sábado, 20 de abril de 2013

¿Legitimación de una obvia convicción?


Compartible o no, instalado está ya el reconocimiento de que una de las funciones primordiales de los medios masivos, como la televisión, es “la legitimación” de la realidad.

Hoy, en el programa “Puglia invita” de Canal 10, el invitado fue Jorge Bucay, psicoanalista y psicoterapeuta afamado, autor de numerosas obras vinculadas con su quehacer profesional que consiste, como él lo definió, en “ayudar a que el paciente se cure”.

Motiva nuestra referencia el hecho de que, entre los varios asuntos comentados en el programa, Sergio Puglia provocó (y se agradece) que Bucay se detuviera minuciosamente en el tema “Educación” y su vinculación con otro de los temas claves a nivel planetario: la “inseguridad”.

En su planteo, subrayó que, según un ya antiguo informe de UNESCO (pues data del 2005), el 80% de los presos del mundo son analfabetos pero el 90% de quienes logran terminar su ciclo secundario y hasta terciario en esos mismos contextos de encierro, no vuelven a delinquir.
(Cabe acotar que, actualmente, el invitado está trabajando en un proyecto psico-educativo en Méjico y de ahí el énfasis puntual y solvente en el tratamiento del asunto).

¡Por fin una voz extranjera y autorizada por el cuarto poder avala las convicciones y reiteradas manifestaciones que anónimos docentes venimos esparciendo en la sorda, violenta -y hasta a veces irónica- “ciudad de todos los vientos"! 
¿O acaso Jorge Bucay es también un iluso, un ingenuo, un apóstol, como dicen tantos que somos quienes creemos y trabajamos por una Educación transformadora de tal manera que "En mí tiene una dimensión que me vuelve otro?"



viernes, 19 de abril de 2013

“Este texto no fue escrito por mí; yo fui escrito por él” - Carlos Skliar


A esta altura de mi práctica docente en Contextos de Encierro, ya nada debería asombrarme ni maravillarme (aunque si así fuera, ya no podría estar ejerciendo).

Y esta suposición no es, en absoluto, la ostentación de ninguna soberbia, porque aun naciendo y reproduciendo mi vida cien veces, jamás adquiriría cierto grado de omnisciencia.

No obstante, parece factible que la experiencia vaya dotándonos de alguna habilidad de predicción. Es posible, sí, con respecto a algunos fenómenos. Pero cuando se trata de ese sutil entramado del vínculo humano, nada está sujeto a predeterminación. Menos, cuando ese vínculo se teje en el acto pluridimensional de la educación.

Personalmente, leer y escribir fueron mi refugio en momentos agónicos (creo que me lo susurró Dante porque lo había comprobado haciendo su duelo por Beatriz). Por eso, cuando se plantea la oportunidad, es la verdad que transmito. Pero no todos mis interlocutores pueden sintonizar con este mensaje inmediatamente; no obstante, siempre siento esa certeza interior de que en algún momento, y al modo de cada uno/a, la recomendación será vivenciada.

Así ocurrió con un alumno de Cárcel Central, una persona mayor a quien mucho estimo. Llamémosle Álvaro. Hace tres o cuatro años cursó Primero de Secundaria; conmigo, Idioma Español. Sin duda, su situación interior contribuía a complejizar todo lo que vivía y, cuando rindió su examen, me transmitió la decisión de que no cursaría el segundo año de Lengua porque, entre todas las asignaturas, le parecía la más difícil y embarazosa hasta el punto de conflictuarlo. ¡Qué drama me significó su confesión!

En marzo de este año, se acercó a conversar. Desde su punto de vista, su panorama interior no había cambiado. Entonces le recordé aquel consejo. “Sí, sabés que tenías razón. Porque empecé a escribir y me ha aliviado mucho”, me respondió. Yo me envalentoné y le propuse que se atreviera a cursar, que le prepararía un programa ajustado a sus necesidades, un programa que no le generara aquella vieja tensión. Aceptó.

