contribuyeron a desactivar una manera tradicional de inscripción de las demandas ciudadanas por una de carácter territorial.

         En el quinto capítulo desarrolla la territorialización de las clases populares en América Latina desde una mirada más panorámica y señala que cuanto más masiva es la precariedad y más fallan las instituciones, más multiplican los habitantes sus pertenencias. En efecto, el territorio de los barrios se constituye a partir de la superposición de círculos de pertenencia: iglesias, bandas de jóvenes, redes de tráficos diversos, etc. El tema de cómo el barrio toma sentido en las clases populares es un punto central de la argumentación de Merklen.
         
         En el sexto capítulo describe como la irregularidad es la principal característica de la vida cotidiana por lo que las clases populares luchan por estabilizar su presente y anticipar lo más posible su futuro. Allí contrapone entonces lo que denomina “lógica del cazador” vs. “lógica del agricultor”. La primera marca la contingencia y la falta de soportes que estos sectores tienen en su vida diaria a diferencia de la segunda que da cuenta de la vida planificada y estructurada de los sectores medios. De esta forma, es importante marcar que el trabajo de Merklen constituye una muy interesante aproximación al problema de la politicidad de las clases populares puesto que, como marcamos anteriormente, acomete esta tarea desde una mirada multidimensional que da cuenta de la complejidad del fenómeno y de sus también múltiples aristas. Es igualmente interesante la perspectiva cualitativa en el trabajo de campo a la cual el autor recurre ya que esta le permite “acercarse” a la perspectiva de los sujetos en sus propios contextos de vida lo que le otorga una gran riqueza al trabajo. Rosana Guber (2001) se preguntaba: ¿para qué el trabajo de campo? Su respuesta apuntaba a que es allí donde modelos teóricos, políticos, culturales y sociales se confrontan inmediatamente con los actores. Sólo estando en el lugar es posible realizar el tránsito de la reflexividad del investigador-miembro de otra sociedad, a la reflexividad de los pobladores.
Como cierre y, luego de destacar el aporte de Merklen a la explicación de las consecuencias sociales del neoliberalismo, creemos que queda abierta la posibilidad de profundizar en esta línea la investigación en el período que se abre a partir del 2001 para dar cuenta de las reconfiguraciones económicas, políticas y sociales que se vienen produciendo desde ese momento.


Lic. Mauricio Schuttenberg





Pobres ciudadanos
Denis Merklen
Las clases populares en la era democrática
(Argentina 1983-2003)
Prefacio de Silvia Sigal
Editorial Gorla
(segunda edición)
(Buenos Aires)


Denis Merklen, nació en Montevideo, Uruguay en 1966. A raíz de la dictadura militar que se instaló en ese país entre 1973 y 1985, él y su familia escaparon y  llegaron a la Argentina y se instalaron en Ciudad Evita cuando él tenía 8 años.
Vivió también en UPCN, un modesto barrio de monoblocks construido por el sindicato homónimo, en un departamento de dos habitaciones y 50 metros cuadrados. También vivió en otros barrios de esa ciudad. En total, en Ciudad Evita, entre 1974 hasta 1994.

El autor de Pobres ciudadanos – Las clases populares en la era democrática (Argentina 1983-2003) es sociólogo y máster en investigación en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos  Aires. Durante diez años enseñó en la cátedra de Juan Carlos Portantiero y desde 1996 vive en Francia, donde realizó su doctorado con Robert Castel. Es maitre de conférences en la Universidad de París 7 e investigador en el Institut de Recherche Interdisciplinaire sur les Enjeux Sociaux de l´École des Hautes Études en Sciences Sociales de París (IRIS/EHESS). Ha publicado Asentamientos en La Matanza (1991), Policies to fight urban poverty (2001), Pobres Ciudadanos (1° ed.: 2005), Quartiers populaires, quartiers politiques (2009) y L´experience des situations limites (2009, con G. Bataillon).

Denis Merklen es hijo de dos maestros de escuela uruguayos que al llegar a la Argentina, escapando de la dictadura militar de su país natal, debieron cambiar de oficio. La madre se dedicó a ser ama de casa y el padre a diversos trabajos. El autor del libro también debió dedicarse a diferentes oficios, desde vender diarios, ser cocinero en un hotel lujoso, vendedor de Prode, fabricante de pulóveres, entre varios más. El acceso a la Universidad de Buenos Aires lo hizo conocer, además, del ambiente universitario, las diferentes fronteras sociales a través del viaje diario en colectivo, al atravesar la ciudad.