A la clase siguiente, le planteé “la fórmula mágica” que llevaba preparada. Para mi total sorpresa y gratificación me dijo: “No, Ana, voy a cursar tal cual lo hagan mis compañeros. Perdoname si te hice trabajar en vano, pero me voy a animar”.

Al correr de las clases, me demostró que realmente está comprometido con su decisión y hoy, en especial, dejó un muy lindo testimonio de ello, que voy a compartir. ¿Por qué?

Porque cuando alguien sube desde su mero infiernillo (ése que todos llevamos dentro) o desde el Infierno cuasi-real al que rodó hace mucho tiempo por su delito, y es capaz de enfrentar de nuevo un tema tan sagrado como el Amor, bien vale mostrar ese acontecimiento. Como sostiene Carlos Skliar: “Es un acontecimiento, o sea, el estallido de sentido, es decir, las reconfiguraciones y reelaboraciones de la educación, de sujeto, de cómo este se ve y la forma de verse. Los acontecimientos sólo impactan a través de la relación que se establece con nosotros (relación, del otro, lo otro y los otros) en donde se provoca o produce algo del concernimiento personal”.

A los efectos de cohesionar el texto que leerán con la actividad concreta que lo originó, diremos que después de trabajar con la narración “Las Flores” (que también expondremos), solicité una producción que cerrara la historia, dado que presenta un final abierto; ninguna otra condición se planteó.



Las Flores

El escritor brasileño Nelson Rodrigues estaba condenado a la soledad. Tenía cara de sapo y lengua de serpiente, y a su prestigio de feo y fama de venenoso sumaba la notoriedad de su contagiosa mala suerte: la gente de su alrededor moría por bala, miseria o desdicha fatal.
Un día, Nelson conoció a Eleonora. Ese día, el día del descubrimiento, cuando por primera vez vio a esa mujer, una violenta alegría lo atropelló y lo dejó bobo. Entonces quiso decir alguna de sus frases brillantes, pero se le aflojaron las piernas y se le enredó la lengua y no pudo más que tartamudear ruiditos.
La bombardeó con flores. Le enviaba flores a su apartamento, en lo más alto de un alto edificio de Río de Janeiro. Cada día le enviaba un gran ramo de flores, flores siempre diferentes, sin repetir jamás los colores ni los aromas, y abajo esperaba: desde abajo veía el balcón de Eleonora, y desde el balcón ella arrojaba las flores a la calle, cada día, y lo automóviles las aplastaban.
Y así fue durante cincuenta días. Hasta que un día, un mediodía, las flores que Nelson envió no cayeron a la calle y no fueron pisoteadas por los automóviles.
Ese mediodía, él subió hasta el piso último, tocó el timbre y la puerta se abrió.

Eduardo Galeano
El Libro de los Abrazos



Allí apareció en escena la bella Eleonora y Nelson se quedó nuevamente atontado con tanta beldad.
Ella le preguntó: “¿Qué hace usted en mi puerta? Seguro que debe ser el dueño de la florería de la esquina. Si la tiene a la venta ya mismo se la compro; a mi novio le gustan mucho las flores”.
Recuperado Nelson de su primera impresión sobre la dama, interpretó el mensaje como un rechazo, pero su lengua era incontenible y le respondió:
-Hermosa señora, no se trata de un comercio. Yo sólo junto flores para el viento y para usted son todos mis pensamientos.
Con rápida respuesta, Eleonora le advirtió que ya estaba por llegar su novio, y como hacía mucho no se encontraban, quería cumplir con su deseo que era esperarlo de puertas abiertas.
No del todo convencido, Nelson intentó ya en retirada su último piropo:
-Recuerde que el amor es una flor que sólo crece en el borde de los precipicios... Yo sólo he venido a cobrarle las flores que no cayeron a la calle.
“¡Largo de aquí, poeta loco!”, fue todo lo que terminó gritando Eleonora.
Perdiéndose de vista se marchó del lugar Nelson, cargando a cuestas su mala suerte.


Álvaro
Cárcel Central





domingo, 14 de abril de 2013

Acerca del vivir


El vivir no admite bromas.
Has de vivir con toda seriedad,
como una ardilla, por ejemplo;
es decir, sin esperar nada fuera y más allá del vivir;
es decir, toda tu tarea se resume en una palabra:
Vivir.
Has de tomar en serio el vivir.
Es decir, hasta tal punto y de tal manera
que aun teniendo los brazos atados a la espalda,
y la espalda pegada al paredón,
o bien llevando grandes gafas
y luciendo bata blanca en un laboratorio,
has de saber morir por los hombres.
Y además por hombres que quizás nunca viste,
y además sin que nadie te obligue a hacerlo,
y además sabiendo que la cosa más real y bella es
Vivir.
Es decir:
has de tomar tan en serio el vivir
que a los setenta años, por ejemplo,
si fuera necesario plantarías olivos
sin pensar que algún día serían para tus hijos;
debes hacerlo, amigo, debes hacerlo,
no porque, aunque la temas, no creas en la muerte,
sino porque vivir es tu tarea.

Sucede, por ejemplo,
que estamos muy enfermos;
que hemos de soportar una difícil operación;
que cabe la posibilidad
de que no volvamos a levantarnos de la blanca mesa.
Aunque sea imposible no sentir
la tristeza de partir antes de tiempo,
seguiremos riendo con el último chiste,
mirando por la ventana para ver
si el tiempo sigue lluvioso,
esperando con impaciencia
las últimas noticias de prensa.
Sucede, por ejemplo, que estamos en el frente,
por algo, por ejemplo, que vale la pena que se luche.
Nada más comenzar el ataque, al primer movimiento,
puede caerse cara a tierra, y morir.
Todo esto hemos de aceptarlo con singular valor,
y a pesar de todo, preocuparnos apasionadamente
por esa guerra que puede durar años y años.
Sucede
que estamos en la cárcel.
Sucede
que nos acercamos
a los cincuenta años,
y que falten dieciocho más
para ver abrirse las puertas de hierro.
Sin embargo, hemos de seguir viviendo con los de fuera,
con los hombres, los animales, los conflictos y los vientos,
es decir, con todo el mundo exterior que se halla
tras el muro de nuestros sufrimientos;
es decir: estemos donde estemos
hemos de vivir
como si nunca hubiésemos de morir.

Se enfriará este mundo,
una estrella entre las estrellas;
por otra parte una de las más pequeñas del universo,
es decir, una gota brillante en el terciopelo azul,
es decir, este inmenso mundo nuestro.
Se enfriará este mundo un día,
algún día se deslizará
en la ciega tiniebla del infinito
-no como una bola de nieve,
no como una nube muerta-,
como una nuez vacía.
Desde ahora mismo se ha de sufrir por todo esto,
ha de sentirse su tristeza desde ahora,
tanto ha de amarse el mundo en todo instante,
se le ha de amar tan conscientemente que se pueda decir: "He vivido".

Nazim Hikmet




sábado, 13 de abril de 2013

Canción De Cuna Para Dormir A Un Preso


La gaviota sobre el pinar.
(La mar resuena.)
Se acerca el sueño. Dormirás,
soñarás, aunque no lo quieras.
La gaviota sobre el pinar
goteado todo de estrellas.

Duerme. Ya tienes en tus manos
el azul de la noche inmensa.
No hay más que sombra. Arriba, luna.
Peter Pan por las alamedas.
Sobre ciervos de lomo verde
la niña ciega.
Ya tú eres hombre, ya te duermes,
mi amigo, ea…

Duerme, mi amigo. Vuela un cuervo
sobre la luna, y la degüella.
La mar está cerca de ti,
muerde tus piernas.
No es verdad que tú seas hombre;
eres un niño que no sueña.
No es verdad que tú hayas sufrido:
son cuentos tristes que te cuentan.
Duerme. La sombra toda es tuya,
mi amigo, ea…

Eres un niño que está serio.
Perdió la risa y no la encuentra.
Será que habrá caído al mar,
la habrá comido una ballena.
Duerme, mi amigo, que te acunen
campanillas y panderetas,
flautas de caña de son vago
amanecidas en la niebla.