Hace cinco años, la primera edición de este importante y provocador libro de Denis Merklen conmovió los modos habituales en los que nuestras ciencias sociales venían pensando lo que Silvia Sigal, en su prefacio, llama "las consecuencias de los estragos" derivados de la hecatombe de la Argentina industrial, y, sobre ese telón de fondo, el nuevo repertorio de acciones colectivas y las nuevas formas de politicidad de los miembros de las clases populares del país. Contra la tendencia a separar el problema "sociológico" de la pobreza del problema "politicológico" de la ciudadanía, esta obra buscaba otros caminos para pensar las distintas formas de lucha por el reconocimiento y la integración de millones de individuos excluidos y (como decía Merklen con una categoría de Robert Castel) "desafiliados", y ofrecía un conjunto de claves para comprender los espectaculares hechos que habían sacudido la escena política nacional en los primeros dos o tres años del siglo.

Merklen, considera que por ejemplo en Francia, las instituciones son muy fuertes y los movimientos sociales débiles, si los comparamos con los argentinos, cuando habla de inscripción territorial.
“…La noción de inscripción territorial permite también captar la especificidad y las diferencias entre situaciones habitacionales corrientemente identificadas como “barrios”, “asentamientos”, “villas” y “monoblocks”, por ejemplo, que constituyen en realidad diferentes modos de inscripción social por el territorio…”.
También considera que la producción de ese territorio brinda cuatro puntos de apoyo: “…En primer lugar, es la base de una sociabilidad elemental y el soporte de una solidaridad inter paris que permite resistir en los momentos de crisis o paliar la condición de los más débiles al potenciar las capacidades familiares. En segundo lugar, el barrio se convierte en una base de apoyo para la salida de individuos hacia la ciudad y su proyección hacia la sociedad. Desde el barrio se sale a buscar trabajo, a ganarse la vida o a estudiar, y a él se llega en busca de reposo y de ayuda. En el barrio se encuentra con quién hablar, jugar al fútbol, cantar, bailar o rezar. El territorio se convierte así en una suerte de “capital social” (al modo en que lo piensa Bordieu), en un recurso para la acción individual. En tercer lugar, el barrio es también el sustento de la acción colectiva. En el barrio se articulan los movimientos sociales, revueltas, protestas, se construyen las sociedades de fomento, asociaciones de las más variadas, se encuentran los migrantes provenientes de un mismo lugar, se forman diversos grupos de música, iglesias de todo tipo, grupos y partidos políticos. Estas formas diversas de movilización refuerzan los lazos locales de cooperación y proyectan al grupo hacia el espacio público y el sistema político. Finalmente, a nivel de los barrios intervienen algunas de las instituciones que atañen a las clases populares. En el caso argentino los partidos políticos juegan un papel mayor. El barrio es también la acción que sobre él ejercen otros agentes, desde el exterior. La escuela, la policía, y los servicios urbanos constituyen las principales, junto a todo tipo de políticas sociales que, precisamente en el período que nos interesa, se orientaron hacia lo local…”.

Denis Merklen también narra, en el inicio del libro, cómo fue su experiencia
al acceder a la Universidad de Buenos Aires a fines de 1983 e inaugurar su vida universitaria junto al regreso de la democracia en 1984: “No es difícil imaginar (y menos aún recordar) que vivíamos entonces una verdadera primavera militante. Todo lo que habíamos callado o hablado en casa bajo los susurros del miedo podía decirse ahora en la plaza pública. La universidad se convirtió en el campo donde se libró una verdadera batalla política. Los intelectuales de izquierda que regresaban del exilio o del silencio vivían un combate por dejar atrás la revolución e instalar la democracia como horizonte de todos los posibles. Una buena parte de ellos adhirieron, de cerca o de lejos, a la consigna alfonsinista: “con la democracia se come, se cura y se educa”, que retraducían, más o menos, como “dentro de la democracia, todo; fuera de ella, nada”. Por haber enseñado desde muy temprano en la cátedra de Juan Carlos Portantiero quedé embebido de ese problema para siempre…”.

En un contexto social y político distinto, pero que no nos exige menos que el de hace un lustro los mayores esfuerzos de penetración intelectual, será sin duda un auxilio inestimable contar hoy con esta nueva edición, corregida, actualizada y enriquecida con un nuevo prólogo y un nuevo capítulo, de este libro notable.


De: archivosdelsur-lecturas.blogspot.com