No es verdad que te pese el alma.
El alma es aire y humo y seda.
La noche es vasta. Tiene espacios
para volar por donde quieras,
para llegar al alba y ver
las aguas frías que despiertan,
las rocas grises, como el casco
que tú llevabas a la guerra.
La noche es amplia, duerme, amigo,
mi amigo, ea…

La noche es bella, está desnuda,
no tiene límites ni rejas.
No es verdad que tú hayas sufrido,
son cuentos tristes que te cuentan.
Tú eres un niño que está triste,
eres un niño que no sueña.
Y la gaviota está esperando
para venir cuando te duermas.
Duerme, ya tienes en tus manos
el azul de la noche inmensa.
Duerme, mi amigo…
Ya se duerme
mi amigo, ea…


José Hierro

De “Tierra sin nosotr0s” 1947




viernes, 12 de abril de 2013

Puertas



Hoy viajé a un escenario
que mi sensibilidad reconoce
pero mi razón olvidó.

Las Puertas Dardanias se abrieron
y en el ritmo de arrastre del tiempo
un mundo olvidado
de nuevo por mi sien rodó.

¿Cuál de estas mujeres fui?
Detrás de esos rostros,
¿en cuál padecí?
¿Acaso fui Lurdes,
rebelde de angustia,
o la pequeña Marga,
dulce como la hiel?
A la vuelta de los tiempos
¿cuál seré?

¿Robé? ¿Maté?
¿Me denigré?
¿Me liberé?
¿Qué aprendí?

Sólo el frío de una vida
clavado en mis huesos va,
todo el frío de una vida
que obstinada golpea
en la memoria de una puerta
que no puedo abrir.

Y como una paloma
sin rumbo y sin aire,
sólo esta voz,
tembleque, ruinosa,
en un papel de púas
ha podido escapar.

abril del 2001  -  Cabildo



Sangrías

“...achacaron a mi padre
ciertas sangrías mal hechas en los costales
 de lo que allí a moler venían...”
                             
                              Lazarillo de Tormes
Tratado 1


¿Es de la especie esta memoria
que como áspero guante
va rozándome la piel,
cuchillito de obsidiana
que en fetas va seccionando
músculos, células, médula también,
mientras la sangre me llora
de la tribu
algún siniestro padecer,
y alza mi rostro una máscara
de yeso, de cal y de hiel?

¿O será que es sólo mía esta alma,
ésta, la que no ha podido olvidar
los túneles que cavan los gritos,
las galerías que labran los sueños,
escenario que siempre edifica
quien  sólo malhechas sangrías
tuvo ocasión de aprender?

De todos o mía
–qué importa-
a devolver volvió
y calzada en mis pasos morosos,
al laberinto, otra vez, entró...


mayo de 2006
Cabildo
Giovanni Batista Piranesi (1720-1778)
Arquitecto, grabador e investigador italiano
Esta reproducción pertenece
a su más famosa colección de grabados

titulada PRISIONES, basados en
su visión de las ruinas de Roma.


domingo, 7 de abril de 2013

Hierro forjado


Iba quedando en penumbras el amplio y austero salón pero todavía se resistían a fugar, entre las tenues sombras, los perdones del Padrenuestro de San Mateo, que nuestras voces elevaban desde el suelo florecido de las páginas del libro en la clase de Literatura. 
Tantas y tan precisas eran las intervenciones de mis alumnas, que se apasionaban los lápices urgiéndome a registrar, a apresar en toscas letras la luz de su razón. Pero mis dedos sintieron vergüenza : el frío no autorizaba semejante secuestro; no estaban bien curtidos, no podían ser dedos-garfios para prenderse al alambrecito de papel. Sentir me atrapa, me acorrala, y el tiempo, que conoce mi débil talón, arrastraba sin piedad su rastrillo.
En las cornisas de las altas banderolas zureaban las palomas; no habían huido; quizás estaban escuchando el borboteo del riguroso análisis que la vida había enseñado a estas mujeres, estas maripositas trabadas por sus alas en las vitrinas frías que la sociedad necesita exhibir.
De verdad, el aire hervía, como ahora mi cerebro, acompañado de voces, que son una y todas, intentando retorcer el hierro de los garfios con cierta gracia: nuestro episodio merece otra vitrina.


agosto de 2007
Establecimiento Penitenciario Cabildo





sábado, 6 de abril de 2013

¿Pedagogía del grano de arroz?


Pertinente para la exposición central de esta entrada es la siguiente información, registrada en diversos manuales científicos:
“El grano de arroz está compuesto por un universo de elementos biológicos, que hacen de él una interesante fuente de estudio e investigación. El arroz es la base de alimentación de muchas culturas, por lo que es considerado uno de los alimentos más importantes para la población mundial. El arroz suministra al cuerpo energía por período de tiempos mayores que otros alimentos. No contiene colesterol ni gluten y no provoca alergia. Contiene los ocho aminoácidos esenciales para el cuerpo humano”.




Ayer, viernes 6 de abril, estuve una vez más en Cárcel Central con mis alumnos de Literatura. Por ahora, sólo un 5º Humanístico.
Estamos trabajando en La Ilíada, apenas comenzando el análisis de la invocación con que se abre la obra, para ir generando una atmósfera de aproximación a la época plasmada por Homero.

El diálogo se fue intensificando; el grupo es muy dinámico habitualmente (nos conocemos desde el 2011). En eso estábamos cuando se acercó silenciosamente un exalumno, se sentó en un rinconcito y se compenetró, como si fuera la primera vez que asistía al curso.

De pronto, ante un ítem concreto (los dioses olímpicos no están limitados por la muerte y de ahí su transcurrir en el plano de la comedia, en oposición al plano trágico de los mortales) nuestro inesperado pero muy bienvenido huésped pidió permiso para intervenir, y contestó y desarrolló ese y el resto de los conceptos que aún no se habían abordado, subrayando cuanto yo había enfatizado en el 2009, año en que él había cursado su 5º Humanístico en otro recinto de Cárcel Central.
No satisfecho con ello, aportó observaciones sumamente apropiadas sobre el tema “muerte”, acerca del cual ha trabajado recientemente como estudiante de 3er. año de la Facultad de Psicología, carrera que cursa en la actualidad en el marco de un régimen específico para los internos.

Es claro que este episodio fue altamente significativo para mí. Nunca antes había podido experimentar la emoción -así, como deletreada- de sabe“a dónde van las palabras que no se quedaron”, esa pregunta que, al igual que Silvio Rodríguez, nos formulamos la mayoría de los/las docentes en nuestra práctica diaria y muy especialmente en estos contextos.
Ejercitar la pedagogía del granito de arroz es una acción desgastante, porque no pertenecemos a la ralea olímpica, y mitigar la angustia de la incertidumbre con la noticia de un ser al fin bien alimentado, como en este caso, es una gratificación incomparable.

Doble y hasta múltiple esta emoción, porque fue una prueba cabal y extraordinaria (las estadísticas no contemplan estos resultados de la vibración existencial) de que este Programa sí genera una reorganización de los esquemas intrapersonales, paradójicamente caotizados previamente por el Sistema; reorganización que no es producto de ninguna intervención individual, de ningún docente en particular, de ninguna asignatura específica, sino de un colectivo que básicamente profesa una misma convicción pedagógica. Tal vez es la misma que Rabindranath Tagore propone en su cuento "El rey de Oro", donde el granito de arroz se convierte en áurea semilla.


La espiral es uno de los símbolos más antiguos
de la cultura humana. Representa el ciclo
nacimiento-muerte-renacimiento.



Testimonios... (14)


Un derecho, no un privilegio

El programa “Educación en contextos de encierro” se enmarca dentro 
de los llamados “Programas Educativos Especiales” de Educación Secundaria. 
Sandra Gardella,  integrante del equipo de coordinación nacional, explica 
que la propuesta involucra a más de 200 docentes en todo el país, a 20 
establecimientos carcelarios y alcanza a toda la región litoral, todo el sur 
(exceptuando a Rocha) y todo el centro del país, donde se están 
sumando Fray Bentos, Florida y Durazno.

En 2007 no se llegaba a 300 alumnos; actualmente existen más de mil.
La propuesta educativa tiene como eje medular que la persona 
privada de su libertad se reencuentre con el conocimiento y el gusto por 
el saber. 
Lo que se busca del rol docente es que sea facilitador y guía para el 
reencuentro del alumno con el conocimiento.

Para sostener la participación de los reclusos en los cursos hay que 
vencer muchas resistencias. 
Los vaivenes del sistema carcelario hacen muy delicada la constancia 
y como respuesta a esta realidad los docentes han tomado la opción
de llevar la duración de cada año escolar de ciclo básico a un semestre.

El contenido del programa dentro de la cárcel es igual al de cualquier liceo 
público.
Para implementarlo, se indaga acerca de la trayectoria personal de los
alumnos, ya que la presencia en términos etarios es variada. 
Las aulas son conformadas en multigrados; estudiantes de ciclo básico 
por un lado, y bachillerato por otro.
La forma de aprobación es rindiendo examen ante un tribunal de mesa 
constituido por docentes ajenos a la propuesta, de manera de legitimar 
la instancia ante el resto de la sociedad.
“Los alumnos reclaman que la exigencia sea la misma que para 
cualquier alumno de secundaria; no aceptan tratos diferenciales”, 
afirma Sandra.

El modo a través del cual se pone en juego la relación entre enseñanza 
y aprendizaje habla de la concepción pedagógica.
Según Sandra, “darle al otro un lugar activo en la construcción del 
acto educativo es clave”.

La perspectiva desde la cual se aborda el aprendizaje intenta 
atender las preocupaciones emergentes de los estudiantes y conjugarlas 
en el proceso de formación que marca la currícula. 
De esta manera se analizan las distintas apropiaciones generadas y 
se respetan los procesos individuales de desarrollo dentro del aprendizaje. 
Si en un mismo grupo el docente valora que un alumno se apropió 
de las destrezas básicas puestas en juego, se le da el pasaje al siguiente 
módulo de formación.

El contexto socio-económico vulnerable del cual provienen muchas de las 
personas privadas de libertad limitó sus posibilidades de acceder a la 
educación secundaria. El hecho de que esa posibilidad hoy sea una 
realidad tiene para los reclusos un valor más allá de la redención de pena.* 
Sandra cuenta que saber que la certificación otorgada dentro del 
recinto carcelario tiene el mismo valor que afuera, genera para los 
alumnos un sentido de integración, de reinserción social.

Para las Naciones Unidas, “la educación en las prisiones es 
un derecho que se encuentra enmarcado en la perspectiva de la 
educación para todos  y a lo largo de toda la vida. 
Esto supone que no debe ser considerada una educación especial 
sino la continuidad de la educación formal y no formal de una persona 
confinada de forma transitoria en un lugar específico.
Consecuente con lo anterior, la pérdida transitoria del derecho a la 
libertad ambulatoria no debería entonces, permitir la pérdida de los 
demás derechos,  entre los que se encuentra el de la educación.”**


enDiálogo Extensión Universitaria
enDiálogo / número 11 / año 4 / Julio 2012
Revista de Extensión Universitaria

Ángel Sequeira, Siboney Moreira,
Inés Garaza, Federico Pritsch,
Nicolás Robledo
Diseño Fabricio Leyton
Foto: Programa de Comunicación Universidad de la República

Servicio Central de Extensión y Actividades en el Medio
Programa de comunicación
Brandzen 1956 apto. 203, esq. Arenal Grande - 
Tel: 2409 0286 / 2403 3782
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Testimonios... (13)